Enrique Vargas Peña
Entre las notas más interesantes que tomé en la conferencia sobre el gobierno de las regiones en el contexto de la globalización a la que tuve el privilegio de asistir en Bruselas están las de la exposición que realizó en canadiense Thomas Townsend de la Iniciativa de Investigaciones Políticas del gobierno de Canadá.
Describiendo la situación de su país, señaló que las competencias clave de gestión pública en su país están reservadas a las provincias y dicho esto, abordó el impacto de la presencia de Estados Unidos en la frontera sur canadiense.
Una situación que tiene algunas semejanzas con la que existe en la frontera entre Paraguay y Brasil y, por tanto, con algunas lecciones para reflexionar.
El mercado norteamericano, explicaba Townsend, representa el setenta y cinco por ciento del Producto Interno Bruto canadiense, una proporción tal vez mucho más significativa que la que tiene el mercado brasileño en el PIB paraguayo.
El medio en el que se integran ambos países, Estados Unidos y Canadá, en esa proporción tan enorme, es la región, entendiendo esto como la zona a ambos lados de la frontera que comparte, explicaba Townsend, cultura y valores.
Otra vez la semejanza con el proceso que se da en Ciudad del Este-Foz de Iguazú o Pedro Juan Caballero-Ponta Porá.
En el caso canadiense, el Oeste es la zona más integrada con Estados Unidos, hasta el punto en que, de hecho, Columbia Británica y el Estado de Washington funcionan como una sola entidad y las políticas se deciden más entre el primer ministro de esa provincia canadiense con el gobernador de ese estado norteamericano que entre los gobiernos centrales de ambos países.
Para los canadienses está claro, asume Townsend, que el crecimiento regional está asociado con la prosperidad de la población.
El alto nivel de cooperación alcanzado por ese esquema conjunto de toma de decisiones se pudo ver, dijo el expositor, con el impacto de la crisis mundial en la zona de la industria automotriz norteamericana de Detroit.
Se están desarrollando, para administrar todas estas novedades, nuevas instituciones supranacionales tales como conferencias regionales donde toman asiento, además de representantes políticos, emisarios del mundo económico, lo que muestra los riesgos de desvirtuar el control popular en procesos para los que no se legisla adecuadamente.
La provincia de Quebec, decía Townsend, es la excepción, no porque no tenga integración regional con sus vecinos, sino porque hizo una opción estratégica de colaboración con Europa, lo que demuestra, para el caso paraguayo, que no es verdad que una profunda integración económica implique algún destino inexorable.
La exposición de Townsend desmiente mitos tales como que la integración de la economía regional implique algún tipo de amenaza para la identidad nacional, siempre que se manejen adecuadamente los términos de las relaciones y muestra que la integración regional es un motor que los países no pueden desaprovechar para impulsar su desarrollo.
También sugiere que estos modelos tienen mejores resultados cuando se les deja florecer espontáneamente, como el polo Ciudad del Este-Foz de Iguazú, pero que un acompañamiento institucional no distorsivo es un aliciente que favorece aún más el crecimiento.
Otros artículos de la seria sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "El tren a Brujas" y "Lo más racional".
enviado al diario La Nación de Asunción el lunes 15 de mayo de 2009
miércoles 20 de mayo de 2009
miércoles 13 de mayo de 2009
Lo más racional
Enrique Vargas Peña
La conferencia sobre gobiernos regionales y globalización comenzó ayer en Bruselas, en un edificio vidriado que lleva el nombre de Carlomagno, aquel rey de los francos que en la Navidad del año 800 restauró el Imperio Romano de Occidente, que desde entonces fue conocido con el nombre de Sacro Imperio Romano primero y de Sacro Imperio Romano Germánico después.
Carlomagno es una especie de héroe de la Europa actual porque restableció la unidad en un territorio no muy distinto al que ahora tienen los fundadores de la Unión Europea.
La conferencia fue inaugurada por la comisaria europea para las regiones, la polaca Danuta Hubner, a la que sucedieron en el uso de la palabra, Fang Hengshan de la comisión nacional de Reforma de China; Luiz Antonio Souza, viceministro brasileño de Integración; Andrés Rodríguez-Pose, de la London School of Economics; Marcos Bonturi, encargado de Competitividad y Gobernabilidad regionales de la Organización Económica para la Cooperación y Desarrollo (OCDE); Jan Szymanski, administrador de la Autoridad Regional de Pomarosky, Polonia; el canadiense Thomas Townsend; Morena Diazzi, administradora de la región italiana de Emilia Romagna; Stefano Manservi, director general para el Desarrollo de la Comisión Europea; Chritophe Rouilon, del Comité de las Regiones de la Unión; Elsa Casas Cabello, comisionada de Relaciones Exteriores de la comunidad autónoma española de Islas Canarias; Mamadu Dior Diaw, director de Cooperación Descentralizada de Senegal; Paul Carrasco Cardio, presidente ecuatoriano de OLAGI; Elizabeth Gateau, secretaria general de Ciudades y Gobiernos locales unidos de España e Ibrahim Tampone, comisionado para Planificación Especial, Transporte y Turismo de la Unión Económica y Monetaria Africana Occidental, de Burkina Faso.
