miércoles 25 de abril de 2007

Ideología y progreso*

Por Enrique Vargas Peña

Después de mucho tiempo, el próximo sábado se hablará de ideología en el Partido Colorado. Es una pena que la ocasión no sea aprovechada para una discusión ideológica, ya que el oficialismo se limitará a imponer a la ANR los puntos de vista que, a su vez, Nicanor Duarte Frutos dictó al movimiento de Reconciliación Colorada.

De cualquier manera, la iniciativa ideológica de Duarte Frutos merece aplauso, pues nos obligará a todos a reflexionar sobre aquello en lo que creemos, sobre lo que creen los demás y, sobre todo, sobre si eso que se cree beneficia o no al pueblo paraguayo.

Nuestro país lleva padeciendo hace setenta años, más o menos, la ideología formulada por Natalicio González. Este pensador y político se formó y vivió en el tiempo de la gran reacción antidemocrática y antiliberal del siglo XX.

Nuestra percepción acerca del plano de las ideologías está muy influida por el cuadro que de ella se generó durante la Revolución Francesa de 1789: izquierda, centro y derecha, donde a la izquierda se sitúan los enemigos del poder establecido, en el centro los moderados y a la derecha los amigos del poder.

La anterior Revolución Inglesa de 1688 generó una percepción un tanto distinta: los liberales, enemigos del poder establecido; los conservadores, amigos del poder.

Es obvio que esas ideas básicas están llenas de matices aunque, en líneas generales, se puede resumir la cuestión diciendo que en el mundo de las ideas políticas el debate siempre ha girado en torno a si queremos un Estado que nos dirija la vida o si, en cambio, deseamos dirigirnos la vida nosotros mismos.

Cuando Natalicio estudiaba y observaba el mundo, las conquistas democráticas llevaban casi un siglo y medio implementándose y los conservadores se habían atrincherado en algunos experimentos notables para discutirlas: la Unión Soviética, Italia fascista y Alemania nazi. En América Latina, un caso suigeneris era México.

Natalicio creía que el Estado debía dirigirnos la vida. La Revolución Mexicana, con su glorificación del poder público, lo apasionaba, pero sin que ello le impidiera estudiar con simpatía los experimentos de Stalin, Mussolini e Hitler, en los que veía en cierta manera una reivindicación del régimen de Gaspar Francia y los López.

Natalicio era, ciertamente, estatista y, ciertamente también, socialista, si por socialismo entendemos la promoción de la mayor presencia posible del Estado en la regulación de la vida económica.

La propuesta de Nicanor, de situar claramente al Partido Colorado en el socialismo, no es nueva ni es inconsistente con lo que de hecho ha estado haciendo el coloradismo.

Pero Duarte Frutos no hace esto solo por el socialismo, sino por el autoritarismo. No hay que olvidar que como la mayor parte de los amigos del poder, Natalicio también era profundamente autoritario.

Si hubiera un verdadero debate ideológico el sábado, los convencionales colorados preguntarían si la ideología de Natalicio benefició o perjudicó al Paraguay.

Creo que la respuesta es evidente con solo salir a la calle.

*Publicado en la edición del miércoles 25 de abril de 2007 de La Nación de Paraguay.

jueves 19 de abril de 2007

En mi barrio, todo sigue empeorando*

Por Enrique Vargas Peña

Los cien primeros días de Evanhy al frente de la Intendencia ya fueron analizados por todos los medios desde una perspectiva general, y hay una especie de consenso sobre que la nueva administración está igual de empantanada que la anterior en el lodazal del prebendarismo colorado que, como se le advirtió desde antes del principio, terminaría impidiendo cualquier mejora en la ciudad.

Las cosas no son distintas a nivel particular.

En mi barrio, el microcentro de la ciudad, la decadencia tesoneramente perseguida por Enrique Riera continúa aceleradamente y por las mismas causas.

El microcentro de Asunción está siendo destruido por la falta de inversión. La gente no invierte porque es realmente riesgoso hacerlo considerando que, por ejemplo, las veredas son propiedad de informales que no pagan tasas ni impuestos equiparables a quienes quieren abrir negocios formales y contra los que no se puede competir, protegidos como están por el municipio.

Si uno quiere abrir o mantener un negocio formal, debe sufrir el peso de la burocracia municipal, con sus tremendamente prolongados trámites, sus vericuetos insondables y las sórdidas ofertas para acelerar los trámites por vía indebida.

Si uno, en cambio, se instala al margen de todo eso y con un buen padrino, puede prosperar.

El municipio protege a los informales, no a los formales, porque aquellos son operadores de algún capo político. Hay que recordar aquel escándalo de los containers de ropa barata, que son las que se venden en las veredas del microcentro, que la prensa vinculó incluso al presidente de la República.

La municipalidad incentiva la marginalización del microcentro, tolerando además el funcionamiento de locales en condiciones totalmente irregulares, como el Vikingo Bar, en Colón esquina Estrella.

El actual Vikingo Bar era el Cafecito's Pub que fue clausurado al cabo de años y años de funcionamiento irregular. Pero sus propietarios, los Montouto, tienen alguna varita mágica especial pues lograron que en dos o tres días el municipio de Evanhy les habilite a seguir operando el mismo local aunque, claro, con nombre distinto.

