Por Enrique Vargas Peña
Cai Wu, ministro chino de Informaciones, es un hombre muy simpático, con muchísima "cancha", que responde en forma directa y sin circunloquios todas las cuestiones que se le plantean, incluso las más difíciles para el Partido Comunista.
Nos ofreció una cena en el Hotel de Pekín durante la que conversamos largamente sobre la reforma en China, sobre la visita que realizó a Paraguay, sobre la política exterior china, sobre el neoliberalismo y sobre la democracia.
Cai dijo, sobre esta última cuestión, que hay problemas que impiden todavía que en China se establezca una democracia plena, entre los que señaló deficiencias de infraestructura, que a su juicio dificultan la transmisión adecuada de los resultados electorales, y deficiencias de formación cívica de los sectores rurales, insinuando que esto convertiría al voto en una especie de mercadería y no en la expresión de la genuína voluntad del elector.
Son obviamente los argumentos clásicos del Estado Autoritario o, para situarlos en una perspectiva histórica, los del Despotismo Ilustrado, el sistema que en teoría trabaja por el pueblo y para el pueblo, pero que no es del pueblo.
De hecho, Cai utilizó estas exactas palabras para definir el actual sistema político chino: por el pueblo y para el pueblo. Omitió "del pueblo".
La admirable democracia hindú, inaugurada apenas dos años antes de la proclamación de la República Popular China en un país mucho más pobre y con un nivel de desarrollo de la infraestructura que aún hoy es miserable comparado con China, muestra que el argumento de Cai es cuando menos endeble y que no resiste el menor análisis.
El ministro es plenamente conciente de ello y por eso, en el curso de la conversación, admitió sin rodeos que la democracia está atrasada en China, así como lo está el sistema legal, y añadió algunos ejemplos sobre los pasos que se están dando para abrir el sistema político.
Por ejemplo, a nivel distrital se realizan ya elecciones según el principio "un hombre, un voto"; se han establecido a nivel municipal y provincial consejos políticos consultivos que incluyen a sectores independientes de las sociedad; se ha nominado por primera vez a un ministro no comunista en el gobierno, entre otras cosas.
Cai sostuvo después que el gobierno y el Partido Comunista están comprometidos con la democratización y agregó lo que a mi modo de ver es el elemento más importante en esta cuestión: "El gobierno y el Partido -dijo- trabajan sobre la base de que la justicia y el imperio de la ley ("the rule of law") son esenciales para el logro del objetivo prioritario de China, que es el desarrollo económico.
Incluso en el área rural, explicó Cai, tenemos que acelerar las reformas porque los campesinos no están debidamente incorporados al sistema de consumo.
Nadie tiene que creer en esos compromisos de buenas a primeras, pero hay elementos que los avalan.
Quien haya leído el "Tratado sobre el Gobierno Civil" de John Locke, fundamento teórico de la democracia occidental, sabe que este filosofo inglés sostenía que el primer paso, el paso sin el cual todos los demás son un mero disfraz, para fundar una sociedad libre es establecer el imperio de la ley.
No importa tanto, decía Locke, que las leyes sean malas, sino que nadie se sitúe sobre ellas, los gobernantes menos que nadie.
Durante estos días en China he seguido en la prensa el vívido debate sobre el establecimiento del imperio de la ley, las medidas que se están tomando para fortalecerlo, la conciencia que existe sobre quiénes pueden intentar colocarse encima.
Cai explicaba que China necesita imperiosamente mantener un nivel de crecimiento anual de siete por ciento si quiere sacar de la pobreza a su población ruraly que solo la competitividad internacional de la economía podría lograr ese objetivo.
Para que se entienda la importancia política del crecimiento económico, Cai expuso que cada año China necesita incorporar al mercado laboral a diez millones de personas. Si el crecimiento se detiene, serán diez millones de desempleados más por año.
Solo el imperio de la ley y la justicia pueden garantizar esa competitividad.
Sin imperio de la ley y sin justicia, cualquier sistema político, pero especialmente el chino que es aún un régimen autoritario, cae más temprano que tarde en una asignación ineficaz de los recursos públicos, pues en vez de aplicarse a los objetivos previstos, se desvían para satisfacer a algún funcionario corrupto.
No es la promesa de un ministro del gobierno chino lo que permite ver con optimismo el desarrollo de la democracia en China, sino los imperativos de su pujante economía. Ahí están los cimientos.
Cai viajó muchas veces ya a América Latina, conoce personalmente a la mayoría de los presidentes de nuestra región y sabe de primera mano que la reforma económica de América Latina fracasó justamente porque nosotros no pudimos establecer el imperio de la ley en nuestra región.
Pienso que nuestros políticos "liberales" (Menem, Sánchez de Lozada, Carlos Andrés Pérez) solo vieron en la reforma económica la oportunidad para hacer negocios personales y no entendieron, como creo que lo están haciendo los chinos, la lección de Adam Smith: Para liberalizar la economía es necesario un Estado fuerte, verdaderamente fuerte, que no es igual a un Estado autoritario, sino a uno capaz de resistir el impulso del capitalismo hacia el monopolio asegurando la regla número uno del mercado libre, la competencia.
Si uno mira en qué consistió la reforma económica en América Latina ve enseguida que, en general, consistió en convertir en privados los monopolios públicos. Los resultados están a la vista.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 24 de mayo de 2007.
miércoles 30 de mayo de 2007
Fiesta en Pekin*
Por Enrique Vargas Pena
Andar por Pekín puede llegar a ser una experiencia frustrante. Su escala es tan descomunal que ir hasta la esquina es un verdadero esfuerzo, las cuadras pekinesas miden quinientos o más metros, cruzar las avenidas es toda una ciencia y todo un riesgo, cada edificio es una ciudad en sí mismo.
Pero la capital china tiene lugares asombrosos, escondidos entre grandiosos edificios, a la medida del ser humano.
En el parque de Honglinjing hay un pequeño lago alrededor del cual se suceden los restaurantes y karaokes. Una serpenteante y arbolada calleja peatonal separa a las casas de comida de las terrazas sobre el lago donde se sirven sus platos.
Solo las linternas de papel que cada restaurante tiene en su fachada y las velas de las mesas iluminan el ambiente, llenandolo de una especial magia nocturna.
El lugar está siempre muy concurrido por chinos y extranjeros que llegan allí a pasar un buen rato.
Hay sabores para todos los gustos orientales, chinos, coreanos, tailandeses, vietnamitas, japonenes y uno que otro que ofrece también comida occidental.
La música deliciosa permite hablar, lo que es un gran contraste con Asunción, y los olores cambian desde la vainilla hasta el incienso.
El jardín de Epicuro debió parecerse a este lugar donde se puede ver a los chinos gozar de su nueva prosperidad.
La prosperidad es para una gran mayoría de ellos, como para nosotros y como para cualquiera, sinónimo de libertad.
Por supuesto que existen cuestiones pendientes en China sobre la libertad, cuestiones graves, pero para cualquiera que tenga la oportunidad de disfrutar de un momento en Honglin será evidente en sí mismo que esta sociedad está vigorosamente encaminada hacia ella.
Los individuos que pueden comprar y vender, viajar y volver, estudiar, crecer y trabajar, elegir dónde vivir, qué hacer y cómo hacerlo, tienen ya una buena parte de las cosas que hacen a una sociedad libre.
Este es, a mi modo de ver, el verdadero cambio que se está produciendo en China, un cambio que merece ser estudiado con atención y, para los que creemos en la libertad, con regocijo.
En China se juega efectivamente el futuro de la libertad. Si la liberalización económica se mantiene, y esto quiere decir desarrollar sus exigencias de mayor participación y control populares para mejorar la competitividad, pronto no habrá Hugo Chávez o Nicanor Duarte Frutos capaces de ocultar a sus propios pueblos el hecho, muy notorio aquí, de que la economía de mercado es el mejor instrumento disponible hasta ahora para sacar a la gente de la pobreza y brindarle oportunidades de realización que las generaciones anteriores ni soñaban.
Esta clase de personajes, cuya aparición es recurrente en la historia humana, vive de imponer sacrificios a sus pueblos para alcanzar la utopía sórdida de convertir a sus sociedades en rebaños, en colmenas, en hormigueros.
Pero los seres humanos no somos ovejas, ni abejas, ni hormigas. No nos gustan los uniformes y estamos dotados de un cerebro diseñado para el placer.
China es, para Chávez o para Duarte Frutos, una amenaza, pero no por sus bajos costos o su captación de capitales, sino porque muestra que el camino correcto es exactamente el contrario al que ellos están andando.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 24 de mayo de 2007.
Andar por Pekín puede llegar a ser una experiencia frustrante. Su escala es tan descomunal que ir hasta la esquina es un verdadero esfuerzo, las cuadras pekinesas miden quinientos o más metros, cruzar las avenidas es toda una ciencia y todo un riesgo, cada edificio es una ciudad en sí mismo.
Pero la capital china tiene lugares asombrosos, escondidos entre grandiosos edificios, a la medida del ser humano.
En el parque de Honglinjing hay un pequeño lago alrededor del cual se suceden los restaurantes y karaokes. Una serpenteante y arbolada calleja peatonal separa a las casas de comida de las terrazas sobre el lago donde se sirven sus platos.
Solo las linternas de papel que cada restaurante tiene en su fachada y las velas de las mesas iluminan el ambiente, llenandolo de una especial magia nocturna.
El lugar está siempre muy concurrido por chinos y extranjeros que llegan allí a pasar un buen rato.
Hay sabores para todos los gustos orientales, chinos, coreanos, tailandeses, vietnamitas, japonenes y uno que otro que ofrece también comida occidental.
La música deliciosa permite hablar, lo que es un gran contraste con Asunción, y los olores cambian desde la vainilla hasta el incienso.
El jardín de Epicuro debió parecerse a este lugar donde se puede ver a los chinos gozar de su nueva prosperidad.
La prosperidad es para una gran mayoría de ellos, como para nosotros y como para cualquiera, sinónimo de libertad.
Por supuesto que existen cuestiones pendientes en China sobre la libertad, cuestiones graves, pero para cualquiera que tenga la oportunidad de disfrutar de un momento en Honglin será evidente en sí mismo que esta sociedad está vigorosamente encaminada hacia ella.
Los individuos que pueden comprar y vender, viajar y volver, estudiar, crecer y trabajar, elegir dónde vivir, qué hacer y cómo hacerlo, tienen ya una buena parte de las cosas que hacen a una sociedad libre.
Este es, a mi modo de ver, el verdadero cambio que se está produciendo en China, un cambio que merece ser estudiado con atención y, para los que creemos en la libertad, con regocijo.
En China se juega efectivamente el futuro de la libertad. Si la liberalización económica se mantiene, y esto quiere decir desarrollar sus exigencias de mayor participación y control populares para mejorar la competitividad, pronto no habrá Hugo Chávez o Nicanor Duarte Frutos capaces de ocultar a sus propios pueblos el hecho, muy notorio aquí, de que la economía de mercado es el mejor instrumento disponible hasta ahora para sacar a la gente de la pobreza y brindarle oportunidades de realización que las generaciones anteriores ni soñaban.
Esta clase de personajes, cuya aparición es recurrente en la historia humana, vive de imponer sacrificios a sus pueblos para alcanzar la utopía sórdida de convertir a sus sociedades en rebaños, en colmenas, en hormigueros.
Pero los seres humanos no somos ovejas, ni abejas, ni hormigas. No nos gustan los uniformes y estamos dotados de un cerebro diseñado para el placer.
China es, para Chávez o para Duarte Frutos, una amenaza, pero no por sus bajos costos o su captación de capitales, sino porque muestra que el camino correcto es exactamente el contrario al que ellos están andando.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 24 de mayo de 2007.
La sombra de Tienanmen*
Por Enrique Vargas Peña
La plaza de Teinanmen (plaza de la Paz Celestial), es una descomunal explanada que se extiende entre dos imponentes avenidas, la Qianmen Xidajie al sur y la Xichang´an Jie, al norte. Cruzando esta última avenida, se yerge silente y majestuosa la Ciudad Prohibida, lugar desde el que los emperadores gobernaron China durante los últimos setecientos años.
El oeste la limita el Gran Salón del Pueblo, faraónico edificio que Mao Zedong construyó al estilo stalinista que tanto le gustaba y al este, el Museo de Historia China.
Preside la plaza una gruesa columna, enorme también, que es el monumento "A los Héroes del Pueblo" a cuyo pie fueron muertos, en 1989, unos novecientos estudiantes que pedían democracia ya, apoyados por el entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang.
Ellos dan testimonio de que China no es aún una democracia y su sombra cubre todavía la reforma política.
Durante la entrevista que mantuvimos con Wang Chaowen, vicedirector de Xinhua, la agencia china de noticias, surgió el tema de la masacre de Tienanmen. Wang cortó abruptamente la conversación, diciendo que el tema no estaba previsto en la agenda de la reunión.
Sin embargo, Tienanmen ocurrió y los chinos tienen dificultades en explicarla.
Zhao Ziyang era un estrecho y cercano colaborador de Deng Xiaoping y ambos compartían la idea de la apertura, incluso en lo referente a la reforma política.
Las diferencias entre ambos aparecieron en el momento de resolver cómo administrar la resistencia de la línea dura del Partido Comunista, no solo opuesta a cualquier democratización, sino incluso a la apertura económica.
