Frente a la SIP
Enrique Vargas Pena
Mientras se desarrollaban en el Caracas Palace Hotel las deliberaciones de la Asamblea de la Sociedad Interamericana de prensa, el gobierno de Hugo Chávez auspició un Foro de Periodistas contra el Terrorismo Mediático.
Los medios oficiales dieron gran destaque a la reunión que, además, organizó una colorida manifestación frente a los delegados de la SIP el sábado a la mañana.
Terrorismo mediático es, sostuvieron los participantes, lo que hizo el diario El Tiempo de Bogotá al publicar una foto falsa de una reunión entre el ministro ecuatoriano del Interior, Larrea, y el abatido número dos de las FARC, Raúl Reyes, para atribuir al gobierno ecuatoriano complicidad con la organización terrorista colombiana.
Pero el problema no está en denunciar ese grave error del diario colombiano, que se vio obligado a pedir públicas disculpas al presidente Rafael Correa, sino en que la lista de asuntos que el mencionado Foro de Periodistas define como terrorismo mediático es bastante más amplia e incluye cosas como iniciar publicaciones sobre casos que eventualmente podrían mostrar la corrupción pública o sobre posiciones que pudieran menoscabar el apoyo a los procesos revolucionarios en curso en América Latina.
Las recetas que propone el Foro de Periodistas contra el Terrorismo Mediático para frenar errores como el de el diario El Tiempo se pueden resumir en las ideas de impulsar vigorosamente la autocensura (este es el propósito de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión de Venezuela) y de construir redes de medios de comunicación financiados con dinero público para defender a los procesos.
En Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, este esquema está en marcha con la particularidad de que estos medios financiados con dinero público se constituyen sin ninguna participación de todas las fuerzas representativas de los contribuyentes, sino que ellos son dirigidos exclusiva y excluyentemente, por el oficialismo.
En las democracias hay una larga tradición de medios públicos de comunicación, pero allí, los directorios de los mismos están conformados con representación de la pluralidad política de la sociedad.
Los ejemplos son trillados, remanidos, pero no por eso menos válidos para exponer el contraste: La BBC de Londres o Televisión Espanola o Deutsche Welle , son medios públicos de comunicación, influyentes además, pero donde todas las fuerzas de la sociedad tienen representación y espacio.
Ese no es el proyecto que está construyendo en América Latina el movimiento bolivariano de Chávez.
Los medios financiados con dinero público que ellos están edificando, son instrumentos del oficialismo, y toda la parte de la sociedad que no está en el oficialismo no tiene allí cabida.
El argumento del Foro de Periodistas contra el Terrorismo Mediático sostiene que lo anterior no hace más que equilibrar la oferta en el mercado, pues los medios privados también son excluyentes (sus directorios no están integrados con la representación de la sociedad).
Tal argumento pretende que se olvide que los medios privados son eso, privados, es decir no financiados con dinero público, mientras que los medios públicos usan recursos que pagan contribuyentes de todas las ideas políticas, sociales, económicas o culturales.
Pero lo más importante es que el argumento mencionado busca que se pase por alto la cuestión central en el debate sobre los medios y es que la sociedad es la que tiene derecho a recibir información de diversas fuentes y que ese derecho no puede limitarse sin grave lesión de sus posibilidades de tomar decisiones fundadas sobre los asuntos públicos.
lunes 7 de abril de 2008
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