Los fiscales del Ambiente y los inspectores municipales, para no hablar ya de la Policía, simplemente abdicaron de sus obligaciones de hacer cumplir la Ley 1100 y las ordenanzas referidas a sonidos molestos.

Frente a las valientes y formales inyecciones de dinero y esfuerzo que hicieron Burger King, Pancholo's, Rodizio y Farmacia Vicente Scavone, un grupo de vendedores informales tiene instalado un ensordecedor equipo de música que opera con la más completa complicidad de las autoridades, todos los días.

En el microcentro, a partir de las 23 horas, no se puede dormir porque locales con padrinos en la administración municipal están literalmente por encima de la ley.

Estos locales irregulares, como trabajan en la precariedad, no pueden convocar más que a una clientela lamentable que termina protagonizando desórdenes callejeros.

Es obvio que serán cada vez menos los que arriesguen inversiones serias en un lugar que no puede planearse para el consumo, el disfrute o el esparcimiento de las familias que, simplemente, optan por no ir más al microcentro.

Evanhy está en conocimiento de todo esto -se lo expuse personalmente-, pero parece resignada a no actuar. Sé que no es tanto porque no quiere como porque no puede tocar los intereses de sus correligionarios y amigos o los de sus eventuales aliados.

*Publicado en la edición del miércoles 18 de abril de 2007 de La Nación de Paraguay.

viernes 13 de abril de 2007

La estrategia de Nicanor*

Por Enrique Vargas Peña

El presidente Nicanor Duarte Frutos está implementando una estrategia para permanecer en el poder más allá de 2008. Mientras la oposición se esfuerza en destrozarse a sí misma, Duarte Frutos está dando los toques finales de su asalto al poder.

Uno o dos pequeños reveses no modifican su determinación.

El giro a la izquierda no es un capricho del presidente. Es el resultado de un cálculo seguramente muy meditado, es un doble jaque, de esos que definen las partidas de ajedrez de los aficionados.

En primer lugar busca robar las banderas que Fernando Lugo enarbola, buscando restar el potencial atractivo de un candidato socialista para los pobres creados por la corrupción del régimen iniciado el 28 de marzo de 1999.

No solamente las banderas desea el presidente. Duarte Frutos intenta robarle incluso la mayor parte de las organizaciones de izquierda que alegremente justifican la destrucción del Estado de Derecho en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia, a las que pronto veremos justificando también la destrucción de la endeble democracia paraguaya pues, si el presidente tiene éxito, esa es la orden que recibirán desde Caracas.

No tendrán demasiados problemas estomacales para hacerlo, acostumbrados como están a adular al dictador cubano Fidel Castro, el más antiguo del mundo.

Pero el objetivo principal del giro a la izquierda de Duarte Frutos es convertirse en socio del club de Hugo Chávez, que integran ya Rafael Correa de Ecuador, Evo Morales de Bolivia y Daniel Ortega de Nicaragua.

Un club que aporta además la simpatía de Néstor Kirchner de Argentina, la neutra empatía de Michelle Bachelet de Chile y de Tabaré Vázquez de Uruguay y, sobre todo, la aquiescencia de Lula da Silva de Brasil, para quien Duarte Frutos reserva una sumisión especial.

Ser miembro del club de Hugo Chávez le otorgará a Duarte Frutos una ventaja decisiva en el juego de poder que se está desarrollando en nuestro país: el reconocimiento internacional en cualquier circunstancia, incluso en la de violar la Constitución más groseramente de lo que se ha acostumbrado a hacer.

Pues de eso se trata el chavismo: es la más cruda reivindicación de la omnipotencia gubernamental formulada en América Latina desde los días en que Jorge Rafael Videla proclamaba en Argentina la potestad gubernamental de matar incluso a los adolescentes que reclamaban el boleto estudiantil.

Esa es la razón por la que el canciller Ramírez Lezcano obedeció la orden de Duarte Frutos de dejar que Brasil mate la Cláusula Democrática de Mercosur, que se había suscrito en Ushuaia en 1998 a pedido de Paraguay, y que ahora fue derogada porque Brasilia necesita a Venezuela dentro del bloque a pesar de que ese país sufre una dictadura, un régimen en el que alguien, no importa si bueno o malo, reúne la suma del poder.

El asalto autoritario de Duarte Frutos contará, en efecto, con la militante complicidad de Brasil, país al que los paraguayos jamás deberíamos perdonar su apoyo a un nuevo régimen de fuerza, pues para seguir expoliando Itaipú los brasileños son capaces de cualquier cosa, incluso del horrendo crimen de apoyar el secuestro de nuestras libertades.

Lo han hecho en Perú con Fujimori, lo están haciendo ahora en Venezuela, en Ecuador y en Bolivia.

De modo que, girando a la izquierda, Duarte Frutos podrá dar su golpe de Estado, tal vez mañana mismo, sin que ello le reste reconocimiento internacional, para establecer sin ser molestado desde afuera su dictadura sobre nuestro país.

