Enrique Vargas Peña
El fanatismo (1. m. Tenaz preocupación, apasionamiento del fanático) se define por su desmesura y su ceguera. El fanático es, según el diccionario de la Real Academia, el “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas” o el que está “preocupado o entusiasmado ciegamente por algo”.
Son sinónimos de “fanático”: Intolerante, intransigente, dogmático, doctrinario, acérrimo, exaltado, fan, aficionado, admirador, apasionado, adicto.
Señalo lo anterior con un cierto detenimiento porque nuestro país está ingresando de lleno en uno de esos oscuros periodos de la historia que se caracterizan por la lucha de dos fanatismos contrarios, que se resuelve con el consabido baño de sangre para dar lugar a un largo periodo de oscurantismo.
El fanático ve el mundo de una manera característica, el que no está con él, está contra él. Nadie tiene derecho a estar en el medio, el indeciso es un traidor o un imbécil. La frase es célebre, recorre el mundo cada cierto tiempo: “El que no está con nosotros, está contra nosotros”.
Una declaración del Partido Comunista Paraguayo, publicada ayer en La Nación, recomienda, por ejemplo, “organizar en todas partes comités de base en defensa del proceso de cambio, para derrotar a los reaccionarios y conspiradores enquistados dentro y fuera del gobierno de Lugo.
Solo la unidad de las fuerzas populares garantizan los cambios democráticos y liberadores, y de su irreversabilidad”.Según esta declaración, no basta estar con el gobierno de Lugo para ser perdonado por los comunistas.
Ellos deciden quiénes son buenos y malos, quiénes están con ellos y quiénes, por no estar con ellos, están contra ellos.La intención de los comunistas parece clara. Por un lado, alentar la idea de que quien no quiere estar con el nicanorismo, por tomar un caso, debe estar con ellos, con los comunistas.
El desarrollo de la idea es simple, el que no está con los comunistas, es nicanorista.Esa lógica perversa tiene el mérito de la sencillez. Divide a la sociedad en dos grupos, los buenos, que son ellos, y los malos, que son todos los que no están con ellos.Además, desata una reacción igual de los fanáticos contrarios.
Los nicanoristas, por seguir con el ejemplo, podrán decir que los que no son de su grupo, son comunistas o compañeros de ruta del comunismo.
Y se llega así al estado ideal que buscan los fanáticos: Polarizar a la sociedad en dos bandos rivales que, sin embargo, son idénticos en su actitud de intolerancia y desprecio hacia el que es diferente.
No es casualidad que en Alemania, a fines de los años veinte, la sociedad se hubiera polarizado entre nacional-socialistas y comunistas. Ambos rivales trabajaron duramente para ese resultado.
Tampoco es casualidad que, durante los años treinta, España se haya dividido entre comunistas y católicos y, aplastados en el medio, sin poder hablar, los demócratas, los liberales, los que no queremos ser comunistas ni católicos.
O detenemos esa lógica perversa en Paraguay o, en pocos meses más, estaremos tan divididos como los alemanes de los 20 o los españoles de los 30. Tenemos que desnudar a los fanáticos y exponer su fanatismo. Tenemos que expandir la razón y la tolerancia.
*Publicado en el diario La Nación de Asunción el 29 de octubre de 2008
miércoles 29 de octubre de 2008
miércoles 22 de octubre de 2008
El fracaso de Elvio Benítez
Enrique Vargas Peña
Elvio Benítez, el más conocido de los jefes sintierra, el más duro, el más temido, está cosechando notables éxitos en su empeño por convertirse en el verdadero poder en Paraguay.
Es modelo y referencia para todos los demás jefes de los grupos rurales que reclaman tierras, Odilón Espínola, Luis Aguayo, Belarmino Balbuena, por citar a los principales que, aún cuando se le enfrenten en cuestiones accesorias, le admiran y le siguen en lo principal.