Zhao creía disponer de la fuerza necesaria dentro del Partido y del apoyo suficiente en el pueblo como para forzar un cambio acelerado. Deng, sobreviviente de la "Revolución Cultural" tenía un temor instintivo a las puebladas: Había sufrido en carne propia el rigor de las hordas estudiantiles lanzadas por Mao a barrer con todo.
Pero además, como jefe real del Partido, Deng conocía muy a fondo el verdadero, y precario, equilibrio de fuerzas internas y, a la vista de todos, se estaba produciendo en ese mismo momento el proceso de disolución de la vecina Unión Soviética.
Pasará seguramente algún tiempo todavía para que el mundo pueda conocer la intimidad del debate entre estos hombres, pero no es descabellado suponer que habrán revisado otros movimientos aperturistas radicales en el mundo comunista, como los de Hungría en 1956 y Checoeslovaquia en 1968, donde los reformistas, al acelerar decisivamente la velocidad del cambio, permitieron a los reaccionarios resistir y triunfar, retrotrayendo la situación a estadios de represión que se creían completamente superados.
La muerte del reformista radical Hu Yaobang, secretario general del Partido, fue la ocasión que aprovechó Zhao para alentar grandes movilizaciones populares por la democracia.
Indeciso primero, Deng hesitó un tiempo entre arriesgar la reforma económica por la política o salvar la reforma económica, calculando que una derrota de la política hundiría también a la económica.
La presión de la línea dura amenazaba todo el proceso. Si ella triunfaba, volverían los días mas oscuros del maoismo.
Finalmente, Deng se decidió por salvar la reforma económica y para horror de todos los demócratas del mundo, autorizó la disolución de las manifestaciones. El saldo fue trágico.
Casi veinte años después es fácil creer que Deng tuvo razón porque la reforma económica fue efectivamente salvada pues la línea dura del Partido Comunista fue dejada sin argumentos para retomar el poder.
Es fácil creer que Deng tuvo razón, porque la reforma económica está promoviendo sobre bases mucho más sólidas la reforma política.
Pero ahí están los caídos y ahí está el silencio de Wang Chaowen para recordarnos a todos que en China la larga marcha hacia la libertad aún continúa y transcurre por senderos minados de peligro.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
La plaza de Teinanmen (plaza de la Paz Celestial), es una descomunal explanada que se extiende entre dos imponentes avenidas, la Qianmen Xidajie al sur y la Xichang´an Jie, al norte. Cruzando esta última avenida, se yerge silente y majestuosa la Ciudad Prohibida, lugar desde el que los emperadores gobernaron China durante los últimos setecientos años.
El oeste la limita el Gran Salón del Pueblo, faraónico edificio que Mao Zedong construyó al estilo stalinista que tanto le gustaba y al este, el Museo de Historia China.
Preside la plaza una gruesa columna, enorme también, que es el monumento "A los Héroes del Pueblo" a cuyo pie fueron muertos, en 1989, unos novecientos estudiantes que pedían democracia ya, apoyados por el entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang.
Ellos dan testimonio de que China no es aún una democracia y su sombra cubre todavía la reforma política.
Durante la entrevista que mantuvimos con Wang Chaowen, vicedirector de Xinhua, la agencia china de noticias, surgió el tema de la masacre de Tienanmen. Wang cortó abruptamente la conversación, diciendo que el tema no estaba previsto en la agenda de la reunión.
Sin embargo, Tienanmen ocurrió y los chinos tienen dificultades en explicarla.
Zhao Ziyang era un estrecho y cercano colaborador de Deng Xiaoping y ambos compartían la idea de la apertura, incluso en lo referente a la reforma política.
Las diferencias entre ambos aparecieron en el momento de resolver cómo administrar la resistencia de la línea dura del Partido Comunista, no solo opuesta a cualquier democratización, sino incluso a la apertura económica.
Zhao creía disponer de la fuerza necesaria dentro del Partido y del apoyo suficiente en el pueblo como para forzar un cambio acelerado. Deng, sobreviviente de la "Revolución Cultural" tenía un temor instintivo a las puebladas: Había sufrido en carne propia el rigor de las hordas estudiantiles lanzadas por Mao a barrer con todo.
Pero además, como jefe real del Partido, Deng conocía muy a fondo el verdadero, y precario, equilibrio de fuerzas internas y, a la vista de todos, se estaba produciendo en ese mismo momento el proceso de disolución de la vecina Unión Soviética.
Pasará seguramente algún tiempo todavía para que el mundo pueda conocer la intimidad del debate entre estos hombres, pero no es descabellado suponer que habrán revisado otros movimientos aperturistas radicales en el mundo comunista, como los de Hungría en 1956 y Checoeslovaquia en 1968, donde los reformistas, al acelerar decisivamente la velocidad del cambio, permitieron a los reaccionarios resistir y triunfar, retrotrayendo la situación a estadios de represión que se creían completamente superados.
La muerte del reformista radical Hu Yaobang, secretario general del Partido, fue la ocasión que aprovechó Zhao para alentar grandes movilizaciones populares por la democracia.
Indeciso primero, Deng hesitó un tiempo entre arriesgar la reforma económica por la política o salvar la reforma económica, calculando que una derrota de la política hundiría también a la económica.
La presión de la línea dura amenazaba todo el proceso. Si ella triunfaba, volverían los días mas oscuros del maoismo.
Finalmente, Deng se decidió por salvar la reforma económica y para horror de todos los demócratas del mundo, autorizó la disolución de las manifestaciones. El saldo fue trágico.
Casi veinte años después es fácil creer que Deng tuvo razón porque la reforma económica fue efectivamente salvada pues la línea dura del Partido Comunista fue dejada sin argumentos para retomar el poder.
Es fácil creer que Deng tuvo razón, porque la reforma económica está promoviendo sobre bases mucho más sólidas la reforma política.
Pero ahí están los caídos y ahí está el silencio de Wang Chaowen para recordarnos a todos que en China la larga marcha hacia la libertad aún continúa y transcurre por senderos minados de peligro.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
China y Chávez*
Por Enrique Vargas Peña
China no es una democracia. Su régimen político está plagado de contradicciones y ellas pueden llegar a constituir una seria amenaza para el futuro del país.
Pero China está dejando de ser una dictadura. Tal vez en ninguna otra parte del mundo sea más evidente que aquí cómo la democracia es, realmente, el sistema más adecuado para lograr y mantener la eficiencia de una economía libre y cómo la economía liberándose es, verdaderamente, el modo más justo y más rápido para sacar a la gente de la pobreza.
Los problemas que se plantean los trabajadores y empresarios chinos, sus estudiantes, administradores y políticos, se originan todos en una sola gran pregunta que se realizan en todos los niveles: Cómo convertir a China en una economía más competitiva.
Y todas las respuestas confluyen en una sóla: Con más participación popular en la toma de decisiones y en el control del gasto público, es decir, con democratización.
La participación se está abriendo a las corporaciones (universidades, asociaciones profesionales, empresarios, sindicatos) pero todavía no al pueblo todo entero.
Como el proceso es muy dinámico, esta apertura política puede leerse, como un primer paso hacia una auténtica participación popular, que se resume en el conocido lema de la democracia: "Un hombre, un voto".
Es posible, aunque no probable, que aparezca algún sector retardatario en el Partido Comunista Chino que pretenda frenar allí la apertura, con lo que se corre el riesgo de repetir en China el experimento fascista de Mussolini, el Estado Corporativo.
Esta es una de las contradicciones potenciales mencionadas al principio.
Pero es poco probable que eso ocurra porque, hasta donde pude notar en las entrevistas que mantuve con secretarios (provinciales, municipales y locales) del Partido Comunista, ellos son los más entusiastas partidarios de la reforma.
Ellos saben mejor que nadie que los problemas que lastran la competitividad de la economía china y que, por tanto, restan oportunidades de progreso, se deben a la incapacidad estructural del sistema leninista de recibir información actualizada de las demandas sociales y de resolverlas con acuerdos generales.
De ahí la insistencia que están realizando sobre la necesidad de construir una sociedad armoniosa.
En Venezuela, y en Bolivia, y en Paraguay, se ha tomado el camino contrario. Mientras China está yendo de la tiranía a la libertad, Chávez y sus émulos latinoamericanos marchán desde la libertad hacia la tiranía.
Viendo a China, es fácil comprender que Hugo Chávez, el gran ídolo del presidente Duarte Frutos, no tiene idea de lo que hay que hacer para generar empleo y que en realidad es solamente una nueva versión de esa lamentable especie de demagogos religiosos que asuelan a América Latina cada cierto tiempo impidiendo su progreso.
Viendo a los chinos luchar trabajosamente para reducir la arbitrariedad, se comprende por qué Chávez y Duarte Frutos trabajan sin descanso por aumentarla.
Es porque ellos marchan hacia un objetivo distinto, que no es otro que reducir la participación y el control populares en el gobierno.
Los resultados están a la vista, son evidentes, China es cada vez más rica e importante y Venezuela y Paraguay son cada vez más dependientes de lo único que tienen, sus materias primas, los venezolanos petróleo, los paraguayos electricidad, aunque es justo admitir que la electricidad la construimos los paraguayos, los venezolanos ni eso, ellos simplemente encontraron el petróleo.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
China no es una democracia. Su régimen político está plagado de contradicciones y ellas pueden llegar a constituir una seria amenaza para el futuro del país.
Pero China está dejando de ser una dictadura. Tal vez en ninguna otra parte del mundo sea más evidente que aquí cómo la democracia es, realmente, el sistema más adecuado para lograr y mantener la eficiencia de una economía libre y cómo la economía liberándose es, verdaderamente, el modo más justo y más rápido para sacar a la gente de la pobreza.
Los problemas que se plantean los trabajadores y empresarios chinos, sus estudiantes, administradores y políticos, se originan todos en una sola gran pregunta que se realizan en todos los niveles: Cómo convertir a China en una economía más competitiva.
Y todas las respuestas confluyen en una sóla: Con más participación popular en la toma de decisiones y en el control del gasto público, es decir, con democratización.
La participación se está abriendo a las corporaciones (universidades, asociaciones profesionales, empresarios, sindicatos) pero todavía no al pueblo todo entero.
Como el proceso es muy dinámico, esta apertura política puede leerse, como un primer paso hacia una auténtica participación popular, que se resume en el conocido lema de la democracia: "Un hombre, un voto".
Es posible, aunque no probable, que aparezca algún sector retardatario en el Partido Comunista Chino que pretenda frenar allí la apertura, con lo que se corre el riesgo de repetir en China el experimento fascista de Mussolini, el Estado Corporativo.
Esta es una de las contradicciones potenciales mencionadas al principio.
Pero es poco probable que eso ocurra porque, hasta donde pude notar en las entrevistas que mantuve con secretarios (provinciales, municipales y locales) del Partido Comunista, ellos son los más entusiastas partidarios de la reforma.
Ellos saben mejor que nadie que los problemas que lastran la competitividad de la economía china y que, por tanto, restan oportunidades de progreso, se deben a la incapacidad estructural del sistema leninista de recibir información actualizada de las demandas sociales y de resolverlas con acuerdos generales.
De ahí la insistencia que están realizando sobre la necesidad de construir una sociedad armoniosa.
En Venezuela, y en Bolivia, y en Paraguay, se ha tomado el camino contrario. Mientras China está yendo de la tiranía a la libertad, Chávez y sus émulos latinoamericanos marchán desde la libertad hacia la tiranía.
Viendo a China, es fácil comprender que Hugo Chávez, el gran ídolo del presidente Duarte Frutos, no tiene idea de lo que hay que hacer para generar empleo y que en realidad es solamente una nueva versión de esa lamentable especie de demagogos religiosos que asuelan a América Latina cada cierto tiempo impidiendo su progreso.
Viendo a los chinos luchar trabajosamente para reducir la arbitrariedad, se comprende por qué Chávez y Duarte Frutos trabajan sin descanso por aumentarla.
Es porque ellos marchan hacia un objetivo distinto, que no es otro que reducir la participación y el control populares en el gobierno.
Los resultados están a la vista, son evidentes, China es cada vez más rica e importante y Venezuela y Paraguay son cada vez más dependientes de lo único que tienen, sus materias primas, los venezolanos petróleo, los paraguayos electricidad, aunque es justo admitir que la electricidad la construimos los paraguayos, los venezolanos ni eso, ellos simplemente encontraron el petróleo.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
La primavera es hermosa en Xian*
Por Enrique Vargas Peña
Cuando se habla con los jerarcas del Partido Comunista Chino se puede llegar a sentir una impresión un tanto abrasiva, asfixiante, sobre la influencia de la burocracia en la vida china y es fácil confundir los términos reales de la situación y creer, por ejemplo, que el sistema es similar al cubano o al que quiere implementar Hugo Chávez.
En la plaza Qujiang Chunxiao se reunen en las calientes noches de Xian miles de personas que llegan hasta allí para disfrutar de las bellezas del parque que se extiende a los pies de la pagoda de la Gran Gracia Maternal, o del Gran Ganso.
El lugar es mágico, iluminado por cientos de linternas (lámparas chinas de papel de colores, pero generalmente rojo) y allí se disfruta de una faceta muy distinta de la nueva China.
Gente de todas las edades busca pasar un rato placentero deambulando por los jardines o en los restaurantes, cines, salas de juego, con sus celulares (todos parecen tener uno), desarrollando vidas idénticas a las nuestras, en las que el tema no es dogma alguno sino el bienestar: Es el auto a comprar, el viaje a realizar o, simplemente, si se quiere comida americana o china y no cómo hacer frente a cualquier nueva ocurrencia de algún mesiánico iluminado de los de la clase de Evo Morales o Fidel Castro.
