Por Enrique Vargas Pena
Durante la breve visita que realicé a Venezuela en los últimos días, tuve la oportunidad de clarificar las percepciones que me he ido formando sobre el proceso venezolano desde la información que aparece en las agencias.
En primer lugar, que las agencias noticiosas, constreñidas a buscar y obtener primicias, pasan por alto algunos desarrollos de la vida cotidiana, aunque eventualmente estos pueden ocupar espacio cuando son origen de algún acontecimiento o protesta especiales.
Esto genera imágenes incompletas. Peligrosamente incompletas.Por ejemplo, fuera de los puntuales gritos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), existe poco conocimiento fuera de Venezuela de lo que allí significa el control cambiario.
Chávez no es el inventor de esa medida, que heredó de los sucesivos gobiernos de la fenecida Cuarta República venezolana, pero le dio un uso cuyos alcances van mucho más allá de la economía.
Los anteriores gobiernos usaron el control de cambios para corromper y ser corrompidos: daban divisas preferenciales a sus amigos, se las retaceaban a sus enemigos y los presidentes daban un manotazo personal de cuando en cuando.Esto sigue ocurriendo.
Lo nuevo es que el sistema de control de cambios fue convertido por Chávez en una oficina que, en realidad, controla la vida económica mediante la cual regula no solamente las prioridades productivas, sino el consumo de los venezolanos.
De un modo muy gradual pero sin la más mínima tregua, lo que evita la generación de resistencia política, Venezuela está siendo separada de la globalización y sus intercambios comerciales con el exterior van siendo pasados al Estado.
Incluso las inversiones, algunas muy importantes, que se siguen realizando en Venezuela, van adquiriendo cada vez más el carácter de concesiones del Estado, gracias, similares a las que existen en Cuba antes que a las que se realizan, por ejemplo, en Brasil.
Las medidas que Chávez ha ido imponiendo, del mismo modo gradual y sin apuros, en el sistema educativo van en la misma dirección. En cualquier sistema democrático, el socialismo se enseña en las escuelas, como se enseña el liberalismo, el nacionalismo o cualquier otra corriente de acción política.
Pero en Venezuela han convertido la enseñanza del socialismo en una clase de catecismo. Las clases de catecismo se definen y caracterizan porque en ellas no se admite la duda, ni la discusión, y solo se espera la aceptación y la obediencia.
El socialismo está hoy en Venezuela instalado en el sistema educativo del mismo modo perverso en que lo estuvo por siglos el cristianismo en todos nuestro países: su enseñanza pretende imponer valores, no fomentar la inteligencia.
Y como ese modo de imponer el cristianismo era incompatible con una sociedad libre, así lo es esta manera de imponer el socialismo, pues se castiga al estudiante que se atreva a cuestionar las certidumbres de la fe.
Chávez no necesita tanto ahora cerrar medios de comunicación, tal vez no lo haga ya, porque, de continuar esta tendencia, en unos anos más habrá millones de venezolanos que dependerán del gobierno en lo económico y que creerán, como creen los creyentes, que cuestionar los dogmas es cosa de locos.
lunes 7 de abril de 2008
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1 comentarios:
Acertado análisis y buena analogía religiosa, aunque soy católica difiero de varias normas que impone la iglesia. Es que tener nuestro propio criterio es difícil en la actualidad con tanta manipulación de los medios. De ahí la relevancia de crear espacios independientes como los que existen virtualmente. Un ejemplo: equinoXio, la revista virtual
Un abrazo amistoso!
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