Ayer obtuvo, por ejemplo, que el gobierno empezara a desalojar a colonos brasileños que trabajan tierras adquiridas después del 1 de enero de 2005, como manda la ley, pero en sus propias condiciones, es decir, sin que se investigue la responsabilidad de los beneficiarios de la reforma agraria que vendieron a esos brasileños sus derecheras.
Quienes vendieron ilegalmente sus derecheras después de 2005 se encuentran, pues, en posición de haber cobrado a los brasileños la plata de la venta y de adjudicarse nuevamente terrenos que vendieron de mala fe, arguyendo su condición de sintierras y el apoyo de jefes de la clase de Benítez.
En San Pedro, los propietarios rurales saben ahora que serán examinados por comités donde el grupo de Benítez y los otros como él tendrán palabra decisiva, comités a los que el gobierno prestará la fuerza coercitiva del Estado.
Los comités integrados por todas las partes eran necesarios, desde luego, pero Elvio Benítez logró que actúen con sus propias condiciones: Ellos no trabajarán sobre un catastro científicamente relevado, sino sobre títulos en los que obraron agentes de la reforma agraria profundamente complicados en la corrupción que destruyó el proceso.
Elvio Benítez dispone de una milicia disciplinada que invade o desocupa propiedades, legítimas o no, según el principio de obediencia debida al líder y sin respeto alguno por la Constitución y las leyes, sin que nadie lo moleste por ser el organizador de dicha milicia con dicho principio.
Ha alcanzado el estado de impunidad del que disfrutaron mucho tiempo, y hasta hoy, sus grandes benefactores, Nicanor Duarte Frutos y Juan Carlos Galaverna.
En síntesis, Elvio Benítez es poderoso e influyente y las organizaciones que le siguen están cerca de imponer, además, un presupuesto de gastos y unos acuerdos con Venezuela que les abrirán el acceso a recursos que no tienen parangón ni competencia en Paraguay.
Sin embargo, el creciente número de compatriotas que vive sometido a él está apenas menos pobre que cuando Elvio Benítez comenzó su lucha. Los asentamientos que dirige son monumentos a la pobreza.
El gobierno, el actual de Fernando Lugo y los anteriores de Galaverna y su pandilla, no se ha dignado a publicar cuánta plata han dado ya los contribuyentes paraguayos a Elvio Benítez y a los demás jefes rurales como él desde 1993 hasta hoy.
Cuánta plata, cuánta tierra, cuánto esfuerzo, cuánto tiempo, para tan escaso avance en las condiciones de vida de quienes confiaron en él.
En los quince años que Elvio Benítez se gastó, muchos más agricultores paraguayos que los que él dirige salieron de la pobreza, con mucho menos, y se convirtieron en fuentes de empleo y bonanza para el país.
No publican esos datos porque al hacerlo quedará en evidencia que Elvio Benítez trabajó incansablemente, si, pero no para ayudar a quienes creen en él, sino para usarlos como escalón hacia el poder.
Elvio Benítez, el más conocido de los jefes sintierra, el más duro, el más temido, está cosechando notables éxitos en su empeño por convertirse en el verdadero poder en Paraguay.
Es modelo y referencia para todos los demás jefes de los grupos rurales que reclaman tierras, Odilón Espínola, Luis Aguayo, Belarmino Balbuena, por citar a los principales que, aún cuando se le enfrenten en cuestiones accesorias, le admiran y le siguen en lo principal.
Ayer obtuvo, por ejemplo, que el gobierno empezara a desalojar a colonos brasileños que trabajan tierras adquiridas después del 1 de enero de 2005, como manda la ley, pero en sus propias condiciones, es decir, sin que se investigue la responsabilidad de los beneficiarios de la reforma agraria que vendieron a esos brasileños sus derecheras.
Quienes vendieron ilegalmente sus derecheras después de 2005 se encuentran, pues, en posición de haber cobrado a los brasileños la plata de la venta y de adjudicarse nuevamente terrenos que vendieron de mala fe, arguyendo su condición de sintierras y el apoyo de jefes de la clase de Benítez.