Esta primavera es hermosa para ellos, como lo cantan en una deliciosa obra escenificada en el teatro de los parques de Chang An Furongyuan, en la que jóvenes actores resaltan con un colorido festivo la tolerancia y la prosperidad de los tiempos de la Dinastía Tang que gobernó a China desde Xian.
Aquella gente en la plaza tiene más en común con sus coetáneos de Kansas City, Belo Horizonte o Asunción que con los de La Habana o Caracas.
Y eso que Xian y su provincia de Shaanxi son de las menos desarrolladas de China, están en el lugar número veinte sobre treinta y tres provincias que tiene el país.
Nos contaba Ma Zhongping, director de Informaciones del Partido Comunista provincial, que están compitiendo duramente con las regiones costeras del país para atraer inversiones que les permitan reducir y eventualmente eliminar las diferencias en el ingreso per cápita entre la provincia y, por ejemplo, Shanghai o Hangzhou.
Hoy por hoy, relataba Ma, apenas el cuarenta por ciento de la actividad económica de la provincia está en manos privadas, pero el gobierno y el Partido están redoblando esfuerzos para aumentar ese porcentaje.
Las autoridades políticas locales incluso están presionando para que la reforma económica se acelere en las áreas rurales, donde todavía sobrevive la propiedad pública de la tierra.
Entre paréntesis, tal vez valga la pena mencionar que el Partido Comunista funciona también como un centro de estudios estratégicos, al contrario que los partidos paraguayos, que hace mucho tiempo renunciaron a pensar en cualquier cosa que no sea el poder por el poder.
Ma piensa que al ritmo que están captando inversiones y desarrollando infraestructura, en diez años más podran pasar del actual ingreso per cápita de mil cuatrocientos dólares a uno de seis mil, el mismo que ahora tiene Hangzhou y su provincia.
Si se recuerda que hace apenas treinta años China no podía pagar ni la reparación de los baches en sus calles y que ahora es la cuarta economía del mundo, es probable que lo logren.
*enviado al diario La nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
Cuando se habla con los jerarcas del Partido Comunista Chino se puede llegar a sentir una impresión un tanto abrasiva, asfixiante, sobre la influencia de la burocracia en la vida china y es fácil confundir los términos reales de la situación y creer, por ejemplo, que el sistema es similar al cubano o al que quiere implementar Hugo Chávez.
En la plaza Qujiang Chunxiao se reunen en las calientes noches de Xian miles de personas que llegan hasta allí para disfrutar de las bellezas del parque que se extiende a los pies de la pagoda de la Gran Gracia Maternal, o del Gran Ganso.
El lugar es mágico, iluminado por cientos de linternas (lámparas chinas de papel de colores, pero generalmente rojo) y allí se disfruta de una faceta muy distinta de la nueva China.
Gente de todas las edades busca pasar un rato placentero deambulando por los jardines o en los restaurantes, cines, salas de juego, con sus celulares (todos parecen tener uno), desarrollando vidas idénticas a las nuestras, en las que el tema no es dogma alguno sino el bienestar: Es el auto a comprar, el viaje a realizar o, simplemente, si se quiere comida americana o china y no cómo hacer frente a cualquier nueva ocurrencia de algún mesiánico iluminado de los de la clase de Evo Morales o Fidel Castro.
Esta primavera es hermosa para ellos, como lo cantan en una deliciosa obra escenificada en el teatro de los parques de Chang An Furongyuan, en la que jóvenes actores resaltan con un colorido festivo la tolerancia y la prosperidad de los tiempos de la Dinastía Tang que gobernó a China desde Xian.
Aquella gente en la plaza tiene más en común con sus coetáneos de Kansas City, Belo Horizonte o Asunción que con los de La Habana o Caracas.
Y eso que Xian y su provincia de Shaanxi son de las menos desarrolladas de China, están en el lugar número veinte sobre treinta y tres provincias que tiene el país.
Nos contaba Ma Zhongping, director de Informaciones del Partido Comunista provincial, que están compitiendo duramente con las regiones costeras del país para atraer inversiones que les permitan reducir y eventualmente eliminar las diferencias en el ingreso per cápita entre la provincia y, por ejemplo, Shanghai o Hangzhou.
Hoy por hoy, relataba Ma, apenas el cuarenta por ciento de la actividad económica de la provincia está en manos privadas, pero el gobierno y el Partido están redoblando esfuerzos para aumentar ese porcentaje.
Las autoridades políticas locales incluso están presionando para que la reforma económica se acelere en las áreas rurales, donde todavía sobrevive la propiedad pública de la tierra.
Entre paréntesis, tal vez valga la pena mencionar que el Partido Comunista funciona también como un centro de estudios estratégicos, al contrario que los partidos paraguayos, que hace mucho tiempo renunciaron a pensar en cualquier cosa que no sea el poder por el poder.
Ma piensa que al ritmo que están captando inversiones y desarrollando infraestructura, en diez años más podran pasar del actual ingreso per cápita de mil cuatrocientos dólares a uno de seis mil, el mismo que ahora tiene Hangzhou y su provincia.
Si se recuerda que hace apenas treinta años China no podía pagar ni la reparación de los baches en sus calles y que ahora es la cuarta economía del mundo, es probable que lo logren.
*enviado al diario La nación de Paraguay el 23 de mayo de 2007.
lunes 28 de mayo de 2007
El derecho a guardar silencio*
Por Enrique Vargas Peña
"El derecho a guardar silencio podría ser garantizado" es el principal titular de tapa de la edición del 18 de mayo del "China Daily (China Al Día).
El reporte da cuenta de la introducción d un proyecto de ley de modificación del códigochino de Procedimientos Penales que está siendo preparado con la participación, entre otros, de profesores de la Universidad de Pekín a iniciativa de la Asociacion China de Abogados.
El artículo comienza diciendo lo siguiente:"Ud. tiene derecho a permancer callado. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra en una Corte de Justicia...Estas palabras , familiares para muchos a través de las películlas de Hollywood o de las series de policías y bandidos de televisión, podrán ser obligatorias para la Policía china si una enmienda al código de Procedimientos Penales, a ser tratada en octubre, es aprobada".
La Comisión Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, incluyó el proyecto en el orden del día de la sesión que ese mes tendrá la legislatura china.
El artículo cuenta que a raíz de numerosos casos de abuso policial en los interrogatorios y de errores generados por esos abusos, como el caso de Zhao Xinjian, que pasó ocho años en la cárcel acusado de un asesinato del que se declaró culpable debido a las torturas y que fue liberado ahora tras la aparición del verdadero asesino, diversos actores sociales plantearon la necesidad de modificar el vigente sistema que no produce resultados efectivos.
Otro caso notorio fue el de She Xianglin, que pasó once años en la cárcel por el asesinato de su esposa y que tuvo que ser liberado cuando ella apareció con vida.
El editorial, la posicion política del "China Daily" al día siguiente, 19, sobre el tema, se titula "Derecho al Silencio" y dice: "...si realmente queremos eliminar la tortura en la investigación criminal, nada puede ser más efectivo que garantizar al acusado el derecho al silencio".
Y agrega luego de otras consideraciones: "...la elevación de costos (pues algunos criminales quedarán libres) se probará beneficiosa si podemos evitar que ciudadanos inocentes sean incriminados".
El editorial del diario del día 18 tuvo un enfoque igualmente crítico sobre otro aspecto de la situación actual, haciendo referencia al Índice Forbes sobre tasación, que sitúa a China como el tercer país con impuestos más pesados en el mundo, solamente detrás de Francia y Bélgica.
El editorial dice: "Además del nivel de los impuestos, la gente se queja sobre la falta de información sobre a dónde va el dinero. El uso transparente del dinero es otro factor que determina la confianza pública".
Y concluye: "Esperamos que la lista de Forbes...impulse a nuestros pollíticos a enmendar los errores".
En el mismo sentido se pronunció el día anterior el "Oriental Morning Post" de Shanghai que sostiene que "Sin un sistema completo de seguridad social, los altos impuestos serán cuestionados. La miseria real resulta de altos impuestos y escasa seguridad social".
Sobre otro asunto, el "China Youth Daily" (Diario de la Juventud China) sostuvo el 18 de mayo que: "La participación de capital privado en la construcción de obras de infraestructura puede ayudar a mejorar la eficiencia y beneficiar al público".
Los anteriores son pequeños ejemplos, tomados al azar, de cómo discute hoy la prensa china las políticas oficiales, discusiones muy francas para provenir de medios que son todos de propiedad estatal.
Pero la necesidad de buscar financiamiento en el mercado, por imperio de la reforma económica, los está obligando a acercarse a la gente y a defender los intereses populares.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 20 de mayo de 2007.
"El derecho a guardar silencio podría ser garantizado" es el principal titular de tapa de la edición del 18 de mayo del "China Daily (China Al Día).
El reporte da cuenta de la introducción d un proyecto de ley de modificación del códigochino de Procedimientos Penales que está siendo preparado con la participación, entre otros, de profesores de la Universidad de Pekín a iniciativa de la Asociacion China de Abogados.
El artículo comienza diciendo lo siguiente:"Ud. tiene derecho a permancer callado. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra en una Corte de Justicia...Estas palabras , familiares para muchos a través de las películlas de Hollywood o de las series de policías y bandidos de televisión, podrán ser obligatorias para la Policía china si una enmienda al código de Procedimientos Penales, a ser tratada en octubre, es aprobada".
La Comisión Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, incluyó el proyecto en el orden del día de la sesión que ese mes tendrá la legislatura china.
El artículo cuenta que a raíz de numerosos casos de abuso policial en los interrogatorios y de errores generados por esos abusos, como el caso de Zhao Xinjian, que pasó ocho años en la cárcel acusado de un asesinato del que se declaró culpable debido a las torturas y que fue liberado ahora tras la aparición del verdadero asesino, diversos actores sociales plantearon la necesidad de modificar el vigente sistema que no produce resultados efectivos.
Otro caso notorio fue el de She Xianglin, que pasó once años en la cárcel por el asesinato de su esposa y que tuvo que ser liberado cuando ella apareció con vida.
El editorial, la posicion política del "China Daily" al día siguiente, 19, sobre el tema, se titula "Derecho al Silencio" y dice: "...si realmente queremos eliminar la tortura en la investigación criminal, nada puede ser más efectivo que garantizar al acusado el derecho al silencio".
Y agrega luego de otras consideraciones: "...la elevación de costos (pues algunos criminales quedarán libres) se probará beneficiosa si podemos evitar que ciudadanos inocentes sean incriminados".
El editorial del diario del día 18 tuvo un enfoque igualmente crítico sobre otro aspecto de la situación actual, haciendo referencia al Índice Forbes sobre tasación, que sitúa a China como el tercer país con impuestos más pesados en el mundo, solamente detrás de Francia y Bélgica.
El editorial dice: "Además del nivel de los impuestos, la gente se queja sobre la falta de información sobre a dónde va el dinero. El uso transparente del dinero es otro factor que determina la confianza pública".
Y concluye: "Esperamos que la lista de Forbes...impulse a nuestros pollíticos a enmendar los errores".
En el mismo sentido se pronunció el día anterior el "Oriental Morning Post" de Shanghai que sostiene que "Sin un sistema completo de seguridad social, los altos impuestos serán cuestionados. La miseria real resulta de altos impuestos y escasa seguridad social".
Sobre otro asunto, el "China Youth Daily" (Diario de la Juventud China) sostuvo el 18 de mayo que: "La participación de capital privado en la construcción de obras de infraestructura puede ayudar a mejorar la eficiencia y beneficiar al público".
Los anteriores son pequeños ejemplos, tomados al azar, de cómo discute hoy la prensa china las políticas oficiales, discusiones muy francas para provenir de medios que son todos de propiedad estatal.
Pero la necesidad de buscar financiamiento en el mercado, por imperio de la reforma económica, los está obligando a acercarse a la gente y a defender los intereses populares.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 20 de mayo de 2007.
La nueva China es el legado de Deng Xiaoping*
Por Enrique Vargas Peña
Una cosa muy notoria cuando se viaja dentro del territorio de la República Popular China es que todo lo que se ve, desde las autorpistas hasta las residencias, los edificios públicos, los shoppings, los autos, todo parece nuevo.
Y la verdad es que es nuevo.
Hace treinta escasos años, muy poco de lo que se ve ahora existía.
En 1949 el Partido Comunista encabezado por su líder histórico, Mao Zedong, triunfó en la Guerra Civil y se estableció solidamente en el gobierno. Este triunfo puso fin a casi treinta años de desintegración nacional que, a su vez, estaba provocando un impresionante empobrecimiento del país, que había caído a niveles inimaginables de necesidad.
Para entender mejor la situación que los comunistas encontraron, tal vez baste decir que la producción industrial china había estado sufriendo una caída constante y ya había hambrunas en China.
La manera de revertir eso fue aplicar el modelo económico que Stalin estaba usando en Rusia: fue abolida la propiedad privada y el Estado canalizó hacia la industrialización no solamente los recursos confiscados sino el esfuerzo de los chinos, que fueron sometidos a una rígida regimentación, en una escala sin precedentes en la historia de la humanidad: el consumo fue uniformizado y el trabajo fue impuesto según el principio marxista "a cada quien según su necesidad y de cada quien según su capacidad".
Si se habla solamente de números económicos, sin considerar que tras ellos hay seres humanos con deseos, esperanzas y pasiones, para 1958 la situación de China estaba estabilizada y la producción industrial pudo alcanzar los niveles que tenía a fines de los años de la década de 1920.
