miércoles 20 de mayo de 2009

El caso canadiense-norteamericano

Enrique Vargas Peña

Entre las notas más interesantes que tomé en la conferencia sobre el gobierno de las regiones en el contexto de la globalización a la que tuve el privilegio de asistir en Bruselas están las de la exposición que realizó en canadiense Thomas Townsend de la Iniciativa de Investigaciones Políticas del gobierno de Canadá.

Describiendo la situación de su país, señaló que las competencias clave de gestión pública en su país están reservadas a las provincias y dicho esto, abordó el impacto de la presencia de Estados Unidos en la frontera sur canadiense.

Una situación que tiene algunas semejanzas con la que existe en la frontera entre Paraguay y Brasil y, por tanto, con algunas lecciones para reflexionar.

El mercado norteamericano, explicaba Townsend, representa el setenta y cinco por ciento del Producto Interno Bruto canadiense, una proporción tal vez mucho más significativa que la que tiene el mercado brasileño en el PIB paraguayo.

El medio en el que se integran ambos países, Estados Unidos y Canadá, en esa proporción tan enorme, es la región, entendiendo esto como la zona a ambos lados de la frontera que comparte, explicaba Townsend, cultura y valores.

Otra vez la semejanza con el proceso que se da en Ciudad del Este-Foz de Iguazú o Pedro Juan Caballero-Ponta Porá.

En el caso canadiense, el Oeste es la zona más integrada con Estados Unidos, hasta el punto en que, de hecho, Columbia Británica y el Estado de Washington funcionan como una sola entidad y las políticas se deciden más entre el primer ministro de esa provincia canadiense con el gobernador de ese estado norteamericano que entre los gobiernos centrales de ambos países.

Para los canadienses está claro, asume Townsend, que el crecimiento regional está asociado con la prosperidad de la población.

El alto nivel de cooperación alcanzado por ese esquema conjunto de toma de decisiones se pudo ver, dijo el expositor, con el impacto de la crisis mundial en la zona de la industria automotriz norteamericana de Detroit.

Se están desarrollando, para administrar todas estas novedades, nuevas instituciones supranacionales tales como conferencias regionales donde toman asiento, además de representantes políticos, emisarios del mundo económico, lo que muestra los riesgos de desvirtuar el control popular en procesos para los que no se legisla adecuadamente.

La provincia de Quebec, decía Townsend, es la excepción, no porque no tenga integración regional con sus vecinos, sino porque hizo una opción estratégica de colaboración con Europa, lo que demuestra, para el caso paraguayo, que no es verdad que una profunda integración económica implique algún destino inexorable.

La exposición de Townsend desmiente mitos tales como que la integración de la economía regional implique algún tipo de amenaza para la identidad nacional, siempre que se manejen adecuadamente los términos de las relaciones y muestra que la integración regional es un motor que los países no pueden desaprovechar para impulsar su desarrollo.

También sugiere que estos modelos tienen mejores resultados cuando se les deja florecer espontáneamente, como el polo Ciudad del Este-Foz de Iguazú, pero que un acompañamiento institucional no distorsivo es un aliciente que favorece aún más el crecimiento.

Otros artículos de la seria sobre Bélgica son "Bruselas, capital de Europa", "El tren a Brujas" y "Lo más racional".

enviado al diario La Nación de Asunción el lunes 15 de mayo de 2009