En San Pedro, los propietarios rurales saben ahora que serán examinados por comités donde el grupo de Benítez y los otros como él tendrán palabra decisiva, comités a los que el gobierno prestará la fuerza coercitiva del Estado.
Los comités integrados por todas las partes eran necesarios, desde luego, pero Elvio Benítez logró que actúen con sus propias condiciones: Ellos no trabajarán sobre un catastro científicamente relevado, sino sobre títulos en los que obraron agentes de la reforma agraria profundamente complicados en la corrupción que destruyó el proceso.
Elvio Benítez dispone de una milicia disciplinada que invade o desocupa propiedades, legítimas o no, según el principio de obediencia debida al líder y sin respeto alguno por la Constitución y las leyes, sin que nadie lo moleste por ser el organizador de dicha milicia con dicho principio.
Ha alcanzado el estado de impunidad del que disfrutaron mucho tiempo, y hasta hoy, sus grandes benefactores, Nicanor Duarte Frutos y Juan Carlos Galaverna.
En síntesis, Elvio Benítez es poderoso e influyente y las organizaciones que le siguen están cerca de imponer, además, un presupuesto de gastos y unos acuerdos con Venezuela que les abrirán el acceso a recursos que no tienen parangón ni competencia en Paraguay.
Sin embargo, el creciente número de compatriotas que vive sometido a él está apenas menos pobre que cuando Elvio Benítez comenzó su lucha. Los asentamientos que dirige son monumentos a la pobreza.
El gobierno, el actual de Fernando Lugo y los anteriores de Galaverna y su pandilla, no se ha dignado a publicar cuánta plata han dado ya los contribuyentes paraguayos a Elvio Benítez y a los demás jefes rurales como él desde 1993 hasta hoy.
Cuánta plata, cuánta tierra, cuánto esfuerzo, cuánto tiempo, para tan escaso avance en las condiciones de vida de quienes confiaron en él.
En los quince años que Elvio Benítez se gastó, muchos más agricultores paraguayos que los que él dirige salieron de la pobreza, con mucho menos, y se convirtieron en fuentes de empleo y bonanza para el país.
No publican esos datos porque al hacerlo quedará en evidencia que Elvio Benítez trabajó incansablemente, si, pero no para ayudar a quienes creen en él, sino para usarlos como escalón hacia el poder.
Con Borda y Lugo*
Enrique Vargas Peña
En la reunión que el pasado jueves mantuvimos numerosos periodistas con el presidente de la República y con el ministro Borda, este último expuso los números y los problemas del Presupuesto General de Gastos para 2009.
A mi modo de ver, una cosa, y solo una, quedó en evidencia con claridad meridiana, alcanzando la difícil posición de hecho incontrovertible: El Estado usa más del noventa y tres por ciento del Presupuesto en gastos corrientes, quedando apenas seis o siete por ciento para cumplir con los servicios para cuya prestación está constituido.
Y el ministro Borda admitió, sobre esto último, que incluso ese seis o siete por ciento es dudoso, pues depende de la disponibilidad real, la cual casi siempre es inexistente.
En síntesis, nuestro Estado no puede, simplemente, servirnos. Recauda y gasta todo lo que recauda en servirse. No en servirnos. Recauda cada vez más, cada vez más, y sirve cada vez menos.
El ministro Borda y el presidente Lugo tienen estos datos, los conocen plenamente y han reflexionado mucho, y con muchos, sobre ellos.
Las consecuencias de tener un presupuesto como ese son tan claras que llama la atención que solamente unos pocos miembros de la clase política hayan hecho algo para modificar la situación.
Este Estado no puede combatir la exclusión social, el drama que amenaza con dividir a nuestro país y que es la preocupación central del Gobierno. No puede contribuir a rescatar a los excluidos por la pobreza.