Llegado ese año 58, Mao había avanzado en la implementación de sus creencias hasta el punto de haber eliminado el uso de la moneda (reemplazándola por una suerte de cartillas de trueque que permitían al gobierno un control todavía más riguroso sobre los hábitos de consumo de la gente, para ajustarlos a los planes quinquenales) como si la moneda no fuera uno de los más eficaces mecanismos de información económica y de libertad creados por el hombre.
Tal vez quería eliminarla precisamente por eso, como pretenden también Fidel Castro y Hugo Chávez.
Los resultados no tardaron en llegar. Para 1960, según cifras en las que concuerdan historiadores chinos y occidentales, entre treinta y sesenta millones de personas murieron literalmente de hambre.
Mao se vio obligado a renunciar a sus puestos, siendo sucedido por Liu Shaoqi en la presidencia de la República y por Deng Xiaoping en el de secretario general de Partido Comunista, aunque retuvo el de presidente de esta organización.
Pero Mao no estaba derrotado, ni mucho menos. Con la ayuda del jefe del Ejército, Lin Biao, aprovechó la realización en 1966 de una obra teatral que lo criticaba para lanzar su "Revolución Cultural".
Millones de jóvenes estudiantes fueron organizados para salir a las calles a destruir todo vestigio de oposición y resistencia, ante la mirada deliberadamente indiferente de las fuerzas de seguridad.
Pocas veces vio el mundo un intento, casi exitoso, de creyentes tratando de retrotraer a la Edad de Piedra al país en el que vivían con tal de mantener la vigencia de sus creencias, como cuando la "Revolución Cultural".
Una gran parte de los pensadores chinos, los científicos, los artistas, los administradores, en cuya formación se habían invertido años y recursos y con cuyos conocimientos se mantenía el funcionamiento de la sociedad, fueron obligados a dedicarse exclusivamente a tareas agrícolas, cuando no directamente asesinados.
El patrimonio cultural chino, siglos y siglos de historia, fue atacado y destruido. Solo la falta de tiempo de los creyentes maoistas, los "guardias rojos", salvó a lo que quedó en pie.
El horror fue tan grande, en China es todavía hoy un tema tabú, que el
propio Lin Biao hizo un postrer intento por detenerlo, pero murió en un extraño accidente aéreo en 1971.
El presidente Liu fue encarcelado, Deng fue degradado.
China debió sufrir hasta 1977 la presencia en el poder, y la influencia en la vida pública, de los cuatro jefes operativos de la "Revolución Cultural", Yao Wenyuan, Wang Hongwen, Zhang Chunqiao y la propia mujer de Mao, Jiang Qing.
La muerte de Mao en 1976 les privó de sustento político y la mayoría en la dirección del Partido Comunista estaba muy ansiosa por poner fin al descalabro y al terror.
Esto es lo que hay que comprender para entender la fuerza y la radicalidad del cambio del que está gozando China hoy. El horror que sufrieron los sobrevivientes de la Revolución Cultural, no solo la gente común sino millones de miembros del propio Partido Comunista es lo que permite ser razonablemente optimistas acerca de que este cambio dificilmente tenga vuelta atrás.
Una de las primeras medidas políticas que tomó Hua Guofeng, sucesor de Mao en el poder, fue encarcelar a aquellos cuatro artífices de la "Revolución Cultural" y llamar de nuevo al gobierno a Deng Xiaoping.
Este anciano protagonista de la "Larga Marcha" (1934) que en última instancia permitió a los comunistas ganar la Guerra Civil tenía esa legitimidad, y la de haber sido perseguido durante le "Revolución Cultural", para proponer al Partido Comunista Chino nada menos que abandonar los dogmas que solo habían producido violencia y pobreza.
La nueva China no se está construyendo sobre dogmas mesiánicos sino sobre la visión práctica de un viejito, Deng, que vivió lo suficiente como para comprender que ninguna religión vale el sacrificio de tantas víctimas.
"Hacerse ricos es glorioso" fue el lema de Deng Xiaoping y, hasta donde pude ver en China hasta ahora, los resultados son asombrosos y son un monumento a la libertad.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 19 de mayo de 2007.
Una cosa muy notoria cuando se viaja dentro del territorio de la República Popular China es que todo lo que se ve, desde las autorpistas hasta las residencias, los edificios públicos, los shoppings, los autos, todo parece nuevo.
Y la verdad es que es nuevo.
Hace treinta escasos años, muy poco de lo que se ve ahora existía.
En 1949 el Partido Comunista encabezado por su líder histórico, Mao Zedong, triunfó en la Guerra Civil y se estableció solidamente en el gobierno. Este triunfo puso fin a casi treinta años de desintegración nacional que, a su vez, estaba provocando un impresionante empobrecimiento del país, que había caído a niveles inimaginables de necesidad.
Para entender mejor la situación que los comunistas encontraron, tal vez baste decir que la producción industrial china había estado sufriendo una caída constante y ya había hambrunas en China.
La manera de revertir eso fue aplicar el modelo económico que Stalin estaba usando en Rusia: fue abolida la propiedad privada y el Estado canalizó hacia la industrialización no solamente los recursos confiscados sino el esfuerzo de los chinos, que fueron sometidos a una rígida regimentación, en una escala sin precedentes en la historia de la humanidad: el consumo fue uniformizado y el trabajo fue impuesto según el principio marxista "a cada quien según su necesidad y de cada quien según su capacidad".
Si se habla solamente de números económicos, sin considerar que tras ellos hay seres humanos con deseos, esperanzas y pasiones, para 1958 la situación de China estaba estabilizada y la producción industrial pudo alcanzar los niveles que tenía a fines de los años de la década de 1920.
Llegado ese año 58, Mao había avanzado en la implementación de sus creencias hasta el punto de haber eliminado el uso de la moneda (reemplazándola por una suerte de cartillas de trueque que permitían al gobierno un control todavía más riguroso sobre los hábitos de consumo de la gente, para ajustarlos a los planes quinquenales) como si la moneda no fuera uno de los más eficaces mecanismos de información económica y de libertad creados por el hombre.
Tal vez quería eliminarla precisamente por eso, como pretenden también Fidel Castro y Hugo Chávez.
Los resultados no tardaron en llegar. Para 1960, según cifras en las que concuerdan historiadores chinos y occidentales, entre treinta y sesenta millones de personas murieron literalmente de hambre.
Mao se vio obligado a renunciar a sus puestos, siendo sucedido por Liu Shaoqi en la presidencia de la República y por Deng Xiaoping en el de secretario general de Partido Comunista, aunque retuvo el de presidente de esta organización.
Pero Mao no estaba derrotado, ni mucho menos. Con la ayuda del jefe del Ejército, Lin Biao, aprovechó la realización en 1966 de una obra teatral que lo criticaba para lanzar su "Revolución Cultural".
Millones de jóvenes estudiantes fueron organizados para salir a las calles a destruir todo vestigio de oposición y resistencia, ante la mirada deliberadamente indiferente de las fuerzas de seguridad.
Pocas veces vio el mundo un intento, casi exitoso, de creyentes tratando de retrotraer a la Edad de Piedra al país en el que vivían con tal de mantener la vigencia de sus creencias, como cuando la "Revolución Cultural".
Una gran parte de los pensadores chinos, los científicos, los artistas, los administradores, en cuya formación se habían invertido años y recursos y con cuyos conocimientos se mantenía el funcionamiento de la sociedad, fueron obligados a dedicarse exclusivamente a tareas agrícolas, cuando no directamente asesinados.
El patrimonio cultural chino, siglos y siglos de historia, fue atacado y destruido. Solo la falta de tiempo de los creyentes maoistas, los "guardias rojos", salvó a lo que quedó en pie.
El horror fue tan grande, en China es todavía hoy un tema tabú, que el
propio Lin Biao hizo un postrer intento por detenerlo, pero murió en un extraño accidente aéreo en 1971.
El presidente Liu fue encarcelado, Deng fue degradado.
China debió sufrir hasta 1977 la presencia en el poder, y la influencia en la vida pública, de los cuatro jefes operativos de la "Revolución Cultural", Yao Wenyuan, Wang Hongwen, Zhang Chunqiao y la propia mujer de Mao, Jiang Qing.
La muerte de Mao en 1976 les privó de sustento político y la mayoría en la dirección del Partido Comunista estaba muy ansiosa por poner fin al descalabro y al terror.
Esto es lo que hay que comprender para entender la fuerza y la radicalidad del cambio del que está gozando China hoy. El horror que sufrieron los sobrevivientes de la Revolución Cultural, no solo la gente común sino millones de miembros del propio Partido Comunista es lo que permite ser razonablemente optimistas acerca de que este cambio dificilmente tenga vuelta atrás.
Una de las primeras medidas políticas que tomó Hua Guofeng, sucesor de Mao en el poder, fue encarcelar a aquellos cuatro artífices de la "Revolución Cultural" y llamar de nuevo al gobierno a Deng Xiaoping.
Este anciano protagonista de la "Larga Marcha" (1934) que en última instancia permitió a los comunistas ganar la Guerra Civil tenía esa legitimidad, y la de haber sido perseguido durante le "Revolución Cultural", para proponer al Partido Comunista Chino nada menos que abandonar los dogmas que solo habían producido violencia y pobreza.
La nueva China no se está construyendo sobre dogmas mesiánicos sino sobre la visión práctica de un viejito, Deng, que vivió lo suficiente como para comprender que ninguna religión vale el sacrificio de tantas víctimas.
"Hacerse ricos es glorioso" fue el lema de Deng Xiaoping y, hasta donde pude ver en China hasta ahora, los resultados son asombrosos y son un monumento a la libertad.
*enviado al diario La Nación de Paraguay el 19 de mayo de 2007.
Hangzhou*
Por Enrique Vargas Peña
La ruta terrestre en Shanghai y Hangzhou es complicada. Es una autorpista de cuatro carriles por mano que ya no es suficiente para el tránsito, que es pesado.
No hay campo abierto propiamente en esa ruta, sino una sucesión de urbanizaciones que se levantan en el medio de cultivos a unos doscientos o trescientos metros de cada lado de la autopista, que está servida por varias estaciones de servicio al paso, moteles y supermercados, todos de una escala que en Paraguay tendríamos que llamar grande.
Así se va circulando hasta que las urbanizaciones son menos abiertas, las edificaciones más altas, los predios cada vez más cercanos a la carretera y, sin darse uno cuenta, está en Hangzhou, una ciudad de siete millones de habitantes de cuya existencia me enteré al llegar a China.
La primer impresión que ella produce es que no tiene el brillo de Shanghai, pero eso se entiende, porque Shanghai no está compitiendo con el interior de China, sino con París, Nueva York o Tokio.
Pero Hangzhou es una muy bella ciudad. Sus avenidas son anchísimas, todas son equivalentes a dos Mariscal López, una de ida y otra de venida, y todas de una limpieza impecable, con asfaltos que parecen mesas de billar, para deleite de los miles de automovilistas que circulan en sus autos nuevos, entre los que predominan los Santana de Volkswagen, que hasta donde pude averiguar se producen con licencia brasilera.
Los micros del transporte público son muy grandes y adentro son parecidos a los de Asunción, con una salvedad importante: están impecables, brillan.
A riesgo de que no se me crea, debo contar que estas avenidas son repasadas (del verbo repasar que ejecutan generalmente nuestras mujeres en los livings y dormitorios de nuestras casas en Asunción) dos veces al día por enormes camiones que arrojan agua a presión.
La ciudad es verdaderamente muy limpia.
Como en Shanghai, todo está en construcción. Los complejos residenciales se levantan por miles, de veinte o treinta pisos, vistos desde afuera con balcones más o menos amplios y con los famosos split bajo las ventanas.
Hangzhou se desarrolla alrededor del llamado Lago Occidental, mucho más pequeño que el Ypacarai según pude comprobar en el mapa, porque a simple vista parece mayor.
Aunque nos han tocado días más bien lluviosos o nublados (y creo que siempre está nublado) el windsurf parece bastante popular pues había navegando numerosas tablas con velas de rosado chillón y amarillo intenso.
Y la costa del lago es un jardín, en el más estricto sentido de la palabra. Lo han parquizado todo como esos jardines palaciegos que se ven en las películas sobre la antiguedad china.
En esta zona el paisaje urbano es como que más chino, con muchas pagodas, casas de te y construcciones del estilo tradicional del país oriental.
El centro comercial de la ciudad, aunque en todas las avenidas hay comercios, no es muy distinto a lo que se puede observar en cualquier parte del mundo o en Asunción misma, pero aquí es necesario regatear los precios porque los comerciantes chinos nada tienen que envidiar a sus colegas de Turquía.
Hangzhou es una de las principales mecas del turismo interno en China y eso se nota en los repletos hoteles y en las manadas de turistas paseando por los parques.
*enviado al diario La Nación el 17 de mayo de 2007
La ruta terrestre en Shanghai y Hangzhou es complicada. Es una autorpista de cuatro carriles por mano que ya no es suficiente para el tránsito, que es pesado.
No hay campo abierto propiamente en esa ruta, sino una sucesión de urbanizaciones que se levantan en el medio de cultivos a unos doscientos o trescientos metros de cada lado de la autopista, que está servida por varias estaciones de servicio al paso, moteles y supermercados, todos de una escala que en Paraguay tendríamos que llamar grande.
