lunes 7 de abril de 2008

Villa Florida y los principios*

Por Enrique Vargas Peña

El debate sobre el nudismo y la diversión en Villa Florida está instalado. Uno de los puntos de vista reiteradamente expresados en la discusión es el sostenido por los católicos según el cual la sociedad en su conjunto debe guardar las festividades católicas.

Quienes arguyen este punto de vista creen que toda actividad que, según sus propios valores, no sea compatible con el carácter de dichas festividades constituye una falta de respeto a la fe católica y una ofensa que no tiene por qué proferirse.

Los creyentes pretenden que se confunda, y deliberadamente embrollan, la idea del respeto civil, que es la prudencia ante las circunstancias, la urbanidad, aún la deferencia y la cortesía, con una acepción militar del respeto, consistente en la veneración y en el acatamiento.

Para ellos, respetar es venerar y acatar. Para nosotros, respetar es ser prudentes y corteses. Hay un mundo de diferencia entre ambos conceptos, pues el de los creyentes implica sumisión mientras el nuestro se refiere solamente a la buena educación.

Nuestro respeto, civil, busca reciprocidad, es bidireccional, si me respetan, respeto. El de los creyentes es unilateral, busca imponer, hay que respetarlos o nos mandan al infierno.

Es fácil ver que el de los creyentes es el mismo criterio que sostienen los islámicos para censurar las caricaturas del Profeta Mahoma que publicaron los diarios daneses: la fe religiosa está sobre todas las cosas y las sociedades deben adaptarse a sus requerimientos.

Esta pretensión de los creyentes de todos los credos es totalitaria. En su virtud, la religión rige todos los aspectos de la vida, desde la cuna hasta la tumba, desde la comida hasta el vestido, pasando por la manera de hacer el amor, por la forma de enterrar a los muertos y, sobre todo, la forma de relacionarnos.

No hay que bailar apretado, no hay que comer carne el Viernes Santo, no hay que hacer ruido el sábado. No hay que hacer chistes sobre Dios. No hay que reír demasiado.

Nada escapa a la vigilancia de los pastores, ni el más íntimo pensamiento (para ello colaboran esos represores que denominan Ángeles de la Guarda), ni el más recóndito acto (para cuya denuncia montan los ejércitos de beatas y mojigatos que infestan nuestra vida social).

Los no católicos y los no creyentes podemos vivir, según los católicos, pero a condición de que no expongamos a los creyentes al peligro de perder su alma. Podemos respirar, pero que no nos vean bailar y mucho menos desnudarnos, no sea que a alguna oveja del rebano se le ocurra probar del Árbol del Conocimiento.

La comunidad católica de Villa Florida tiene todo el derecho del mundo a desarrollar sus ritos y creencias, sin molestar a terceros, sin ser molestada o menoscabada en lo más mínimo y todos los que queremos ser buenos ciudadanos estaremos ahí para garantizarlo.

Pero la comunidad indiferente de Villa Florida, o que va a Villa Florida, también tiene todo el derecho del mundo a divertirse, sin molestar a terceros, sin ser molestada o menoscabada. Esta es la parte del Contrato Social que los católicos no aceptan y rechazan, poniendo en peligro la armonía que el país requiere.

*Publicado en el diario La Nación de Asunción el 26 de marzo de 2008