*Publicado en la edición del miércoles 11 de abril de La Nación de Asunción.

sábado 7 de abril de 2007

Emulando a Correa

El giro a la izquierda de Nicanor Duarte Frutos es el anuncio de que empezará a recurrir, como Rafael Correa de Ecuador, a organizaciones como la de los “Si Techo” para imponer por la fuerza algunas medidas legislativas que el pueblo paraguayo le niega.

Se anuncia para el jueves una marcha de las organizaciones “Sin Techo”, una de ellas presidida por Felipe Cabrera, contra el Congreso. Desde hace mucho tiempo estas organizaciones fueron convertidas en apéndice del oficialismo mediante fondos prebendarios que ahora se les otorga a través del ministerio de Acción Social, dirigido por Judith Andrashko. El Congreso haría mal en no modificar la ley para que la ayuda para los necesitados de vivienda ya no se canalice a través de estas organizaciones.

Las organizaciones “Sin Techo” actuarán como una milicia del oficialismo debido al financiamiento prebendario que reciben de la secretaría de Acción Social. El diputado Eduardo Nery Huerta señaló que esos fondos deben manejarse de manera transparente. Para ello es imperativo eliminar la mediación de estas organizaciones para reemplazarla por una relación directa entre el Estado y el beneficiario, resultante de la existencia probada de las necesidades objetivas de este último.

La obligación de las autoridades del Congreso, especialmente Enrique González Quintana, es mantener la integridad del Poder al que representan ante el intento de golpe de timón que prepara el Poder Ejecutivo para arrancar por la fuerza la reelección presidencial.

A medida que pasan las horas se hace cada vez más evidente la jugada del presidente Duarte Frutos. Los líderes de la oposición, cuyo mayor partido preside el liberal Blas Llano, no deberían permanecer indiferentes ante la ruptura que se plantea.

jueves 5 de abril de 2007

Los neolegionarios* *

Por Enrique Vargas Peña

El presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, y el grupo que le acompaña en el gobierno y en el movimiento de Reconciliación Colorada, están diciendo, para todo aquel que tenga oídos, que su intención es diluir la independencia de nuestro Paraguay en una entidad que será gobernada desde Brasilia y Caracas.

Es cuestión de leer y entender, por ejemplo, el discurso de Nicanor Duarte Frutos del 18 de marzo de 2007 o el más reciente del senadorNelson Argaña del 31 de marzo de 2007.

Duarte Frutos carece de facultades constitucionales para comprometer la independencia de la República (los Artículos 1, 143 y 145 de la Constitución se lo prohíben expresamente) y, claramente, no recibió mandato popular, en abril de 2003, para proponer o ensayar una disminución de nuestra soberanía nacional.

El escaso treinta y siete por ciento que lo votó, que además no votó entregar la soberanía nacional, no podía enajenar ni aunque quisiera la libertad del sesenta y tres por ciento restante del país.

Los acuerdos de integración no pueden realizarse a costa del interés nacional establecido en los documentos fundacionales de la Independencia paraguaya, específicamente de los términos de la Nota del 20 de julio de 1811.

Sin embargo, Duarte Frutos y quienes lo acompañan en el movimiento de Reconciliación Colorada, están menoscabando la independencia nacional en base a necesidades que nada tienen que ver con las de nuestro país.

Ocurre que el presidente recibe de Brasil un dinero, a través de Itaipú, que no quiere arriesgar defendiendo los intereses paraguayos.

Como siempre quiso usarlo discrecionalmente, nunca le dio estatus como un derecho paraguayo en la binacional, sino como una dádiva de Brasil al que le ha otorgado así la potestad darla o negarla según las necesidades de Itamaratí.

El presidente prefiere, pues, servir al interés brasileño porque con eso asegura sus recursos.

La aparición de Fernando Lugo, además, aceleró este posicionamiento internacional neolegionario de Duarte Frutos, seguramente porque sigue influido por el libro que dicen que leyó durante el verano de 2002, "El Nuevo Príncipe" de Dick Morris, cuya gran receta para ganar elecciones es robar al adversario las banderas que este enarbola.

Así que ahora, Duarte Frutos afirma ser de izquierda, de la izquierda chavista para ser más precisos, y como tal, encuentra también la excusa ideológica para diluir la independencia nacional paraguaya en aras del sueño bolivariano.

Pero como se sabe, Paraguay había rechazado en forma expresa y tajante el integracionismo de Simón Bolívar por considerar que era una simple reedición del Imperio Español, solo que gobernado desde América, es decir con un Paraguay tan provinciano como antes.

Pero claro, a Duarte Frutos le importa poco o nada el legado de los padres de la patria paraguaya, porque lo suyo es mandar tanto tiempo como sea posible. Porque él es, en efecto, el nuevo príncipe del oportunismo.

*Legionario: Integrante de la Legión Paraguaya, fuerza combatiente de los ejércitos aliados (Argentina, Brasil, Uruguay) en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se usa como sinónimo de traidor a la Patria.

*Publicado en la edición del miércoles 3 de abril de 2007 del diario La Nación.