miércoles 13 de mayo de 2009

El tren a Brujas

Enrique Vargas Peña

A la espera de la conferencia sobre gobierno regional en la globalización…, tuve la oportunidad de realizar un breve viaje en tren a la antigua ciudad de Brujas, una de las más celebradas de Bélgica y con razón.

La ocasión me sirve para comentar algunas observaciones. Bélgica es uno de los países más desarrollados del mundo. Es la quinceava mayor economía del planeta, lo que es un milagro considerando el escaso territorio y la relativamente pequeña población. Es una economía muy integrada a la globalización –aunque una compañía hace publicidad callejera para consumir solamente vegetales producidos en el país-.

La prosperidad se ve al subir al tren, aunque desde las ventanas, y a gran velocidad, se puede observar una gran barriada de Bruselas venida a menos, que luego me dijeron que es la zona ocupada principalmente por la migración árabe. La infraestructura ferrocarrilera es impresionante y hasta donde pude notar, alimentada a electricidad, para vergüenza de cualquier paraguayo que ve a su país condenado a comprar diesel de Venezuela teniendo Itaipú y Yacyretá.

No hay bosques en el trayecto, ni tierra inculta. Está toda cultivada, lo que es notable también desde el avión cuando se sobrevuela el territorio. Sin embargo, Bélgica exporta valor agregado y vive en la riqueza. No pude ver, en los poblados que se ven desde el tren en el trayecto de unos cien kilómetros, ninguna calle o ruta de tierra: El agricultor no depende del tiempo para poner sus productos en el mercado.

Pero la economía belga es básicamente de servicios. Era muy industrializada, pero ahora se ha orientado a los servicios. Los belgas hicieron lo que Paraguay dejó pasar, se convirtieron en el centro neurálgico de la Unión Europea, mientras nosotros delegamos esa ventaja en los uruguayos. Bien por ellos.

La parte del territorio belga que me tocó recorrer es una planicie con ondulaciones bajas y en eso se parece bastante a nuestra región Oriental, pero no el paisaje urbano, donde se ven casas sólidas, bien construidas, bien equipadas, en las que vive la población que podríamos denominar rural.

Es todo este bienestar una especie de dádiva divina que a nosotros nos es negada o fruto del esfuerzo de una raza superior a la nuestra? No. Es el resultado del funcionamiento ininterrumpido de instituciones libres que permitieron a los belgas ir corrigiendo problemas, que los tienen aún y muy graves. Solo hay que recordar que Bélgica es el campo de batalla por excelencia de Europa, desde los días de Felipe II hasta los de la Segunda Guerra Mundial.

Todo lo que ellos tienen y nosotros envidiamos no surge de otra parte que de las instituciones libres, estables. Es eso lo que nos diferencia y es esa la responsabilidad de nuestros políticos que están prestos para producir una nueva interrupción institucional.

Pensando así llegue a Brujas y me perdí en sus canales medievales, llenos de magia y de árboles, en sus barcitos al aire libre llenos de vino y de cerveza, para evadir por un momento siquiera los sombríos presagios que veo en Paraguay.

Otros artículos de la serie sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "Lo más racional" y "El caso canadiense-norteamericano".
enviado al diario La Nación de Asunción, el domingo 10 de mayo de 2209