Enrique Vargas Peña
Elvio Benítez, el más conocido de los jefes sintierra, el más duro, el más temido, está cosechando notables éxitos en su empeño por convertirse en el verdadero poder en Paraguay.
Es modelo y referencia para todos los demás jefes de los grupos rurales que reclaman tierras, Odilón Espínola, Luis Aguayo, Belarmino Balbuena, por citar a los principales que, aún cuando se le enfrenten en cuestiones accesorias, le admiran y le siguen en lo principal.
Ayer obtuvo, por ejemplo, que el gobierno empezara a desalojar a colonos brasileños que trabajan tierras adquiridas después del 1 de enero de 2005, como manda la ley, pero en sus propias condiciones, es decir, sin que se investigue la responsabilidad de los beneficiarios de la reforma agraria que vendieron a esos brasileños sus derecheras.
Quienes vendieron ilegalmente sus derecheras después de 2005 se encuentran, pues, en posición de haber cobrado a los brasileños la plata de la venta y de adjudicarse nuevamente terrenos que vendieron de mala fe, arguyendo su condición de sintierras y el apoyo de jefes de la clase de Benítez.
En San Pedro, los propietarios rurales saben ahora que serán examinados por comités donde el grupo de Benítez y los otros como él tendrán palabra decisiva, comités a los que el gobierno prestará la fuerza coercitiva del Estado.
Los comités integrados por todas las partes eran necesarios, desde luego, pero Elvio Benítez logró que actúen con sus propias condiciones: Ellos no trabajarán sobre un catastro científicamente relevado, sino sobre títulos en los que obraron agentes de la reforma agraria profundamente complicados en la corrupción que destruyó el proceso.
Elvio Benítez dispone de una milicia disciplinada que invade o desocupa propiedades, legítimas o no, según el principio de obediencia debida al líder y sin respeto alguno por la Constitución y las leyes, sin que nadie lo moleste por ser el organizador de dicha milicia con dicho principio.
Ha alcanzado el estado de impunidad del que disfrutaron mucho tiempo, y hasta hoy, sus grandes benefactores, Nicanor Duarte Frutos y Juan Carlos Galaverna.
En síntesis, Elvio Benítez es poderoso e influyente y las organizaciones que le siguen están cerca de imponer, además, un presupuesto de gastos y unos acuerdos con Venezuela que les abrirán el acceso a recursos que no tienen parangón ni competencia en Paraguay.
Sin embargo, el creciente número de compatriotas que vive sometido a él está apenas menos pobre que cuando Elvio Benítez comenzó su lucha. Los asentamientos que dirige son monumentos a la pobreza.
El gobierno, el actual de Fernando Lugo y los anteriores de Galaverna y su pandilla, no se ha dignado a publicar cuánta plata han dado ya los contribuyentes paraguayos a Elvio Benítez y a los demás jefes rurales como él desde 1993 hasta hoy.
Cuánta plata, cuánta tierra, cuánto esfuerzo, cuánto tiempo, para tan escaso avance en las condiciones de vida de quienes confiaron en él.
En los quince años que Elvio Benítez se gastó, muchos más agricultores paraguayos que los que él dirige salieron de la pobreza, con mucho menos, y se convirtieron en fuentes de empleo y bonanza para el país.
No publican esos datos porque al hacerlo quedará en evidencia que Elvio Benítez trabajó incansablemente, si, pero no para ayudar a quienes creen en él, sino para usarlos como escalón hacia el poder.
miércoles 22 de octubre de 2008
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