Así se va circulando hasta que las urbanizaciones son menos abiertas, las edificaciones más altas, los predios cada vez más cercanos a la carretera y, sin darse uno cuenta, está en Hangzhou, una ciudad de siete millones de habitantes de cuya existencia me enteré al llegar a China.
La primer impresión que ella produce es que no tiene el brillo de Shanghai, pero eso se entiende, porque Shanghai no está compitiendo con el interior de China, sino con París, Nueva York o Tokio.
Pero Hangzhou es una muy bella ciudad. Sus avenidas son anchísimas, todas son equivalentes a dos Mariscal López, una de ida y otra de venida, y todas de una limpieza impecable, con asfaltos que parecen mesas de billar, para deleite de los miles de automovilistas que circulan en sus autos nuevos, entre los que predominan los Santana de Volkswagen, que hasta donde pude averiguar se producen con licencia brasilera.
Los micros del transporte público son muy grandes y adentro son parecidos a los de Asunción, con una salvedad importante: están impecables, brillan.
A riesgo de que no se me crea, debo contar que estas avenidas son repasadas (del verbo repasar que ejecutan generalmente nuestras mujeres en los livings y dormitorios de nuestras casas en Asunción) dos veces al día por enormes camiones que arrojan agua a presión.
La ciudad es verdaderamente muy limpia.
Como en Shanghai, todo está en construcción. Los complejos residenciales se levantan por miles, de veinte o treinta pisos, vistos desde afuera con balcones más o menos amplios y con los famosos split bajo las ventanas.
Hangzhou se desarrolla alrededor del llamado Lago Occidental, mucho más pequeño que el Ypacarai según pude comprobar en el mapa, porque a simple vista parece mayor.
Aunque nos han tocado días más bien lluviosos o nublados (y creo que siempre está nublado) el windsurf parece bastante popular pues había navegando numerosas tablas con velas de rosado chillón y amarillo intenso.
Y la costa del lago es un jardín, en el más estricto sentido de la palabra. Lo han parquizado todo como esos jardines palaciegos que se ven en las películas sobre la antiguedad china.
En esta zona el paisaje urbano es como que más chino, con muchas pagodas, casas de te y construcciones del estilo tradicional del país oriental.
El centro comercial de la ciudad, aunque en todas las avenidas hay comercios, no es muy distinto a lo que se puede observar en cualquier parte del mundo o en Asunción misma, pero aquí es necesario regatear los precios porque los comerciantes chinos nada tienen que envidiar a sus colegas de Turquía.
Hangzhou es una de las principales mecas del turismo interno en China y eso se nota en los repletos hoteles y en las manadas de turistas paseando por los parques.
*enviado al diario La Nación el 17 de mayo de 2007
Se parece a Adam Smith*
Por Enrique Vargas Peña
El Partido Comunista Chino está desarrollndo una campaña publicitaria con el lema "Construyamos una sociedad socialista armoniosa" que, sin embargo, parece más basada en Adam Smith -"Breve Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones", 1776- que en Carlos Marx -"El Capital", 1873-.
Aunque no hay que descartar que estén trabajando sobre la confesión que el propio Marx hizo en la primera parte de su "Manifiesto Comunista" -1848- donde admite sin ambages que no hubo en la historia un periodo de mayor prosperidad para el género humano que el de la economía de mercado.
Hay en Hangzhou, ciudad de unos siete millones de habitantes donde me encuentro en este momento y que es la capital de la provincia de Zhejiang, una empresa, privada, la "Transfar".
Chen Min-er, ministro de Informaciones del gobierno provincial de Zhejiang y miembro del Comité Central del partido en la provincia, nos contaba que esta región es una de las de mayor crecimiento económico en China, la cuarta para ser precisos y que no por casualidad el setenta por ciento (70%) de la actividad económica de la misma efectivamente está en manos privadas, contra un cincuenta por ciento (50%) de promedio en el resto del país, lo que ya le permitió alcanzar un PIB per cápita de seis mil dólares, el segundo de China, después de Shanghai.
Xu Guanju, el propietario de Transfar, empezó un modesto negocio de químicos aprovechando los primeros pasos de la reforma de Deng Xiaoping -el verdadero fundador de esta nueva China-, en 1984, año en el que logró unos beneficios de quince mil dólares.
En 1986 formó el "Grupo Transfar", para trabajar en químicos y en agrotecnología, y este año (balance de 2006) logró ganancias (beneficios netos descontados los impuestos) que alcanzaron los seiscientos millones de dólares.
Entre paréntesis, hasta 1999 Xu Guanju tuvo que trabajar básicamente con sus propias reinversiones porque el sistema bancario no estaba diseñado aún para otorgar créditos a los particulares. Recién ese año eso cambio, cuando el sistema político percibió que trabajadores chinos como Xu estában perdiendo oportunidades.
En efecto, el proceso de formación de leyes en China era completamente autocrático y cerrado, lo realizaba el Partido Comunista en base a sus propias percepciones.
El Estado no tiene realmente aún un mecanismo adecuado para recibir información sobre las demandas de la sociedad, aunque hace un esfuerzo por escucharlas, se trata todavía de un esfuerzo sin estructuración institucional adecuada.
La necesidad de competitividad internacional del aparato productivo chino es la que está obligando al Partido Comunista a construir mejores y más eficaces estructuras de participación política, porque si no lo hace la economía perderá competitividad al no poder incorporar las demandas de sus actores con la debida velocidad y en los términos verdaderamente adecuados.
Por ejemplo, la gente que se dedicaba a la agricultura basaba sus estrategias de producción en rumores, en creencias o en comentarios de vecindario, pero no en información sobre el mercado, no había investigaciones de mercado para determinar la demanda exacta, lo que producía enórmes pérdidas.
Con la información mejorada, la productividad aumenta cada día.
Paradójicamente, por tanto, el sistema autoritario, montado y mantenido con el pretexto de minimizar la influencia extranjera, responde todavía, en los hechos, en la realidad, mucho más a los estímulos derivados de la competitividad extranjera que a los generados por el sector privado chino.
Lentamente, el Partido Comunista está comprendiendo esto y está dando algunos pasos para corregirlo, como ser la incorporación del sector empresarial a sus filas o la promoción de empresarios privados a puestos importantes en la base del proceso legislativo.
Por tomar un caso, en China, las empresas extranjeras pagaban menos impuestos que las nacionales. Los incipientes y todavía débiles esfuerzos por hacer más participativo el sistema, permitieron hacer ver al partido que esta era una inequidad que recién ahora ha sido corregida.
La nueva ley de propiedad, que otorga por primera vez reconocimiento y garantía legales a la propiedad privada, es otro ejemplo: Ella recoge las demandas de millones de personas que estaban restringiendo su potencial de inversiones ante el poder que tenía el Estado de arrebatarles sin más los frutos de sus esfuerzos.
Ahora, en China se pagan indemnizaciones previas y las disposiciones gubernativas son plenamente recurribles ante los tribunales.
En síntesis, el interés de Transfar y el otros millones como su propietario Xu por ganar más dinero está impulsando una mayor apertura del sistema político.
Adam Smith llamó a esto "la mano invisible" que impulsada por el interés particular promueve el bienestar general, algo que Hugo Chávez y Nicanor Duarte Frutos nunca lograron entender como sí lo están haciendo los comunistas chinos que saben que el poder de su país y eventualmente su propia influencia serán mayores cuanto más eficaz sea el sistema y que para hacerlo eficaz necesitan cada vez más participación popular en el gobierno.
Esto está lejos de ser una democracia, pero ciertamente están en el camino.
*Enviado al diario La Nación el 17 de mayo de 2007.
El Partido Comunista Chino está desarrollndo una campaña publicitaria con el lema "Construyamos una sociedad socialista armoniosa" que, sin embargo, parece más basada en Adam Smith -"Breve Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones", 1776- que en Carlos Marx -"El Capital", 1873-.
Aunque no hay que descartar que estén trabajando sobre la confesión que el propio Marx hizo en la primera parte de su "Manifiesto Comunista" -1848- donde admite sin ambages que no hubo en la historia un periodo de mayor prosperidad para el género humano que el de la economía de mercado.
Hay en Hangzhou, ciudad de unos siete millones de habitantes donde me encuentro en este momento y que es la capital de la provincia de Zhejiang, una empresa, privada, la "Transfar".
Chen Min-er, ministro de Informaciones del gobierno provincial de Zhejiang y miembro del Comité Central del partido en la provincia, nos contaba que esta región es una de las de mayor crecimiento económico en China, la cuarta para ser precisos y que no por casualidad el setenta por ciento (70%) de la actividad económica de la misma efectivamente está en manos privadas, contra un cincuenta por ciento (50%) de promedio en el resto del país, lo que ya le permitió alcanzar un PIB per cápita de seis mil dólares, el segundo de China, después de Shanghai.
Xu Guanju, el propietario de Transfar, empezó un modesto negocio de químicos aprovechando los primeros pasos de la reforma de Deng Xiaoping -el verdadero fundador de esta nueva China-, en 1984, año en el que logró unos beneficios de quince mil dólares.
En 1986 formó el "Grupo Transfar", para trabajar en químicos y en agrotecnología, y este año (balance de 2006) logró ganancias (beneficios netos descontados los impuestos) que alcanzaron los seiscientos millones de dólares.
Entre paréntesis, hasta 1999 Xu Guanju tuvo que trabajar básicamente con sus propias reinversiones porque el sistema bancario no estaba diseñado aún para otorgar créditos a los particulares. Recién ese año eso cambio, cuando el sistema político percibió que trabajadores chinos como Xu estában perdiendo oportunidades.
En efecto, el proceso de formación de leyes en China era completamente autocrático y cerrado, lo realizaba el Partido Comunista en base a sus propias percepciones.
El Estado no tiene realmente aún un mecanismo adecuado para recibir información sobre las demandas de la sociedad, aunque hace un esfuerzo por escucharlas, se trata todavía de un esfuerzo sin estructuración institucional adecuada.
La necesidad de competitividad internacional del aparato productivo chino es la que está obligando al Partido Comunista a construir mejores y más eficaces estructuras de participación política, porque si no lo hace la economía perderá competitividad al no poder incorporar las demandas de sus actores con la debida velocidad y en los términos verdaderamente adecuados.
Por ejemplo, la gente que se dedicaba a la agricultura basaba sus estrategias de producción en rumores, en creencias o en comentarios de vecindario, pero no en información sobre el mercado, no había investigaciones de mercado para determinar la demanda exacta, lo que producía enórmes pérdidas.
Con la información mejorada, la productividad aumenta cada día.
Paradójicamente, por tanto, el sistema autoritario, montado y mantenido con el pretexto de minimizar la influencia extranjera, responde todavía, en los hechos, en la realidad, mucho más a los estímulos derivados de la competitividad extranjera que a los generados por el sector privado chino.
Lentamente, el Partido Comunista está comprendiendo esto y está dando algunos pasos para corregirlo, como ser la incorporación del sector empresarial a sus filas o la promoción de empresarios privados a puestos importantes en la base del proceso legislativo.
Por tomar un caso, en China, las empresas extranjeras pagaban menos impuestos que las nacionales. Los incipientes y todavía débiles esfuerzos por hacer más participativo el sistema, permitieron hacer ver al partido que esta era una inequidad que recién ahora ha sido corregida.
La nueva ley de propiedad, que otorga por primera vez reconocimiento y garantía legales a la propiedad privada, es otro ejemplo: Ella recoge las demandas de millones de personas que estaban restringiendo su potencial de inversiones ante el poder que tenía el Estado de arrebatarles sin más los frutos de sus esfuerzos.
Ahora, en China se pagan indemnizaciones previas y las disposiciones gubernativas son plenamente recurribles ante los tribunales.
En síntesis, el interés de Transfar y el otros millones como su propietario Xu por ganar más dinero está impulsando una mayor apertura del sistema político.
Adam Smith llamó a esto "la mano invisible" que impulsada por el interés particular promueve el bienestar general, algo que Hugo Chávez y Nicanor Duarte Frutos nunca lograron entender como sí lo están haciendo los comunistas chinos que saben que el poder de su país y eventualmente su propia influencia serán mayores cuanto más eficaz sea el sistema y que para hacerlo eficaz necesitan cada vez más participación popular en el gobierno.
Esto está lejos de ser una democracia, pero ciertamente están en el camino.
*Enviado al diario La Nación el 17 de mayo de 2007.
La ecuación de Thatcher*
Por Enrique Vargas Peña
Tal vez uno de los mas reveladores aspectos del cambio que está ocurriendo en China en estos momentos se encuentre en el modo en que la globalización está afectando a la prensa china, un cambio que, a su vez, muestra como funciona la ecuación que formuló Margartet Thatcher a principios de la década de 1980, cuando era primera ministra de Inglaterra.
Ella sostuvo entonces que en China se vería pronto cómo una creciente libertad económica impulsa una creciente libertad política.
El motivo de la invitación que me cursó el Consejo de Estado de China para visitar su país fue un seminario sobre el rol de la prensa en las relaciones entre América Latina y China.
Por el país oriental estuvieron asisten el director de la Oficina de Informaciones del Consejo de Estado de la República Popular China, el director del Departamento Internacional del Yeimin Ribao (Diario del Pueblo), órgano oficial del Partido Comunista chino; el director de Opinión del mayor diario chino en lengua inglesa, el China Daily; el director para Europa y América Latina de Radio China Internacional; la directora del Departamento Internacional de la agencia oficial de noticias, Xinhua (China Nueva); la directora del Departamento Internacional de CCTV (Televisión Central China) y el presidente de la Asociación Nacional de Periodistas.