Este Estado no solamente no puede comprar tierras (y por eso reclaman ahora suprimir la indemnización justa y previa) ni proporcionar el soporte que requieren las colonias agrícolas (por eso muy pocos campesinos han logrado incorporarse a la agricultura técnica), sino que ni siquiera puede construirles rutas (tenemos una de las redes camineras más pequeñas del continente), comunicaciones (la red telefónica y de internet son las peores de la región), hospitales (estamos a punto de volver a tener poliomielitis) o escuelas (las calificaciones del sistema educativo paraguayo han retrocedido).
Eso para no hablar del fracaso en la provisión del servicio de Justicia, que ha convertido a nuestro Estado en un agente activo de la concentración de la riqueza.
Esto, todo esto, lo tienen medido y reflexionado el presidente Lugo y el ministro Borda, según quedó claro en el curso de la conversación del pasado jueves.
Se llegó a esta situación debido a una opción política determinada. Esto no se ha producido por voluntad de Dios o por el desarrollo natural de las cosas.
La Asociación Nacional Republicana resolvió, bajo la conducción intelectual de J. Natalicio González, usar al Estado como bolsa de trabajo para sus integrantes, desde 1948. Hasta el 15 de agosto del 2008, el Presupuesto General de Gastos estaba diseñado para satisfacer ese propósito y es notorio que lo hace, tanto y tan bien, que hoy por hoy satisface solamente eso y nada más.
Les dije, al presidente Lugo y al ministro Borda, que no se dio aún una señal que nos permita ver la voluntad de ruptura con ese esquema de cosas. Y, después de casi una semana de dar vueltas sobre el asunto, me gustaría decirles ahora que, en realidad, la señal dada en el proyecto de Presupuesto 2009, por ejemplo la Secretaría de Acción Social (ochocientos mil millones solicitados por el presidente Lugo), indica que se pretende mantener la política prebendaria aunque para alimentar ahora la lealtad al Presidente.
Lo que garantizará, seguramente, una gran clientela política al Primer Mandatario, pero también la persistencia de los resultados que esa política produce.
*Publicado en el diario La Nación de Paraguay el 15 de octubre de 2008
En la reunión que el pasado jueves mantuvimos numerosos periodistas con el presidente de la República y con el ministro Borda, este último expuso los números y los problemas del Presupuesto General de Gastos para 2009.
A mi modo de ver, una cosa, y solo una, quedó en evidencia con claridad meridiana, alcanzando la difícil posición de hecho incontrovertible: El Estado usa más del noventa y tres por ciento del Presupuesto en gastos corrientes, quedando apenas seis o siete por ciento para cumplir con los servicios para cuya prestación está constituido.
Y el ministro Borda admitió, sobre esto último, que incluso ese seis o siete por ciento es dudoso, pues depende de la disponibilidad real, la cual casi siempre es inexistente.
En síntesis, nuestro Estado no puede, simplemente, servirnos. Recauda y gasta todo lo que recauda en servirse. No en servirnos. Recauda cada vez más, cada vez más, y sirve cada vez menos.
El ministro Borda y el presidente Lugo tienen estos datos, los conocen plenamente y han reflexionado mucho, y con muchos, sobre ellos.
Las consecuencias de tener un presupuesto como ese son tan claras que llama la atención que solamente unos pocos miembros de la clase política hayan hecho algo para modificar la situación.
Este Estado no puede combatir la exclusión social, el drama que amenaza con dividir a nuestro país y que es la preocupación central del Gobierno. No puede contribuir a rescatar a los excluidos por la pobreza.
Este Estado no solamente no puede comprar tierras (y por eso reclaman ahora suprimir la indemnización justa y previa) ni proporcionar el soporte que requieren las colonias agrícolas (por eso muy pocos campesinos han logrado incorporarse a la agricultura técnica), sino que ni siquiera puede construirles rutas (tenemos una de las redes camineras más pequeñas del continente), comunicaciones (la red telefónica y de internet son las peores de la región), hospitales (estamos a punto de volver a tener poliomielitis) o escuelas (las calificaciones del sistema educativo paraguayo han retrocedido).
