Por Enrique Vargas Peña
A estas alturas del proceso electoral no me animo a decir que la suerte está echada y que el Partido Colorado perderá las elecciones. La gente que dirige el oficialismo carece por completo de escrúpulos y, por tanto, los paraguayos tenemos derecho a esperar que haga literalmente muchas barbaridades con tal de permanecer en el poder.
Las han hecho antes, con éxito, y nada permite suponer que no las intentarán ahora.Sería irresponsable para cualquiera esperar de Nicanor Duarte Frutos, Juan Carlos Galaverna o algunos operadores que antes hacían el trabajo sucio (los generales Morel Garay, Ayala, por citar algunos) una conducta recta.
Pero parece obvio que el Partido Colorado se encuentra sumido en su peor momento en mucho tiempo, lugar en el que no está por accidente.
La crisis colorada es el resultado lógico del vaciamiento institucional que se inicia con el fraude electoral mediante el que reemplazaron, en contra de la voluntad de la mayoría de los afiliados, a Luis María Argaña por Juan Carlos Wasmosy en la candidatura presidencial para las elecciones de 1993.
Quienes estudian historia suelen considerar axiomático que el deterioro de la legalidad implica un fortalecimiento de grupos de fuerza que, a su vez, generan un esquema de relaciones crecientemente crispado que tiende a resolver sus conflictos mediante imposiciones y rupturas, erosionando el consenso originario hasta que este desaparece.
Lo que están sufriendo ahora Duarte Frutos y Galaverna es el final de ese proceso, están ante el momento en que los colorados se preguntan por qué deben seguir apoyando a un grupo que tiene secuestrada su voluntad y que pretende dirigirlos sin darles participación en la toma de decisiones.
Los afiliados colorados simplemente están conscientes de que el apoyo que les reclama la campaña “Somos 1”, el llamado a la fidelidad partidaria, a la memoria de la pertenencia de los padres y los abuelos, tiene el objeto de pedirles que olviden que Galaverna roba elecciones, que Nicanor viola la Constitución, que Bernal maneja Itaipú discrecionalmente; de pedirles que olviden que, aunque algunos reciben puestos y cargos público y otros contratitos del Estado, el grueso sufre con el resto de los paraguayos la ignominia de funcionarios públicos que se hacen escandalosamente millonarios durante su paso por la función pública.
En líneas generales, puestos ante situaciones similares, aquellos grupos de fuerza recurren al único expediente que conocen: la fuerza, precisamente.
Esta se puede manifestar de varias maneras y sería aventurado imaginar el camino que tome, siendo este grupo particular tan creativo en el arte de perjudicar al pueblo paraguayo.
Pero recurrirán a la fuerza, como es lógico. Nicanor Duarte Frutos, Juan Carlos Galaverna y los que les suelen hacer el trabajo sucio, no respetarán ahora la voluntad del pueblo paraguayo, como no la han respetado desde que empezaron a manipular actas electorales.De eso podemos estar seguros.
*Publicado en La Nación de Asunción el 12 de marzo 2008
miércoles 12 de marzo de 2008
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