domingo 14 de octubre de 2007

Disyuntiva diabólica*

Por Enrique Vargas Peña

Hay una creencia muy extendida entre los dirigentes opositores y, a mi modo de ver, muy equivocada: la de que los males que sufrimos los paraguayos por el gobierno que padecemos se deben a una especie de maldad genética de los colorados.

Según esta creencia, hay venalidad, deshonestidad, corrupción e incompetencia porque los colorados son malos y, en consecuencia, si cambiamos a los colorados, todo mejorará y viviremos felices.

Ninguna evidencia de ninguna naturaleza avala la creencia de los opositores y, desde luego, es un punto de vista muy próximo a las tesis racistas que expone el cura Aldo Trento, quien sugirió días pasados que los paraguayos somos genéticamente inferiores a los europeos.

En cambio, hay demasiadas pruebas de que los gobiernos que estamos sufriendo no son malos por lo que creen los opositores sino porque se basan en una pésima estructura institucional, que es la que permite todo lo que nos aflige y perjudica.

Esta estructura institucional puede resumirse en una sola frase: demasiado espacio para la discrecionalidad en las instituciones públicas paraguayas y demasiado espacio para la irresponsabilidad.

La percepción equivocada de la oposición la conduce a formular remedios equivocados. Si los hombres de la oposición se mueven en el mismo esquema institucional que los colorados, producirán los mismos efectos y no otros.

Un grupo importante de la oposición, en el que se encuadran los máximos referentes del Partido Liberal Radical Auténtico y el ciudadano Fernando Lugo, resolvió impulsar la candidatura presidencial de este último rompiendo un acuerdo firmado el 5 de febrero de 2007 y sorteando, con cierta astucia muy mal entendida, las disposiciones legales que obligan a quienes quieran candidatarse a ganar el lugar en una competencia electoral interna.

Esto indica que Lugo y los liberales que le acompañan creen que no es necesario ser esclavos de la ley, que los pactos carecen de importancia, que los compromisos son válidos solo provisionalmente y que la participación popular en la integración del poder público puede ser restringida a conveniencia.

En síntesis, Lugo y los liberales que le acompañan han actuado exactamente de la misma manera en que Nicanor Duarte Frutos lo hizo en enero, febrero y marzo de 2006, minimizando el valor de la ley, retorciendo el significado de las palabras para obtener de ellas provecho personal y dando al pacto constitucional una validez relativa.

Hoy es el día, en efecto, en que ni Lugo ni esos liberales pueden explicar razonablemente en qué se diferencia lo que ellos hicieron para imponer la candidatura del primero de lo que hizo Nicanor, salvo que recurran al argumento de la diferencia genética mencionado al principio, cuyo corolario es que lo que los colorados hacen está mal, pero si ellos hacen exactamente lo mismo, entonces está bien.

Desde mi punto de vista pues, Lugo y sus compañeros pretenden trabajar en el mismo esquema institucional en que se mueven los colorados. Y sostengo que producirán los mismos efectos. Venalidad, deshonestidad, corrupción e incompetencia.

En síntesis, nos están imponiendo, a los paraguayos, una disyuntiva diabólica, la de elegir entre los males conocidos y los males por conocer, lo cual es triste, porque a nosotros, los ciudadanos de a pie, nos da exactamente igual que los ladrones sean colorados o luguistas, pues el resultado es y será niños sin educación, hospitales sin remedio, ancianos sin asilo.

*Publicado en La Nación de Asunción el 29 de agosto de 2007