Eso para no hablar del fracaso en la provisión del servicio de Justicia, que ha convertido a nuestro Estado en un agente activo de la concentración de la riqueza.
Esto, todo esto, lo tienen medido y reflexionado el presidente Lugo y el ministro Borda, según quedó claro en el curso de la conversación del pasado jueves.
Se llegó a esta situación debido a una opción política determinada. Esto no se ha producido por voluntad de Dios o por el desarrollo natural de las cosas.
La Asociación Nacional Republicana resolvió, bajo la conducción intelectual de J. Natalicio González, usar al Estado como bolsa de trabajo para sus integrantes, desde 1948. Hasta el 15 de agosto del 2008, el Presupuesto General de Gastos estaba diseñado para satisfacer ese propósito y es notorio que lo hace, tanto y tan bien, que hoy por hoy satisface solamente eso y nada más.
Les dije, al presidente Lugo y al ministro Borda, que no se dio aún una señal que nos permita ver la voluntad de ruptura con ese esquema de cosas. Y, después de casi una semana de dar vueltas sobre el asunto, me gustaría decirles ahora que, en realidad, la señal dada en el proyecto de Presupuesto 2009, por ejemplo la Secretaría de Acción Social (ochocientos mil millones solicitados por el presidente Lugo), indica que se pretende mantener la política prebendaria aunque para alimentar ahora la lealtad al Presidente.
Lo que garantizará, seguramente, una gran clientela política al Primer Mandatario, pero también la persistencia de los resultados que esa política produce.
*Publicado en el diario La Nación de Paraguay el 15 de octubre de 2008
sábado 11 de octubre de 2008
Dos países*
Enrique Vargas Peña
La conversación que mantuve ayer a la tarde con el presidente del Indert, Alberto Alderete, me hizo pensar que acá se están enfrentando dos países muy distintos, contrapuestos, que no quieren convivir: el de los líderes sintierras y el del resto de los paraguayos.
El resto de los paraguayos somos esos que Elvio Benítez descalifica cuando acusa a Claudia Russer de gringa (1. adj. coloq. Extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general hablante de una lengua que no sea la española; 3. adj. Am. Mer., estadounidense), implicando que tener un apellido germánico, o árabe, o chino, nos hace menos paraguayos que él.
En el país de los sintierras, el Estado expropia sin pagar indemnización previa y justa como ordena la Constitución; en ese país no se puede ahorrar con valores inmobiliarios; los productores son enemigos del Estado a los que este somete a vigilancia hostil; en ese país el sistema productivo está destinado a satisfacer el consumo interno.
Alderete me dijo que sobre esas ideas conversaron él, el presidente Lugo y los jefes sintierras. Es decir, el Presidente y los líderes sintierras están hablando sobre un país con un mercado agropecuario severamente restringido.
Las consecuencias de las propuestas de Mburivicha Róga, pues ahí fue la reunión, son previsibles, porque están a la vista en otros países que las adoptaron antes.
Tal vez haya que excluir de los ejemplos a Cuba, pues el caso cubano consiste en haber llevado hasta el extremo las tesis que ahora se manejan en Mburuvicha Róga y creo que Fernando Lugo no es un extremista.
Pero se puede incluir a Venezuela, donde la aplicación de recetas muy parecidas produjo, en poco tiempo, un resultado milagroso, el de dejar desabastecidos de alimentos los supermercados de un país que nada, literalmente, en petróleo.
La razón es sencilla, tan sencilla que incluso Carlos Marx la reconoce en el Manifiesto Comunista: no hay sistema que asigne con mayor eficiencia el esfuerzo social que la economía de mercado.
Al restringir la economía de mercado, las propuestas de Mburuvicha Róga producirán los mismos efectos que en Venezuela, solamente que sin el petróleo que a veces los disimula.
No solamente disminuirán la producción de soja y oleaginosas; de carnes y de jugos, que generan trabajo y divisas, sino que la de verduras, frutas, hortalizas y legumbres que abastecen la demanda nacional lo harán también provocando una rápida elevación de precios.
