Por Enrique Vargas Peña
El pasado jueves a la tarde entrevisté, en la 9.70 AM, al señor Frank O.Mora, académico norteamericano dedicado al estudio de las relaciones entre Estados Unidos y Paraguay quien vino a promocionar su libro "United States and Paraguay, Distant Allies" (Aliados Distantes).
Mora reconoció que la relación de Paraguay con su país es asimétrica, no por el tamaño de uno y otro, sino por la importancia que en uno y otro se concede a la misma: Estados Unidos no da importancia, salvo para declaraciones de embajada, a sus relaciones con Paraguay, en tanto que ennuestro país ellas han sido incluso eje del debate público.
En efecto, en Washington apenas se oye hablar de Paraguay y cuando elloocurre, es porque funcionarios de cuarto orden determinan, sin control, quéhacer.
Mora también admitió esto, sugiriendo que ni siquiera en la crisis de 1996las informaciones sobre lo que sucedía en Asunción fueron más que un breve párrafo en el reporte de situación que tiene en su escritorio el presidente de Estados Unidos.
En realidad, Washington actúa en Paraguay en concierto con Brasil, país enel que delega la atención de los problemas estratégicos que nuestro país pudiera generar. Esto, que todo el mundo sabe, lo terminé de entender en una cena durante la que estaba yo criticando la política brasileña en nuestro país solamente para estrellarme contra la defensa que de la misma hizo, para mi ingenua sorpresa, un conspicuo funcionario norteamericano.
Mora me confirmó esto y me recordó que en la crisis de 1999 lo que definió el derrocamiento de Raúl Cubas fue la llamada del presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso.
Estamos como Checoeslovaquia en 1948, abandonada por quienes ella creía sus amigos, cuando los líderes democráticos Edouard Benes (1884-1948) y Jan Masarik (1886-1948) se vieron ante la realidad de que simplemente no tenían con quién equilibrar el poder soviético.
En síntesis, frente al imperialismo brasileño los paraguayos estamos solos.
La rivalidad entre Brasil y Argentina, que posibilitó históricamente el mantenimiento de nuestra independencia, desapareció con el establecimiento de MERCOSUR; nosotros nada hemos construido para reemplazarla y en Estados Unidos no ven necesidad de actuar como nuevo factor equilibrante.
Y ese es nuestro problema, pues sin factor equilibrante, las cosas que nos importan se decidirán cada vez más en Brasilia y cada vez menos en Asunción.
La opción venezolana, que es la que está tratando de instrumentar Evo Morales en Bolivia por los mismos motivos, tiene la ventaja del interés manifiesto de Hugo Chávez por asumir el papel de contrapeso de Brasil, pero presenta el inconveniente del costo político que impone, que es la incorporación a un bloque cuya dirección dejaría a nuestro país un espacio no mucho mayor que el que ahora tenemos en MERCOSUR, para no mencionar el aliento a implementar reformas internas autoritarias.
En consecuencia, la mejor -aunque más difícil- opción, al menos la mejor para los que somos convencidos de la democracia, es trabajar por construir interés hacia Paraguay en Estados Unidos a pesar de que ese país tiene ahora prioridades en Irak, en Iran, en Rusia y en China.
martes 30 de octubre de 2007
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