Muchos de los expositores remarcaron hechos que los centralistas paraguayos se niegan tozudamente a reconocer, aunque son eso, hechos.
El más resaltante, a mi parecer, es el de que las innovaciones resultantes de la globalización han cambiado dramáticamente las condiciones del progreso y que quienes no se han adaptado han generado un enorme desperdicio de potencial productivo, esto es de riqueza.
Las diferencias en el desarrollo de las regiones es el resultado de la comprensión que unas sociedades han tenido del problema y de la falta de comprensión de otras.
Explicaba la comisaria Hubner que la descentralización es la estrategia que permite restablecer el balance, ir hacia una distribución más balanceada de la riqueza, por la sencilla y conocida razón de que las autoridades locales conocen mejor que cualquiera las necesidades y las potencialidades de sus regiones.
La globalización, agregó la comisaria, plantea demandas competitivas regionales, pues las regiones que han racionalizado mejor los gastos tienen mejor educación, mejor salud y mejor infraestructura.
Esto sucede, explicaba citando los reportes europeos, porque se ha constatado que la región permite una interacción más directa entre las instituciones y las demandas económicas (innovación y productividad).
Otros artículos de la seria sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "El tren a Brujas" y "El caso canadiense-norteamericano".
enviado al diario La Nación de Asunción el lunes 11 de mayo de 2009
La conferencia sobre gobiernos regionales y globalización comenzó ayer en Bruselas, en un edificio vidriado que lleva el nombre de Carlomagno, aquel rey de los francos que en la Navidad del año 800 restauró el Imperio Romano de Occidente, que desde entonces fue conocido con el nombre de Sacro Imperio Romano primero y de Sacro Imperio Romano Germánico después.
Carlomagno es una especie de héroe de la Europa actual porque restableció la unidad en un territorio no muy distinto al que ahora tienen los fundadores de la Unión Europea.
La conferencia fue inaugurada por la comisaria europea para las regiones, la polaca Danuta Hubner, a la que sucedieron en el uso de la palabra, Fang Hengshan de la comisión nacional de Reforma de China; Luiz Antonio Souza, viceministro brasileño de Integración; Andrés Rodríguez-Pose, de la London School of Economics; Marcos Bonturi, encargado de Competitividad y Gobernabilidad regionales de la Organización Económica para la Cooperación y Desarrollo (OCDE); Jan Szymanski, administrador de la Autoridad Regional de Pomarosky, Polonia; el canadiense Thomas Townsend; Morena Diazzi, administradora de la región italiana de Emilia Romagna; Stefano Manservi, director general para el Desarrollo de la Comisión Europea; Chritophe Rouilon, del Comité de las Regiones de la Unión; Elsa Casas Cabello, comisionada de Relaciones Exteriores de la comunidad autónoma española de Islas Canarias; Mamadu Dior Diaw, director de Cooperación Descentralizada de Senegal; Paul Carrasco Cardio, presidente ecuatoriano de OLAGI; Elizabeth Gateau, secretaria general de Ciudades y Gobiernos locales unidos de España e Ibrahim Tampone, comisionado para Planificación Especial, Transporte y Turismo de la Unión Económica y Monetaria Africana Occidental, de Burkina Faso.
Muchos de los expositores remarcaron hechos que los centralistas paraguayos se niegan tozudamente a reconocer, aunque son eso, hechos.
El más resaltante, a mi parecer, es el de que las innovaciones resultantes de la globalización han cambiado dramáticamente las condiciones del progreso y que quienes no se han adaptado han generado un enorme desperdicio de potencial productivo, esto es de riqueza.
Las diferencias en el desarrollo de las regiones es el resultado de la comprensión que unas sociedades han tenido del problema y de la falta de comprensión de otras.
Explicaba la comisaria Hubner que la descentralización es la estrategia que permite restablecer el balance, ir hacia una distribución más balanceada de la riqueza, por la sencilla y conocida razón de que las autoridades locales conocen mejor que cualquiera las necesidades y las potencialidades de sus regiones.
