Por Enrique Vargas Peña
El presidente Nicanor Duarte Frutos creyó conveniente dedicar unos veinte o treinta minutos de su valioso tiempo para defenderse de los resultados de una encuesta de percepción de la organización no gubernamental Transparencia Paraguay que indican que mucha gente cree que el suyo es el gobierno más corrupto de la historia paraguaya.
Coincido con el Presidente. Creo que hay datos suficientes acerca de que ha habido gobiernos mucho más corruptos y más desordenados que el suyo. Duarte Frutos recordó las gestiones de Wasmosy y de González Macchi.
Pero el Presidente se equivoca al pretender que la opinión pública perdone, por el hecho de que él es mejor administrador que Wasmosy y González Macchi, la larga serie de abusos que ha jalonado su gestión.
A mi modo de ver, el Presidente tiene mucha razón cuando recuerda que él ha sido un gerente más eficaz que sus antecesores y que los resultados están a la vista.
Sin embargo, creo que no logra ocultar que su eficacia no incluye el empeño por ser escrupuloso en el cumplimiento de la Constitución y las leyes o en el uso de los recursos públicos equivalente al que puso, por ejemplo, en aumentar las recaudaciones.
De hecho, una de las características esenciales de la gestión de Duarte Frutos ha sido su completa falta de escrúpulos a la hora de aprovechar el más mínimo resquicio de duda existente para lograr su propio beneficio.
Esto, que es evidente con su actual candidatura a senador o en la anterior a presidente del Partido Colorado, es más obvio en las binacionales que en ninguna otra faceta de su administración.
El Presidente logró, ciertamente, que ambas empresas destinen mucho más recursos que lo que habían hecho al Paraguay, pero en lugar de jugar el partido con el espíritu de la República y de la democracia, canalizando esos recursos por la vía institucional del Presupuesto, prefirió hacer con ellos beneficencia a su arbitrio.
Aun sin considerar que con esa plata se pueden estar cometiendo todas las irregularidades que denuncia la prensa, aun así, la beneficencia discrecional del Presidente es para su provecho personal, es para que los beneficiarios señalen lo bondadoso que es Duarte Frutos.
Es una forma de proselitismo.Hay una grave consecuencia institucional de esto, sobre la que no voy a referirme aquí, que es la instauración de facto del principio monárquico de la irresponsabilidad del Poder Ejecutivo.
La consecuencia en la opinión pública es esa percepción general de profunda descomposición moral que se respira y se siente: El gobierno no es un ejemplo moral, no hay referencias morales y la mecánica social no premia, sino que castiga, la conducta moral.
No sé si en eso Nicanor Duarte Frutos puede mostrarse tan diferente a Wasmosy y a González Macchi.
Hubiera sido muy interesante escuchar al Presidente hablando sobre la descomposición moral que su falta de escrúpulos alienta y estimula en vez de hablar sobre un aumento de recaudaciones que todos le reconocemos, pero que es completamente insuficiente para superar nuestra crisis.
*Publicado en La Nación de Asunción el 7 de noviembre de 2007
miércoles 7 de noviembre de 2007
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3 comentarios:
Visite el blog de la huelga en el Poder Judicial:
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y déjenos sus comentarios.
Sólo él (el homúnculo) junto con sus secuaces sienten el aumento de recaudación, por qué será?... OMG!! I don`t know!! o_O [Que se vaya a versearle a alguien que viva en la galaxia de barnard, osea, bien lejos!]
Y, por cierto, el comentario al mío anterior me esta motivando incontrolablemente ha crear un super blog titulado 'La Huelga Judicial me Fastidió la Vida. Shit!.
(:
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