martes 23 de octubre de 2007

El miedo a Magdaleno*

Por Enrique Vargas Peña

Cada vez que el público se entera de las acciones del diputado nicanorista Magdaleno Silva, crecen las posibilidades de triunfo de la oposición.

Estos últimos días, el célebre diputado agregó a la larga lista de fechorías que lleva realizadas la de haber ordenado, según confesión de Aldo Saldívar, director de operaciones de la secretaría de Emergencias, el desvío de la ayuda que esa entidad destinó a los afectados por la sequía y los incendios en la zona de Yby Yaú.

Ahora esa ayuda se reparte según una lista de beneficiarios aprobados por el legislador.

Vale recordar el día en que intentó impedir el funcionamiento de la Cámara de Diputados rompiendo una silla y dos micrófonos y cortando el suministro eléctrico al hemiciclo (esto último en calidad de acompañante de Víctor Bogado).

Magdaleno Silva es el rostro real del nicanorismo, la fuerza política que está impulsando la candidatura presidencial de Blanca Ovelar y lo es no solamente porque el diputado desayuna frecuentemente con el presidente Duarte Frutos, sino porque sus actos de barbarie han sido, todos sin excepción, respaldados por el primer mandatario y por los amigos de este en el Ministerio Público.

Magdaleno Silva sabe que puede actuar impunemente, del mismo modo en que Herman Goering sabía que podía actuar impunemente en los primeros meses del gobierno de Adolfo Hitler, en Alemania, allá por 1933.

El diputado Magdaleno Silva nos confirma a todos los paraguayos que sobre nuestro país impera un grupo para el que la Constitución no rige, una fuerza que tiene el poder de limitar nuestros derechos y nuestras propiedades según el arbitrio de su propia discreción o conveniencia y que a medida que crezca su poder, mayor será el daño que cause y el alcance del mismo.

Gracias a Magdaleno Silva cada vez más paraguayos toman conciencia de que nada hay peor que el oficialismo, desde que ningún régimen podría interferir en el funcionamiento de los órganos constitucionales más que este legislador; ninguno podría apoderarse del esfuerzo de todos para favorecer a unos pocos más que el diputado; ninguno podría menoscabar más nuestros derechos y nuestras posibilidades de progreso.

Y puestos a considerar si queremos más de lo mismo o experimentar algo distinto, aún cuando sea riesgoso, preferimos experimentar, pues con Magdaleno Silva tenemos una seguridad, una certeza: el desquicio moral que nos tiene atrapados continuará hasta aplastarnos.

Una sociedad no tiene por qué soportar indefinidamente el poder de una fuerza como el nicanorismo con la excusa de que la posible alternativa es igual.

En el peor de los casos, ya nos ocuparemos de castigar a los que vengan cuando cometan errores, pero lo que corresponde ahora es castigar a los que están, sacándolos del gobierno.

*Publicado en La Nación de Asunción el 24 de octubre de 2007

1 comentarios:

Prensa Libre Ya dijo...

Ahora, me dijeron, anda muy calladito. Mi familia sigue alla, desamparada, sin los documentos en mano, una pena, Magdaleno sigue insultando a quien se le antoja, aunque en un tono mas calmo, ojala se le haga un juicio al igual que a Nicanor. Gracias a Dios ocurrio tal cual yo le dije en Julio del año pasado desde Montevideo, la carta en cuestion esta publicada en mi blog.
Ellos me acusaron de mentiroso el tiempo y los Yby Yauenses me dieron la razon.