La globalización, agregó la comisaria, plantea demandas competitivas regionales, pues las regiones que han racionalizado mejor los gastos tienen mejor educación, mejor salud y mejor infraestructura.
Esto sucede, explicaba citando los reportes europeos, porque se ha constatado que la región permite una interacción más directa entre las instituciones y las demandas económicas (innovación y productividad).
Otros artículos de la seria sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "El tren a Brujas" y "El caso canadiense-norteamericano".
enviado al diario La Nación de Asunción el lunes 11 de mayo de 2009
El tren a Brujas
Enrique Vargas Peña
A la espera de la conferencia sobre gobierno regional en la globalización…, tuve la oportunidad de realizar un breve viaje en tren a la antigua ciudad de Brujas, una de las más celebradas de Bélgica y con razón.
La ocasión me sirve para comentar algunas observaciones. Bélgica es uno de los países más desarrollados del mundo. Es la quinceava mayor economía del planeta, lo que es un milagro considerando el escaso territorio y la relativamente pequeña población. Es una economía muy integrada a la globalización –aunque una compañía hace publicidad callejera para consumir solamente vegetales producidos en el país-.
La prosperidad se ve al subir al tren, aunque desde las ventanas, y a gran velocidad, se puede observar una gran barriada de Bruselas venida a menos, que luego me dijeron que es la zona ocupada principalmente por la migración árabe. La infraestructura ferrocarrilera es impresionante y hasta donde pude notar, alimentada a electricidad, para vergüenza de cualquier paraguayo que ve a su país condenado a comprar diesel de Venezuela teniendo Itaipú y Yacyretá.
No hay bosques en el trayecto, ni tierra inculta. Está toda cultivada, lo que es notable también desde el avión cuando se sobrevuela el territorio. Sin embargo, Bélgica exporta valor agregado y vive en la riqueza. No pude ver, en los poblados que se ven desde el tren en el trayecto de unos cien kilómetros, ninguna calle o ruta de tierra: El agricultor no depende del tiempo para poner sus productos en el mercado.
Pero la economía belga es básicamente de servicios. Era muy industrializada, pero ahora se ha orientado a los servicios. Los belgas hicieron lo que Paraguay dejó pasar, se convirtieron en el centro neurálgico de la Unión Europea, mientras nosotros delegamos esa ventaja en los uruguayos. Bien por ellos.
La parte del territorio belga que me tocó recorrer es una planicie con ondulaciones bajas y en eso se parece bastante a nuestra región Oriental, pero no el paisaje urbano, donde se ven casas sólidas, bien construidas, bien equipadas, en las que vive la población que podríamos denominar rural.
Es todo este bienestar una especie de dádiva divina que a nosotros nos es negada o fruto del esfuerzo de una raza superior a la nuestra? No. Es el resultado del funcionamiento ininterrumpido de instituciones libres que permitieron a los belgas ir corrigiendo problemas, que los tienen aún y muy graves. Solo hay que recordar que Bélgica es el campo de batalla por excelencia de Europa, desde los días de Felipe II hasta los de la Segunda Guerra Mundial.
Todo lo que ellos tienen y nosotros envidiamos no surge de otra parte que de las instituciones libres, estables. Es eso lo que nos diferencia y es esa la responsabilidad de nuestros políticos que están prestos para producir una nueva interrupción institucional.
Pensando así llegue a Brujas y me perdí en sus canales medievales, llenos de magia y de árboles, en sus barcitos al aire libre llenos de vino y de cerveza, para evadir por un momento siquiera los sombríos presagios que veo en Paraguay.
Otros artículos de la serie sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "Lo más racional" y "El caso canadiense-norteamericano".
enviado al diario La Nación de Asunción, el domingo 10 de mayo de 2209
A la espera de la conferencia sobre gobierno regional en la globalización…, tuve la oportunidad de realizar un breve viaje en tren a la antigua ciudad de Brujas, una de las más celebradas de Bélgica y con razón.
La ocasión me sirve para comentar algunas observaciones. Bélgica es uno de los países más desarrollados del mundo. Es la quinceava mayor economía del planeta, lo que es un milagro considerando el escaso territorio y la relativamente pequeña población. Es una economía muy integrada a la globalización –aunque una compañía hace publicidad callejera para consumir solamente vegetales producidos en el país-.
La prosperidad se ve al subir al tren, aunque desde las ventanas, y a gran velocidad, se puede observar una gran barriada de Bruselas venida a menos, que luego me dijeron que es la zona ocupada principalmente por la migración árabe. La infraestructura ferrocarrilera es impresionante y hasta donde pude notar, alimentada a electricidad, para vergüenza de cualquier paraguayo que ve a su país condenado a comprar diesel de Venezuela teniendo Itaipú y Yacyretá.
