domingo 14 de octubre de 2007

Veo fantasmas*

Por Enrique Vargas Peña

Un fantasma recorre América, una figura que impresiona nuestras fantasías. Es la imagen de Hugo Chávez, emulando a aquel otro, al fantasma del comunismo, que desde 1848 recorrió Europa y que, como este en aquel entonces, cautiva a millones en la región, entre ellos a Fernando Lugo, quien predica el "socialismo del siglo XXI" a quien quiera escucharlo.

Esto no es una visión quimérica, como la que se da en los sueños o en las figuraciones de la imaginación.

El discurso que Lugo pronunció en el Foro sobre el Socialismo del Siglo XXI de Quito el 25 de agosto pasado no es un invento de los enemigos del candidato opositor.

Lugo lo pensó, él lo escribió y él lo admitió cuando fue publicado.

Tampoco fue una ensoñación la violación del acuerdo opositor del 5 de febrero pasado con el fin de evitar una competencia democrática entre los distintos aspirantes a una candidatura presidencial opositora unificada, ni fue una figuración de la imaginación la afirmación de Lugo de que no hay que ser esclavo de la ley para justificar la violación del pacto firmado.

Lugo adquirió así, dando esos pasos muy concretos, los rasgos de José Félix Estigarribia, el general muerto en 1940, que en 1939 había sido presentado por los dirigentes del Partido Liberal como su salvación para mantener el poder.

De repente se nos apareció de nuevo a los que vivimos hoy y ahora una persona diciendo que los procedimientos legales son, en realidad, obstáculos que nos impiden alcanzar el objetivo que buscamos.

Y eso espanta.

Estoy asustado. Me asusta el brote autoritario, me asusta la gente que piensa, como Nicanor Duarte Frutos, que los límites que se oponen al ejercicio del poder son otras tantas barreras a ser derribadas, como si el absolutismo no hubiera ocurrido y como si no hubiera producido los daños que produjo; como si la concentración del poder no se hubiera estudiado y como si no se supiera que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente.

Me asustan los que olvidan la pesadilla autoritaria paraguaya y los que perdonan o alaban la pesadilla autoritaria cubana. Y más me asustan los que alientan la pesadilla autoritaria venezolana.

Me asustan los que quieren reemplazar la democracia burguesa, como lo dice abiertamente Camilo Soares, secretario general del P-MAS, principal aliado político de Fernando Lugo. Los que quieren restablecer el autoritarismo presumen saber más que cada uno de nosotros lo que necesitamos. Tienen la vana gloria de creerse más capacitados que nosotros, el pueblo, y, por tanto, con derecho a dirigirnos como a ovejas.

El triunfo fórmula Lugo-PLRA, más que posible es inminente. El país está cansado, con razón, de tanto robo, de tanta ineptitud, de tanta mala fe, de tanta mentira. Nunca se mintió tanto desde el gobierno como ahora, nunca, nunca, nunca, hubo tanta mala fe en la administración de la República, tanta falta de escrúpulos.

El país está harto y va a votar por el cambio.

Lugo existe. Su discurso en Quito es verdadero. Su amistad con Correa es real. Su militancia en el socialismo del siglo XXI está asumida. Sus apoyos en los sectores que son enemigos declarados de la democracia burguesa son públicos y notorios, como lo son los que tienen en los sectores que abogan por los modelos autoritarios de Venezuela y Cuba. Su aprobación a la violación oportunista de acuerdos no fue inventada.

Veo fantasmas, claro que sí, fantasmas tan atemorizantes como aquel del comunismo, cuya espeluznante realidad de campos de concentración, pobreza y opresión quedó expuesta recién en 1989, cuando, tras tres generaciones de dolor, derribaron los infames muros que lo disfrazaban.

*Publicado en La Nación de Asunción el 3 de octubre de 2007