Pronto volveremos, los paraguayos, a donde estábamos hace treinta años, a comer cada cosa en su estación, a precios exorbitantes.
Los soldados de las milicias sintierras no saldrán de la pobreza con eso, excepto los que asuman tareas políticas.
Los menores índices de producción y el ataque a la inversión los mantendrán siempre rezagados en tecnología, información, mercadeo, sanitación, control de calidad y todas las demás cosas que hacen los brasileños, cuyo gobierno es socialista, pero no estúpido.
El país de los sintierras es distinto al del resto de los paraguayos. El resto de los paraguayos, los gringos como dice Elvio Benítez, queremos apertura y prosperidad.
*Publicado en el diario La Nación de Asunción el 08 de octubre de 2008
La conversación que mantuve ayer a la tarde con el presidente del Indert, Alberto Alderete, me hizo pensar que acá se están enfrentando dos países muy distintos, contrapuestos, que no quieren convivir: el de los líderes sintierras y el del resto de los paraguayos.
El resto de los paraguayos somos esos que Elvio Benítez descalifica cuando acusa a Claudia Russer de gringa (1. adj. coloq. Extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general hablante de una lengua que no sea la española; 3. adj. Am. Mer., estadounidense), implicando que tener un apellido germánico, o árabe, o chino, nos hace menos paraguayos que él.
En el país de los sintierras, el Estado expropia sin pagar indemnización previa y justa como ordena la Constitución; en ese país no se puede ahorrar con valores inmobiliarios; los productores son enemigos del Estado a los que este somete a vigilancia hostil; en ese país el sistema productivo está destinado a satisfacer el consumo interno.
Alderete me dijo que sobre esas ideas conversaron él, el presidente Lugo y los jefes sintierras. Es decir, el Presidente y los líderes sintierras están hablando sobre un país con un mercado agropecuario severamente restringido.
Las consecuencias de las propuestas de Mburivicha Róga, pues ahí fue la reunión, son previsibles, porque están a la vista en otros países que las adoptaron antes.
Tal vez haya que excluir de los ejemplos a Cuba, pues el caso cubano consiste en haber llevado hasta el extremo las tesis que ahora se manejan en Mburuvicha Róga y creo que Fernando Lugo no es un extremista.
Pero se puede incluir a Venezuela, donde la aplicación de recetas muy parecidas produjo, en poco tiempo, un resultado milagroso, el de dejar desabastecidos de alimentos los supermercados de un país que nada, literalmente, en petróleo.
La razón es sencilla, tan sencilla que incluso Carlos Marx la reconoce en el Manifiesto Comunista: no hay sistema que asigne con mayor eficiencia el esfuerzo social que la economía de mercado.
Al restringir la economía de mercado, las propuestas de Mburuvicha Róga producirán los mismos efectos que en Venezuela, solamente que sin el petróleo que a veces los disimula.
No solamente disminuirán la producción de soja y oleaginosas; de carnes y de jugos, que generan trabajo y divisas, sino que la de verduras, frutas, hortalizas y legumbres que abastecen la demanda nacional lo harán también provocando una rápida elevación de precios.
Pronto volveremos, los paraguayos, a donde estábamos hace treinta años, a comer cada cosa en su estación, a precios exorbitantes.
Los soldados de las milicias sintierras no saldrán de la pobreza con eso, excepto los que asuman tareas políticas.
Los menores índices de producción y el ataque a la inversión los mantendrán siempre rezagados en tecnología, información, mercadeo, sanitación, control de calidad y todas las demás cosas que hacen los brasileños, cuyo gobierno es socialista, pero no estúpido.
El país de los sintierras es distinto al del resto de los paraguayos. El resto de los paraguayos, los gringos como dice Elvio Benítez, queremos apertura y prosperidad.
*Publicado en el diario La Nación de Asunción el 08 de octubre de 2008
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