sábado 11 de octubre de 2008

Dos países*

Enrique Vargas Peña

La conversación que mantuve ayer a la tarde con el presidente del Indert, Alberto Alderete, me hizo pensar que acá se están enfrentando dos países muy distintos, contrapuestos, que no quieren convivir: el de los líderes sintierras y el del resto de los paraguayos.

El resto de los paraguayos somos esos que Elvio Benítez descalifica cuando acusa a Claudia Russer de gringa (1. adj. coloq. Extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general hablante de una lengua que no sea la española; 3. adj. Am. Mer., estadounidense), implicando que tener un apellido germánico, o árabe, o chino, nos hace menos paraguayos que él.

En el país de los sintierras, el Estado expropia sin pagar indemnización previa y justa como ordena la Constitución; en ese país no se puede ahorrar con valores inmobiliarios; los productores son enemigos del Estado a los que este somete a vigilancia hostil; en ese país el sistema productivo está destinado a satisfacer el consumo interno.

Alderete me dijo que sobre esas ideas conversaron él, el presidente Lugo y los jefes sintierras. Es decir, el Presidente y los líderes sintierras están hablando sobre un país con un mercado agropecuario severamente restringido.

Las consecuencias de las propuestas de Mburivicha Róga, pues ahí fue la reunión, son previsibles, porque están a la vista en otros países que las adoptaron antes.

Tal vez haya que excluir de los ejemplos a Cuba, pues el caso cubano consiste en haber llevado hasta el extremo las tesis que ahora se manejan en Mburuvicha Róga y creo que Fernando Lugo no es un extremista.

Pero se puede incluir a Venezuela, donde la aplicación de recetas muy parecidas produjo, en poco tiempo, un resultado milagroso, el de dejar desabastecidos de alimentos los supermercados de un país que nada, literalmente, en petróleo.

La razón es sencilla, tan sencilla que incluso Carlos Marx la reconoce en el Manifiesto Comunista: no hay sistema que asigne con mayor eficiencia el esfuerzo social que la economía de mercado.

Al restringir la economía de mercado, las propuestas de Mburuvicha Róga producirán los mismos efectos que en Venezuela, solamente que sin el petróleo que a veces los disimula.

No solamente disminuirán la producción de soja y oleaginosas; de carnes y de jugos, que generan trabajo y divisas, sino que la de verduras, frutas, hortalizas y legumbres que abastecen la demanda nacional lo harán también provocando una rápida elevación de precios.

Pronto volveremos, los paraguayos, a donde estábamos hace treinta años, a comer cada cosa en su estación, a precios exorbitantes.

Los soldados de las milicias sintierras no saldrán de la pobreza con eso, excepto los que asuman tareas políticas.

Los menores índices de producción y el ataque a la inversión los mantendrán siempre rezagados en tecnología, información, mercadeo, sanitación, control de calidad y todas las demás cosas que hacen los brasileños, cuyo gobierno es socialista, pero no estúpido.

El país de los sintierras es distinto al del resto de los paraguayos. El resto de los paraguayos, los gringos como dice Elvio Benítez, queremos apertura y prosperidad.

*Publicado en el diario La Nación de Asunción el 08 de octubre de 2008