No hay bosques en el trayecto, ni tierra inculta. Está toda cultivada, lo que es notable también desde el avión cuando se sobrevuela el territorio. Sin embargo, Bélgica exporta valor agregado y vive en la riqueza. No pude ver, en los poblados que se ven desde el tren en el trayecto de unos cien kilómetros, ninguna calle o ruta de tierra: El agricultor no depende del tiempo para poner sus productos en el mercado.
Pero la economía belga es básicamente de servicios. Era muy industrializada, pero ahora se ha orientado a los servicios. Los belgas hicieron lo que Paraguay dejó pasar, se convirtieron en el centro neurálgico de la Unión Europea, mientras nosotros delegamos esa ventaja en los uruguayos. Bien por ellos.
La parte del territorio belga que me tocó recorrer es una planicie con ondulaciones bajas y en eso se parece bastante a nuestra región Oriental, pero no el paisaje urbano, donde se ven casas sólidas, bien construidas, bien equipadas, en las que vive la población que podríamos denominar rural.
Es todo este bienestar una especie de dádiva divina que a nosotros nos es negada o fruto del esfuerzo de una raza superior a la nuestra? No. Es el resultado del funcionamiento ininterrumpido de instituciones libres que permitieron a los belgas ir corrigiendo problemas, que los tienen aún y muy graves. Solo hay que recordar que Bélgica es el campo de batalla por excelencia de Europa, desde los días de Felipe II hasta los de la Segunda Guerra Mundial.
Todo lo que ellos tienen y nosotros envidiamos no surge de otra parte que de las instituciones libres, estables. Es eso lo que nos diferencia y es esa la responsabilidad de nuestros políticos que están prestos para producir una nueva interrupción institucional.
Pensando así llegue a Brujas y me perdí en sus canales medievales, llenos de magia y de árboles, en sus barcitos al aire libre llenos de vino y de cerveza, para evadir por un momento siquiera los sombríos presagios que veo en Paraguay.
Otros artículos de la serie sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "Lo más racional" y "El caso canadiense-norteamericano".
enviado al diario La Nación de Asunción, el domingo 10 de mayo de 2209
sábado 9 de mayo de 2009
Bruselas, capital de Europa
Enrique Vargas Peña
Bruselas no parece una ciudad de burócratas. Es. La capital administrativa de Europa, y del reino de Bélgica, es limpia, ordenada, pulcra. No tiene la monumentalidad paisajística de París o de Roma, sino que más bien es del estilo de Londres, con barrios muy identificados. La ciudad antigua es una superviviente deliciosa de fines del Medioevo, que recuerda a más famosas ciudades de Italia.
Allí bullen, entre restaurantes encantadores y tiendas de chocolates, las multitudes de turistas y estudiantes pero, en general, llegando desde el aeropuerto, no se observa mucha gente en las calles ni es intenso el tránsito, especialmente en el distrito europeo, que es como denominan a la zona donde se encuentran las sedes de la Unión Europea.
Y es que así deberían ser las burocracias en todas partes: gente en los escritorios, de ahí viene la palabra, precisamente. En los escritorios, no deambulando a placer como miles de nuestros burócratas, aunque los conservadores ingleses, por ejemplo, no creen que los eurócratas sean muy distintos a sus pares paraguayos.
En la capital belga conviven varias burocracias distintas. La de la Unión Europea – la ciudad es sede de la Comisión Europea (Poder Ejecutivo), del Consejo de la Unión (una especie de Senado) y de tres cuartas partes de las sesiones del Parlamento Europeo -, la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tiene aquí su asiento; la de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y la de Bélgica propiamente, con todos sus complejos niveles pues el país está en un conflictivo proceso de federalización.
Bruselas es, en efecto, capital de Bélgica, capital de la región de Flandes y capital de la comunidad francófona, pues la ciudad es la frontera entre los mundos latino y germánico, católico y protestante y eso genera enormes tensiones en el país.
Eso es lo que hace a esta ciudad un sitio particularmente apropiado para que la Unión Europea haya organizado una conferencia “Regional Governance in a Global Context” – gobierno regional en un contexto global - en la que expondrán sus experiencias representantes de gobiernos regionales (lo que en nuestro país serían los departamentos) de la Unión Europea, Rusia, China, África y Brasil.
La organización de la conferencia está a cargo del Directorio General para Políticas Regionales de la Unión; el Directorio General para el Desarrollo; el Comité de Regiones y el Foro de Asociaciones Globales de Regiones (FOGAR).