Lo menciono en detalle porque se trata de los rectores de la política china de prensa y como es notorio, estas personas tienen como tarea fundamental promocionar y defender las acciones del gobierno.
La preocupación que expresaron es relativa a que las informaciones sobre China en América Latina se originan, casi en un cien por ciento, en medios de comunicación de las potencias industrializadas: Estados Unidos, Japón, Inglaterra y Francia, en ese orden.
Y ellos creen que, en general, esos medios proyectan una imágen negativa de lo que sucede en China.
En el curso del debate, sin embargo, admitieron que el problema, si es que se puede llamar problema, no se debe a que China no tenga los mismos recursos que las organizaciones de prensa de los países mencionados (televisión satelital de 24 horas, radio satelital de 24 horas, diarios en idiomas internacionales, como los tienen CNN, BBC o el New York Times), sino a la atracción que las informaciones producidas son capaces de generar.
La necesidad de captar audiencia internacional está poniendo a los chinos en la obligación de revisar los contenidos para hacerlos competitivos y esto les está impeliendo a recurrir a técnicas de prensa que requieren de la inmediatez, lo que, a su vez, les impide materialmente mantener el grado de control editorial que antes ejercían las autoridades políticas.
Para que una noticia sea tal es necesario transmitirla cuando se producen los hechos que la generan, porque al usuario de un canal de noticias, por ejemplo, no le interesa una información vieja o arreglada.
Eso, que opera sobre el deseo de los medios oficiales chinos de entrar en el mercado global de las comunicaciones, también opera a nivel local.
Tomemos el ejemplo del Yemin Ribao, cuyo compromiso político con el Partido Comunista es directo y estructural.
La reforma económica dispuso que las empresas deben administrarse y financiarse según las reglas de mercado, lo que afectó también a ese diario.
Aunque su dirección es parte del Comité Central del Partido, debe vender circulación y avisos, como cualquier diario, y debe competir con los demás para interesar a los clientes.
De modo que a la hora de publicar algo, los editores del diario tienen ciertamente en cuenta las directrices del Partido, pero también y con creciente peso, los requerimientos del mercado.
Así es como en los últimos años el diario que era el expositor de la ortodoxia comunista, se ha visto en la necesidad de tener que publicar también él, por ejemplo, los escándalos de corrupción que sacuden al gobierno, pues los otros medios, que siguen siendo igualmente de propiedad pública, lo harán de cualquier manera, por las mismas razones.
Esto no significa que en China haya libertad de prensa. Salvo en Internet, donde el desarrollo es mucho más libre, nadie puede abrir un diario privado o una estación de radio o un canal de televisión.
Pero sí significa que China entró en una dinámica liberalizadora también en la prensa, que se origina en la liberalización económica y que difícilmente podrá ser revertida sin amenazar seriamente todo el proceso de reformas.
Margaret Thatcher creía que cuando los burócratas se sintieran en riesgo de perder sus privilegios o en el de verse descubiertos en actos indebidos intentarían detener la liberalización pero que para ese entonces cientos de millones de chinos se estarían beneficiando ya de la libertad económica por lo que el costo de detenerla sería simplemente imposible de pagar.
Es lo que está ocurriendo ahora mismo.
*Material enviado al diario La Nación de Paraguay el 17 de mayo de 2007.
Tal vez uno de los mas reveladores aspectos del cambio que está ocurriendo en China en estos momentos se encuentre en el modo en que la globalización está afectando a la prensa china, un cambio que, a su vez, muestra como funciona la ecuación que formuló Margartet Thatcher a principios de la década de 1980, cuando era primera ministra de Inglaterra.
Ella sostuvo entonces que en China se vería pronto cómo una creciente libertad económica impulsa una creciente libertad política.
El motivo de la invitación que me cursó el Consejo de Estado de China para visitar su país fue un seminario sobre el rol de la prensa en las relaciones entre América Latina y China.
Por el país oriental estuvieron asisten el director de la Oficina de Informaciones del Consejo de Estado de la República Popular China, el director del Departamento Internacional del Yeimin Ribao (Diario del Pueblo), órgano oficial del Partido Comunista chino; el director de Opinión del mayor diario chino en lengua inglesa, el China Daily; el director para Europa y América Latina de Radio China Internacional; la directora del Departamento Internacional de la agencia oficial de noticias, Xinhua (China Nueva); la directora del Departamento Internacional de CCTV (Televisión Central China) y el presidente de la Asociación Nacional de Periodistas.
Lo menciono en detalle porque se trata de los rectores de la política china de prensa y como es notorio, estas personas tienen como tarea fundamental promocionar y defender las acciones del gobierno.
La preocupación que expresaron es relativa a que las informaciones sobre China en América Latina se originan, casi en un cien por ciento, en medios de comunicación de las potencias industrializadas: Estados Unidos, Japón, Inglaterra y Francia, en ese orden.
Y ellos creen que, en general, esos medios proyectan una imágen negativa de lo que sucede en China.
En el curso del debate, sin embargo, admitieron que el problema, si es que se puede llamar problema, no se debe a que China no tenga los mismos recursos que las organizaciones de prensa de los países mencionados (televisión satelital de 24 horas, radio satelital de 24 horas, diarios en idiomas internacionales, como los tienen CNN, BBC o el New York Times), sino a la atracción que las informaciones producidas son capaces de generar.
La necesidad de captar audiencia internacional está poniendo a los chinos en la obligación de revisar los contenidos para hacerlos competitivos y esto les está impeliendo a recurrir a técnicas de prensa que requieren de la inmediatez, lo que, a su vez, les impide materialmente mantener el grado de control editorial que antes ejercían las autoridades políticas.
Para que una noticia sea tal es necesario transmitirla cuando se producen los hechos que la generan, porque al usuario de un canal de noticias, por ejemplo, no le interesa una información vieja o arreglada.
Eso, que opera sobre el deseo de los medios oficiales chinos de entrar en el mercado global de las comunicaciones, también opera a nivel local.
Tomemos el ejemplo del Yemin Ribao, cuyo compromiso político con el Partido Comunista es directo y estructural.
La reforma económica dispuso que las empresas deben administrarse y financiarse según las reglas de mercado, lo que afectó también a ese diario.
Aunque su dirección es parte del Comité Central del Partido, debe vender circulación y avisos, como cualquier diario, y debe competir con los demás para interesar a los clientes.
De modo que a la hora de publicar algo, los editores del diario tienen ciertamente en cuenta las directrices del Partido, pero también y con creciente peso, los requerimientos del mercado.
Así es como en los últimos años el diario que era el expositor de la ortodoxia comunista, se ha visto en la necesidad de tener que publicar también él, por ejemplo, los escándalos de corrupción que sacuden al gobierno, pues los otros medios, que siguen siendo igualmente de propiedad pública, lo harán de cualquier manera, por las mismas razones.
Esto no significa que en China haya libertad de prensa. Salvo en Internet, donde el desarrollo es mucho más libre, nadie puede abrir un diario privado o una estación de radio o un canal de televisión.
Pero sí significa que China entró en una dinámica liberalizadora también en la prensa, que se origina en la liberalización económica y que difícilmente podrá ser revertida sin amenazar seriamente todo el proceso de reformas.
Margaret Thatcher creía que cuando los burócratas se sintieran en riesgo de perder sus privilegios o en el de verse descubiertos en actos indebidos intentarían detener la liberalización pero que para ese entonces cientos de millones de chinos se estarían beneficiando ya de la libertad económica por lo que el costo de detenerla sería simplemente imposible de pagar.
Es lo que está ocurriendo ahora mismo.
*Material enviado al diario La Nación de Paraguay el 17 de mayo de 2007.
Globalización y revolución*
Por Enrique Vargas Peña
Hay dos conceptos que los paraguayos tendríamos que discutir considerando el proceso que se está viviendo en China.
Globalización y revolución.
Contrariamente a lo que cree Nicanor Duarte Frutos y su equipo de chavistas colorados, con la tal vez honrosa excepción del ministro José María Ibañez, la globalización no es tanto la destrucción de las fronteras para el capital como la de las fronteras para el trabajo.
Esto quiere decir simplemente que hoy la mano de obra está disponible en cualquier lugar del mundo. Quiere decir que ahora, cuando apenas está comenzando la globalización desde el punto de vista histórico, un emprendedor hindú o chino o paraguayo puede tomar mano de obra allí donde le resulta más barata y generar así una competencia ágil que, en general, barre con las estructuras preexistentes.
Esa es la razón por la que están aliados en el intento de frenar y eventualmente revertir la globalización las grandes empresas industriales de Estados Unidos y Hugo Chávez; los sindicatos alemanes y el Papa Benedicto XVI.
A ellos les importa poco o nada que la globalización sea el fenómeno que permitió que, literalmente, cerca de quinientos millones de chinos y unos trescientos millones de hindúes, por citar los casos más impresionantes, dejaran atrás la pobreza y pudieran brindar un buen pasar a sus familias. Ni que haya muchos millones más cerca de hacerlo.
Sin embargo, esto es una revolución.
En América Latina en general y en Paraguay en particular confundimos miserablemente el concepto de revolución con algunos sangrientos acontecimientos en los que la crueldad y la ignorancia humanas toman el control de la situación.
Por supuesto, hay revoluciones verdaderas que costaron sangre, pero no por haber costado sangre son revoluciones, sino por haber modificado la situación del ser humano desde una de menor libertad a otra de mayor libertad, desde una de pobreza a otra de riqueza, desde una de arbitrariedad a otra de legalidad.
China está inmersa en un proceso revolucionario, profundo, intenso, acelerado, donde esos cambios se están implementando: Hay más libertad, hay más riqueza, hay más legalidad.
No es que hayan alcanzado la meta. No. China es aún un Estado autoritario, que tiene todavía demasiados pobres y que sigue sufriendo muchas rémoras de arbitrariedad, pero su objetivo y su camino hacia el objetivo están claros.
Para el Partido Comunista chino, más claros que para nadie, segun lo conversado aquí con sus delegados encargados de responder a nuestras preguntas.
Es obvio que como todo proceso revolucionario, los riesgos acechan. Guy Sorman, quien estuvo hace poco tiempo viviendo en China para estudiar el cambio, adquirió una perspectiva pesimista y cree ahora que terminarán prevaleciendo los retardatarios –“El Imperio de las Mentiras”. Y Thomas Friedamn, otro observador de la globalización -"La Tierra es Plana" -, sostiene que el éxito de la libertad ciertamente está muy lejos de ser seguro.
Desde mi punto de vista, creo que se puede decir que, aún cuando esta revolución china termine fracasando, ha mostrado ya que la globalización es buena y que gracias a ella hay menos gente que sufre en el mundo.
*Material enviado al diario La Nación de Paraguay el 16 de mayo de 2007.
Hay dos conceptos que los paraguayos tendríamos que discutir considerando el proceso que se está viviendo en China.
Globalización y revolución.
Contrariamente a lo que cree Nicanor Duarte Frutos y su equipo de chavistas colorados, con la tal vez honrosa excepción del ministro José María Ibañez, la globalización no es tanto la destrucción de las fronteras para el capital como la de las fronteras para el trabajo.
Esto quiere decir simplemente que hoy la mano de obra está disponible en cualquier lugar del mundo. Quiere decir que ahora, cuando apenas está comenzando la globalización desde el punto de vista histórico, un emprendedor hindú o chino o paraguayo puede tomar mano de obra allí donde le resulta más barata y generar así una competencia ágil que, en general, barre con las estructuras preexistentes.
Esa es la razón por la que están aliados en el intento de frenar y eventualmente revertir la globalización las grandes empresas industriales de Estados Unidos y Hugo Chávez; los sindicatos alemanes y el Papa Benedicto XVI.
A ellos les importa poco o nada que la globalización sea el fenómeno que permitió que, literalmente, cerca de quinientos millones de chinos y unos trescientos millones de hindúes, por citar los casos más impresionantes, dejaran atrás la pobreza y pudieran brindar un buen pasar a sus familias. Ni que haya muchos millones más cerca de hacerlo.
Sin embargo, esto es una revolución.
En América Latina en general y en Paraguay en particular confundimos miserablemente el concepto de revolución con algunos sangrientos acontecimientos en los que la crueldad y la ignorancia humanas toman el control de la situación.
Por supuesto, hay revoluciones verdaderas que costaron sangre, pero no por haber costado sangre son revoluciones, sino por haber modificado la situación del ser humano desde una de menor libertad a otra de mayor libertad, desde una de pobreza a otra de riqueza, desde una de arbitrariedad a otra de legalidad.
China está inmersa en un proceso revolucionario, profundo, intenso, acelerado, donde esos cambios se están implementando: Hay más libertad, hay más riqueza, hay más legalidad.
No es que hayan alcanzado la meta. No. China es aún un Estado autoritario, que tiene todavía demasiados pobres y que sigue sufriendo muchas rémoras de arbitrariedad, pero su objetivo y su camino hacia el objetivo están claros.
Para el Partido Comunista chino, más claros que para nadie, segun lo conversado aquí con sus delegados encargados de responder a nuestras preguntas.
Es obvio que como todo proceso revolucionario, los riesgos acechan. Guy Sorman, quien estuvo hace poco tiempo viviendo en China para estudiar el cambio, adquirió una perspectiva pesimista y cree ahora que terminarán prevaleciendo los retardatarios –“El Imperio de las Mentiras”. Y Thomas Friedamn, otro observador de la globalización -"La Tierra es Plana" -, sostiene que el éxito de la libertad ciertamente está muy lejos de ser seguro.