El tema es discutir cómo se insertan los gobiernos regionales en el proceso de globalización, en las relaciones internacionales, y cómo los sistemas de gobierno locales pueden contribuir a aprovechar esto para el desarrollo.
La Unión Europea muestra, a este respecto, cómo un proceso de creciente autonomía internacional de las regiones le ha servido decisivamente para sacar de la postergación a muchas zonas de su territorio que tienen menor desarrollo que las demás.
Son muchas las lecciones que están disponibles en el mundo justamente cuando los paraguayos estamos discutiendo una ley de descentralización que está siendo criticada por intereses centralistas que no logran superar sus particularismos, aunque ellos sean una de las causas del atraso nacional.
El criterio europeo, y veremos en la conferencia el de los demás expositores, es que todo lo que pueden hacer las regiones, lo hacen mejor las regiones y debe depositarse en las regiones.
En líneas generales, es también el criterio norteamericano y, a mi modo de ver, los resultados están a la vista.
Otros artículos de la serie sobre Bélgica son "El tren a Brujas", "Lo más racional" y "El caso canadiense-norteamericano".
Enviado al diario La Nación de Asunción el 09 de mayo de 2009
Bruselas no parece una ciudad de burócratas. Es. La capital administrativa de Europa, y del reino de Bélgica, es limpia, ordenada, pulcra. No tiene la monumentalidad paisajística de París o de Roma, sino que más bien es del estilo de Londres, con barrios muy identificados. La ciudad antigua es una superviviente deliciosa de fines del Medioevo, que recuerda a más famosas ciudades de Italia.
Allí bullen, entre restaurantes encantadores y tiendas de chocolates, las multitudes de turistas y estudiantes pero, en general, llegando desde el aeropuerto, no se observa mucha gente en las calles ni es intenso el tránsito, especialmente en el distrito europeo, que es como denominan a la zona donde se encuentran las sedes de la Unión Europea.
Y es que así deberían ser las burocracias en todas partes: gente en los escritorios, de ahí viene la palabra, precisamente. En los escritorios, no deambulando a placer como miles de nuestros burócratas, aunque los conservadores ingleses, por ejemplo, no creen que los eurócratas sean muy distintos a sus pares paraguayos.
En la capital belga conviven varias burocracias distintas. La de la Unión Europea – la ciudad es sede de la Comisión Europea (Poder Ejecutivo), del Consejo de la Unión (una especie de Senado) y de tres cuartas partes de las sesiones del Parlamento Europeo -, la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tiene aquí su asiento; la de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y la de Bélgica propiamente, con todos sus complejos niveles pues el país está en un conflictivo proceso de federalización.
Bruselas es, en efecto, capital de Bélgica, capital de la región de Flandes y capital de la comunidad francófona, pues la ciudad es la frontera entre los mundos latino y germánico, católico y protestante y eso genera enormes tensiones en el país.
Eso es lo que hace a esta ciudad un sitio particularmente apropiado para que la Unión Europea haya organizado una conferencia “Regional Governance in a Global Context” – gobierno regional en un contexto global - en la que expondrán sus experiencias representantes de gobiernos regionales (lo que en nuestro país serían los departamentos) de la Unión Europea, Rusia, China, África y Brasil.
La organización de la conferencia está a cargo del Directorio General para Políticas Regionales de la Unión; el Directorio General para el Desarrollo; el Comité de Regiones y el Foro de Asociaciones Globales de Regiones (FOGAR).
El tema es discutir cómo se insertan los gobiernos regionales en el proceso de globalización, en las relaciones internacionales, y cómo los sistemas de gobierno locales pueden contribuir a aprovechar esto para el desarrollo.
La Unión Europea muestra, a este respecto, cómo un proceso de creciente autonomía internacional de las regiones le ha servido decisivamente para sacar de la postergación a muchas zonas de su territorio que tienen menor desarrollo que las demás.
Son muchas las lecciones que están disponibles en el mundo justamente cuando los paraguayos estamos discutiendo una ley de descentralización que está siendo criticada por intereses centralistas que no logran superar sus particularismos, aunque ellos sean una de las causas del atraso nacional.
El criterio europeo, y veremos en la conferencia el de los demás expositores, es que todo lo que pueden hacer las regiones, lo hacen mejor las regiones y debe depositarse en las regiones.
En líneas generales, es también el criterio norteamericano y, a mi modo de ver, los resultados están a la vista.
Otros artículos de la serie sobre Bélgica son "El tren a Brujas", "Lo más racional" y "El caso canadiense-norteamericano".
Enviado al diario La Nación de Asunción el 09 de mayo de 2009
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