Desde mi punto de vista, creo que se puede decir que, aún cuando esta revolución china termine fracasando, ha mostrado ya que la globalización es buena y que gracias a ella hay menos gente que sufre en el mundo.
*Material enviado al diario La Nación de Paraguay el 16 de mayo de 2007.
El llanto de los emigrados
Por Enrique Vargas Pena
Haciendo el largo periplo hacia China, pais cuyo Consejo de Estado organiza desde hoy un seminario para periodistas latinoamericanos en varias ciudaddes y al que vengo invitado, tuve que seguir la via Sao Paulo, Paris.
Se escucha mucho guaraní en los aviones que parten desde Sao Paulo hacia Europa. Desde que nos quedamos sin línea aérea nacional, es nuestro paso obligatorio, estamos en situación de servidumbre.
Para nuestros compatriotas, todos los vuelos que sirvan de conexión a España son útiles y se usan sin pedir disculpas. El vuelo a París en el que me tocó viajar tenía un treinta por ciento de pasajeros paraguayos. Una cifra que antes no se daba.
Supongo que esta extraordinaria presencia de compatriotas en este vuelo determinado no se debe a alguna convocatoria extraordinaria sino a que simplemente se repite en todos los vuelos.
Aunque estos viajes contribuirán sin duda a que muchos paraguayos vuelvan con mayor conciencia de nuestro atraso y de las injusticias en Paraguay, ese solo beneficio no justifica la pesadilla que deben pasar los nuestros.
Gente saliendo del país, exponiéndose al riesgo del maltrato, de la humillación, de la pérdida económica, de la desintegración emocional, de la repatriación forzada, todo, buscando un futuro mas digno.
Tan mal están que se exponen a vivir años en la clandestinidad con tal de encontrar la oportunidad de superar el infierno en que el régimen de Marzo y su sucesor convirtieron al Paraguay.
Muchas aerolíneas están ganando buen dinero con este flujo de paraguayos a Europa. Tal vez porque los sienten emigrantes, desesperados como todos los que deben dejar sus países, estas líneas han degradado sus servicios al mínimo, sirviendo comidas frías o pasadas, sin películas actualizadas como se proyectan en otros vuelos transatlánticos, con sistemas de sonido deteriorados y, en fin, con todo lo que caracteriza a prestaciones de segunda clase.
Al llegar a París, nuestros compatriotas con conexiones a España fueron segregados y sus pasaportes fueron retenidos a la salida de la manga del avión por la policía francesa. Fueron agrupados y se veía en ellos esa desesperación que las películas suelen retratar, por ejemplo, en los judíos descubiertos por los nazis. Así eran sus rostros.
Y el ministro Derlis Céspedes cree que se someten a esto porque tienen afán de lucro.
Haciendo el largo periplo hacia China, pais cuyo Consejo de Estado organiza desde hoy un seminario para periodistas latinoamericanos en varias ciudaddes y al que vengo invitado, tuve que seguir la via Sao Paulo, Paris.
Se escucha mucho guaraní en los aviones que parten desde Sao Paulo hacia Europa. Desde que nos quedamos sin línea aérea nacional, es nuestro paso obligatorio, estamos en situación de servidumbre.
Para nuestros compatriotas, todos los vuelos que sirvan de conexión a España son útiles y se usan sin pedir disculpas. El vuelo a París en el que me tocó viajar tenía un treinta por ciento de pasajeros paraguayos. Una cifra que antes no se daba.
Supongo que esta extraordinaria presencia de compatriotas en este vuelo determinado no se debe a alguna convocatoria extraordinaria sino a que simplemente se repite en todos los vuelos.
Aunque estos viajes contribuirán sin duda a que muchos paraguayos vuelvan con mayor conciencia de nuestro atraso y de las injusticias en Paraguay, ese solo beneficio no justifica la pesadilla que deben pasar los nuestros.
Gente saliendo del país, exponiéndose al riesgo del maltrato, de la humillación, de la pérdida económica, de la desintegración emocional, de la repatriación forzada, todo, buscando un futuro mas digno.
Tan mal están que se exponen a vivir años en la clandestinidad con tal de encontrar la oportunidad de superar el infierno en que el régimen de Marzo y su sucesor convirtieron al Paraguay.
Muchas aerolíneas están ganando buen dinero con este flujo de paraguayos a Europa. Tal vez porque los sienten emigrantes, desesperados como todos los que deben dejar sus países, estas líneas han degradado sus servicios al mínimo, sirviendo comidas frías o pasadas, sin películas actualizadas como se proyectan en otros vuelos transatlánticos, con sistemas de sonido deteriorados y, en fin, con todo lo que caracteriza a prestaciones de segunda clase.
Al llegar a París, nuestros compatriotas con conexiones a España fueron segregados y sus pasaportes fueron retenidos a la salida de la manga del avión por la policía francesa. Fueron agrupados y se veía en ellos esa desesperación que las películas suelen retratar, por ejemplo, en los judíos descubiertos por los nazis. Así eran sus rostros.
Y el ministro Derlis Céspedes cree que se someten a esto porque tienen afán de lucro.
lunes 14 de mayo de 2007
Shanghai, un nuevo espíritu recorre China
Por Enrique Vargas Peña
Cuando me avisaron que mi primera parada en la República Popular China sería Shanghai me prometí a mi mismo tratar de evitar los lugares comunes sobre el impacto que la apertura y la globalización han tenido en este país, pero voy a tener que romper ese compromiso porque se trata de algo verdaderamente sorprendente.
No me refiero sola o principalmente al aspecto físico de la ciudad, donde no cabe más remedio que señalar la riqueza y el esplendor de sus jardines públicos, avenidas, autopistas, hoteles, shoppings, bancos y complejos residenciales.
Aunque Shanghai había sido ya, antes, la principal puerta comercial de China y esto se nota en la rambla (el Bund, Waitan, en chino), donde los magníficos edificios construídos hasta los años treinta del siglo XX testimonian el antiguo desarrollo de la ciudad, el auge que hoy vive es asombroso.
Los barrios elegantes de la ciudad compiten descaradamente con París, Roma o Nueva York. Los edificios residenciales que se están construyendo cuentan en hechos lo que significa haber llegado antes que el resto de China, donde están en dos mil, a un PIB per cápita de siete mil dólares.Toda la ciudad está en construccion, lo que incluye un descomunal esfuerzo de reforestación que, efectivamente la ha hecho ya una urbe verde y agradable de caminar.
De paso, tal vez la intendenta Evanhy de Gallegos logre comprender, viendo Shanghai, cómo se mantienen las plazas y como se desarrolla un microcentro, con calles peatonales, basureros cada cincuenta metros, con los informales obligados a vender solamente en las horas en que los formales están cerrados, con un servicio de limpieza que a las diez de la noche está barriendo y baldeando toda la zona.
Si, hay muchos mendigos en Shanghai que piden caridad con una insistencia rayana en el abuso, lo que delata que el desarrollo está dejando rezagados, pero hay menos mendigos por cuadra en el centro de la ciudad que en nuestro centro, lo cual no es poco decir considerando que esta ciudad china tiene casi veinte millones de habitantes.
Pero lo verdaderamente sorprendente, sin embargo, se refiere a otro aspecto.
Tiene que ver con que aunque el gobierno no se anima a liberar completamente a la prensa, y ciertamente los derechos políticos son todavía mínimos, se ve creciente y pujante libertad de elegir.
Allí están los MacDonalds, los Hooters, las Pizza Huts, los Starbuck Coffes, al lado de los restaurantes chinos tradicionales. Está Armani, Dolce y Gabbana y las tiendas de ropa regional. Y están los revisteros, con publicaciones de todo el mundo, y los cibercafés, en buen número, menos de los que he visto en Peshawar, Pakistán, por ejemplo, pero más de los que he visto en Filadelfia, EEUU.
Pero también están el derecho a comprar y vender, a viajar o volver, a elegir casa o auto (aunque el impuesto de habilitación para circular por Shanghai es de unos cinco mil dólares) o lo que se compra para la heladera de la casa.
Como en los shoppings de Asunción, caminando por la Nanking Donglu, una de las más concurridas calles del centro de Shanghai, se ven personas de todas las edades disfrutando de sus nuevos juguetes tecnológicos. Los adolescentes compiten en exhibir la vestimenta menos conformista, hay amabilidad, sonrisas, buena onda.
Los novios se abrazan, las señoras miran las opulentas vidrieras, los ejecutivos de impecables trajes estacionan sus Mercedez, sus BMW, sus Lexus, sus Rolls Royce último modelo. Ya no hay regimentación.
Lo extraordinario es que hace treinta años los chinos no tenían otras opciones que las que determinaba el gobierno, desde Pekín, y tenían un cuarto del ingreso per cápita de los paraguayos.
Hace treinta años en pobres rutas de dos carriles se embotallaban las bicicletas. Hoy, se embotellan igual, pero en auto y en autopistas.
Wang Zhongwei, director del Departamento de Publicidad del Partido Comunista en Shanghai, explica el cambio de un modo en que Margaret Thatcher o Ronald Reagan hubieran envidiado: Entendimos, dijo, que para desarrollarnos teníamos que generar condiciones para que la gente se beneficie y esas condiciones convencieron incluso a la gente de afuera a invertir también ella.
Es el camino contrario al que proponen Chávez y Nicanor Duarte Frutos, su émulo.
Cuando me avisaron que mi primera parada en la República Popular China sería Shanghai me prometí a mi mismo tratar de evitar los lugares comunes sobre el impacto que la apertura y la globalización han tenido en este país, pero voy a tener que romper ese compromiso porque se trata de algo verdaderamente sorprendente.
No me refiero sola o principalmente al aspecto físico de la ciudad, donde no cabe más remedio que señalar la riqueza y el esplendor de sus jardines públicos, avenidas, autopistas, hoteles, shoppings, bancos y complejos residenciales.
Aunque Shanghai había sido ya, antes, la principal puerta comercial de China y esto se nota en la rambla (el Bund, Waitan, en chino), donde los magníficos edificios construídos hasta los años treinta del siglo XX testimonian el antiguo desarrollo de la ciudad, el auge que hoy vive es asombroso.
Los barrios elegantes de la ciudad compiten descaradamente con París, Roma o Nueva York. Los edificios residenciales que se están construyendo cuentan en hechos lo que significa haber llegado antes que el resto de China, donde están en dos mil, a un PIB per cápita de siete mil dólares.Toda la ciudad está en construccion, lo que incluye un descomunal esfuerzo de reforestación que, efectivamente la ha hecho ya una urbe verde y agradable de caminar.
De paso, tal vez la intendenta Evanhy de Gallegos logre comprender, viendo Shanghai, cómo se mantienen las plazas y como se desarrolla un microcentro, con calles peatonales, basureros cada cincuenta metros, con los informales obligados a vender solamente en las horas en que los formales están cerrados, con un servicio de limpieza que a las diez de la noche está barriendo y baldeando toda la zona.
Si, hay muchos mendigos en Shanghai que piden caridad con una insistencia rayana en el abuso, lo que delata que el desarrollo está dejando rezagados, pero hay menos mendigos por cuadra en el centro de la ciudad que en nuestro centro, lo cual no es poco decir considerando que esta ciudad china tiene casi veinte millones de habitantes.
Pero lo verdaderamente sorprendente, sin embargo, se refiere a otro aspecto.
Tiene que ver con que aunque el gobierno no se anima a liberar completamente a la prensa, y ciertamente los derechos políticos son todavía mínimos, se ve creciente y pujante libertad de elegir.
Allí están los MacDonalds, los Hooters, las Pizza Huts, los Starbuck Coffes, al lado de los restaurantes chinos tradicionales. Está Armani, Dolce y Gabbana y las tiendas de ropa regional. Y están los revisteros, con publicaciones de todo el mundo, y los cibercafés, en buen número, menos de los que he visto en Peshawar, Pakistán, por ejemplo, pero más de los que he visto en Filadelfia, EEUU.
Pero también están el derecho a comprar y vender, a viajar o volver, a elegir casa o auto (aunque el impuesto de habilitación para circular por Shanghai es de unos cinco mil dólares) o lo que se compra para la heladera de la casa.
Como en los shoppings de Asunción, caminando por la Nanking Donglu, una de las más concurridas calles del centro de Shanghai, se ven personas de todas las edades disfrutando de sus nuevos juguetes tecnológicos. Los adolescentes compiten en exhibir la vestimenta menos conformista, hay amabilidad, sonrisas, buena onda.
Los novios se abrazan, las señoras miran las opulentas vidrieras, los ejecutivos de impecables trajes estacionan sus Mercedez, sus BMW, sus Lexus, sus Rolls Royce último modelo. Ya no hay regimentación.
Lo extraordinario es que hace treinta años los chinos no tenían otras opciones que las que determinaba el gobierno, desde Pekín, y tenían un cuarto del ingreso per cápita de los paraguayos.
Hace treinta años en pobres rutas de dos carriles se embotallaban las bicicletas. Hoy, se embotellan igual, pero en auto y en autopistas.
Wang Zhongwei, director del Departamento de Publicidad del Partido Comunista en Shanghai, explica el cambio de un modo en que Margaret Thatcher o Ronald Reagan hubieran envidiado: Entendimos, dijo, que para desarrollarnos teníamos que generar condiciones para que la gente se beneficie y esas condiciones convencieron incluso a la gente de afuera a invertir también ella.
Es el camino contrario al que proponen Chávez y Nicanor Duarte Frutos, su émulo.
miércoles 9 de mayo de 2007
El caso Ortúzar*
Por Enrique Vargas Peña
La gente se burla de Rogelio Ortúzar cuando, en realidad, hay que llorar. El fiscal se convirtió en el símbolo de lo que está mal en nuestro país aunque, a pesar de ello, fue públicamente felicitado y alentado por el presidente de la República.
Ortúzar se definió a sí mismo como un compañero de los policías integrantes de la fuerza de tareas que eliminó a seis malvivientes el pasado fin de semana y así es considerado por los integrantes de la misma, que encontraron que el agente del ministerio público es valiente.
Se trata de una confusión de roles. El fiscal es el organizador de la investigación conducente a condenar a alguien en un juicio oral y público. Su tarea específica tiene que ver con la construcción de un caso de derecho basado en evidencias.
Eventualmente, un fiscal debe estar en posición, por ejemplo, de investigar la actuación policial en un determinado evento a ser investigado: negligencia, abuso o corrupción.
Cuando Ortúzar opta por convertirse en compañero de una fuerza de tareas policial, pierde la objetividad que la ley espera de él y elimina la garantía de que alguien está trabajando en su nombre que la sociedad necesita sobre la justicia.
Sin esa garantía y sin aquella objetividad, queda expedito el camino para el abuso, que con suerte puede afectar solamente a bandas de criminales, pero que generalmente excede ampliamente a las mismas para afectar a toda la sociedad.
Y aún cuando afectara a bandas de criminales solamente, el abuso no adquiere legitimidad. El Estado no puede cometerlos sin dejar de ser de Derecho. Estas son las pequeñas enormes sutilezas que el rústico presidente de la República que sufrimos no logra entender a pesar de todo lo que lee.
El caso peruano es ejemplificador: durante el primer gobierno de Alan García, para combatir al terrorismo, se rompieron los límites que en un Estado de Derecho definen a las diversas funciones y la fiscalía fue convertida en una especie de brazo fáctico de las fuerzas de seguridad.
Los resultados no se hicieron esperar. Ciertamente mataron a terroristas, pero ciertamente también mataron a mucha gente inocente.
Un paso más allá lo dieron los argentinos, un poco antes, con la dictadura militar, cuando la fiscalía también cumplió funciones parecidas. Miles de desaparecidos, miles de asesinados, miles de abusados y la sociedad paralizada por el terror, para beneficio de unos pocos ladrones públicos.
Ortúzar carece hoy de posición moral para investigar a los malos policías que pueden estar operando en la fuerza de tareas de la que es parte. No tiene la objetividad requerida para poner la lupa sobre Antonio Gamarra o Arístides Cabral. No está en posición de determinar si la operación que protagonizó incurrió o no en abusos que perjudicaron la investigación del secuestro de Hirokazu Ohta.
Ortúzar no puede investigar con objetividad ahora la vía abierta por las declaraciones de Christian Sebastián Morales Delfino, realizadas el 17 de abril pasado, en las que planteó su deseo de entregarse a la justicia y en las que denunció que no podía hacerlo por la vía ordinaria por la sencilla razón de que fue amenazado de muerte por la policía y extorsionado por ella.
Morales Delfino es uno de los ejecutados el pasado fin de semana y Ortúzar es uno de los integrantes de la fuerza de tareas que lo acribilló.
Parece obvio que no podrá ser objetivo en la investigación.
Si los malos están en la policía y el fiscal es su gozoso compañero, ¿quién podrá defendernos?
*Publicado en la edición del 9 de mayo de 2007 de La Nación de Paraguay
La gente se burla de Rogelio Ortúzar cuando, en realidad, hay que llorar. El fiscal se convirtió en el símbolo de lo que está mal en nuestro país aunque, a pesar de ello, fue públicamente felicitado y alentado por el presidente de la República.
Ortúzar se definió a sí mismo como un compañero de los policías integrantes de la fuerza de tareas que eliminó a seis malvivientes el pasado fin de semana y así es considerado por los integrantes de la misma, que encontraron que el agente del ministerio público es valiente.
Se trata de una confusión de roles. El fiscal es el organizador de la investigación conducente a condenar a alguien en un juicio oral y público. Su tarea específica tiene que ver con la construcción de un caso de derecho basado en evidencias.
Eventualmente, un fiscal debe estar en posición, por ejemplo, de investigar la actuación policial en un determinado evento a ser investigado: negligencia, abuso o corrupción.
Cuando Ortúzar opta por convertirse en compañero de una fuerza de tareas policial, pierde la objetividad que la ley espera de él y elimina la garantía de que alguien está trabajando en su nombre que la sociedad necesita sobre la justicia.
Sin esa garantía y sin aquella objetividad, queda expedito el camino para el abuso, que con suerte puede afectar solamente a bandas de criminales, pero que generalmente excede ampliamente a las mismas para afectar a toda la sociedad.
Y aún cuando afectara a bandas de criminales solamente, el abuso no adquiere legitimidad. El Estado no puede cometerlos sin dejar de ser de Derecho. Estas son las pequeñas enormes sutilezas que el rústico presidente de la República que sufrimos no logra entender a pesar de todo lo que lee.
El caso peruano es ejemplificador: durante el primer gobierno de Alan García, para combatir al terrorismo, se rompieron los límites que en un Estado de Derecho definen a las diversas funciones y la fiscalía fue convertida en una especie de brazo fáctico de las fuerzas de seguridad.
Los resultados no se hicieron esperar. Ciertamente mataron a terroristas, pero ciertamente también mataron a mucha gente inocente.
Un paso más allá lo dieron los argentinos, un poco antes, con la dictadura militar, cuando la fiscalía también cumplió funciones parecidas. Miles de desaparecidos, miles de asesinados, miles de abusados y la sociedad paralizada por el terror, para beneficio de unos pocos ladrones públicos.
Ortúzar carece hoy de posición moral para investigar a los malos policías que pueden estar operando en la fuerza de tareas de la que es parte. No tiene la objetividad requerida para poner la lupa sobre Antonio Gamarra o Arístides Cabral. No está en posición de determinar si la operación que protagonizó incurrió o no en abusos que perjudicaron la investigación del secuestro de Hirokazu Ohta.
Ortúzar no puede investigar con objetividad ahora la vía abierta por las declaraciones de Christian Sebastián Morales Delfino, realizadas el 17 de abril pasado, en las que planteó su deseo de entregarse a la justicia y en las que denunció que no podía hacerlo por la vía ordinaria por la sencilla razón de que fue amenazado de muerte por la policía y extorsionado por ella.
Morales Delfino es uno de los ejecutados el pasado fin de semana y Ortúzar es uno de los integrantes de la fuerza de tareas que lo acribilló.
Parece obvio que no podrá ser objetivo en la investigación.
Si los malos están en la policía y el fiscal es su gozoso compañero, ¿quién podrá defendernos?
*Publicado en la edición del 9 de mayo de 2007 de La Nación de Paraguay
lunes 7 de mayo de 2007
Ellos controlan la justicia*
Por Enrique Vargas Peña
La opinión pública está debatiendo el ya célebre escrache que se le brindó a Víctor Bogado el día de su casamiento y se percibe una suerte de entusiasmo para adherirnos ya al próximo que se realice a alguno de los amigos del presidente Duarte Frutos: Magdaleno Silva, Julio Colmán, Wildo Legal y algunos cuantos más.
Muchos esperamos que el próximo escrache no sea realizado por treinta y pocas personas, sino que logre convocar a algunos cientos de perjudicados por la quiebra moral del gobierno de Duarte Frutos.
Pero aún cuando logremos ser miles, persistirá el problema por la sencilla, y dramática, razón de que los que medran en la cosa pública controlan la justicia.
El Poder Judicial y el Ministerio Público paraguayos están controlados por el grupo de Duarte Frutos que impide así que las inconductas de sus integrantes reciban el castigo que merecen.
Este control del Poder Judicial y del Ministerio Público es obra de Juan Carlos Galaverna. La razón de la perdurable influencia del senador es que él es quien, en última instancia, maneja los hilos.
Aunque eventualmente sufre algunos contratiempos, como en el caso de Ivonne Irigoitia, el senador es el garante, para todo el equipo del presidente, de que nada se saldrá de control. Galaverna es quien les asegura la tranquilidad del sueño y por eso le deben tanto y le quieren todavía más.
Víctor Bogado puede reírse del fiscal Giuzzio, cuyo actual desempeño es llamativo por tratarse de una anomalía y no por ser extraordinario, porque más allá de las molestias implícitas en los titulares de los diarios una o dos veces al mes, está muy seguro de que llegado el caso puede contar con que jueces amigos le exoneren, como han exonerado a tantos otros antes.
Véase, como referencia, el caso del escribano Fernández Zaván, tan tranquilo gozando de cientos de miles de dólares que todos los paraguayos hemos pagado para su bienestar.
Pasados algunos meses del escándalo de la privatización de Copaco, el hombre está totalmente incorporado y plenamente activo en la vida social paraguaya.
Y así los aduaneros, los empresarios de frontera, los funcionarios, cuya parte del acuerdo es contribuir, en cada elección, con una parte de los beneficios que el sistema les otorga tan generosamente, a mantener en el poder al oficialismo que tan bien les atiende.
Esa es, entre paréntesis, la razón por la que el Congreso no dictará ley alguna referida al financiamiento de los partidos políticos, no sea que quede en evidencia la manera en que se nutren las arcas del nicanorismo.
El costo de todo esto es, para el resto de nosotros, el deterioro sin pausa de nuestras condiciones de vida, desde baches eternos hasta periódicos cortes de luz; desde asaltos asiduos hasta cada vez peores servicios públicos; desde cierre de oportunidades hasta disminución en la variedad de ofertas en los mercados.
Al grupo de Duarte Frutos no le importa, como es obvio cuando se observan las caras satisfechas de quienes se sentaron detrás de él en la Junta de Gobierno colorada el pasado sábado: todos pueden, como Bogado, mandar traer de Brasil, o de donde sea necesario, las cosas que ya no hay en Paraguay, como ser rosas.
Los escraches están bien, no serán mucho problema para los cómplices de Nicanor mientras se siga votando por Nelson Chávez y los que como él contribuyen a mantener el sistema.
*Publicado en la edición del miércoles 2 de mayo del diario La Nación de Paraguay.
La opinión pública está debatiendo el ya célebre escrache que se le brindó a Víctor Bogado el día de su casamiento y se percibe una suerte de entusiasmo para adherirnos ya al próximo que se realice a alguno de los amigos del presidente Duarte Frutos: Magdaleno Silva, Julio Colmán, Wildo Legal y algunos cuantos más.
Muchos esperamos que el próximo escrache no sea realizado por treinta y pocas personas, sino que logre convocar a algunos cientos de perjudicados por la quiebra moral del gobierno de Duarte Frutos.
Pero aún cuando logremos ser miles, persistirá el problema por la sencilla, y dramática, razón de que los que medran en la cosa pública controlan la justicia.
El Poder Judicial y el Ministerio Público paraguayos están controlados por el grupo de Duarte Frutos que impide así que las inconductas de sus integrantes reciban el castigo que merecen.
Este control del Poder Judicial y del Ministerio Público es obra de Juan Carlos Galaverna. La razón de la perdurable influencia del senador es que él es quien, en última instancia, maneja los hilos.
Aunque eventualmente sufre algunos contratiempos, como en el caso de Ivonne Irigoitia, el senador es el garante, para todo el equipo del presidente, de que nada se saldrá de control. Galaverna es quien les asegura la tranquilidad del sueño y por eso le deben tanto y le quieren todavía más.
Víctor Bogado puede reírse del fiscal Giuzzio, cuyo actual desempeño es llamativo por tratarse de una anomalía y no por ser extraordinario, porque más allá de las molestias implícitas en los titulares de los diarios una o dos veces al mes, está muy seguro de que llegado el caso puede contar con que jueces amigos le exoneren, como han exonerado a tantos otros antes.
Véase, como referencia, el caso del escribano Fernández Zaván, tan tranquilo gozando de cientos de miles de dólares que todos los paraguayos hemos pagado para su bienestar.
Pasados algunos meses del escándalo de la privatización de Copaco, el hombre está totalmente incorporado y plenamente activo en la vida social paraguaya.
Y así los aduaneros, los empresarios de frontera, los funcionarios, cuya parte del acuerdo es contribuir, en cada elección, con una parte de los beneficios que el sistema les otorga tan generosamente, a mantener en el poder al oficialismo que tan bien les atiende.
Esa es, entre paréntesis, la razón por la que el Congreso no dictará ley alguna referida al financiamiento de los partidos políticos, no sea que quede en evidencia la manera en que se nutren las arcas del nicanorismo.
El costo de todo esto es, para el resto de nosotros, el deterioro sin pausa de nuestras condiciones de vida, desde baches eternos hasta periódicos cortes de luz; desde asaltos asiduos hasta cada vez peores servicios públicos; desde cierre de oportunidades hasta disminución en la variedad de ofertas en los mercados.
Al grupo de Duarte Frutos no le importa, como es obvio cuando se observan las caras satisfechas de quienes se sentaron detrás de él en la Junta de Gobierno colorada el pasado sábado: todos pueden, como Bogado, mandar traer de Brasil, o de donde sea necesario, las cosas que ya no hay en Paraguay, como ser rosas.
Los escraches están bien, no serán mucho problema para los cómplices de Nicanor mientras se siga votando por Nelson Chávez y los que como él contribuyen a mantener el sistema.
*Publicado en la edición del miércoles 2 de mayo del diario La Nación de Paraguay.
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